Síguenos:

México: Otro rumbo es posible

México: Otro rumbo es posible

Publicado por Marcelo Ebrard el 24 de Marzo del 2014

¿Cómo desafiar 200 años de historia y hacer una nueva apuesta hacia el futuro? ¿Cómo cambiar la sombra del destino de México? Ya hace más de tres décadas dos proyectos se disputaron el modelo de desarrollo para el país. Después de tener un crecimiento de 6.5% promedio anual de los años 40 a finales de los 60, nuestro desarrollo estabilizador terminó, y las políticas estatistas de la década siguiente provocaron serios desequilibrios en las cuentas públicas. A principios de los años 80 había que optar entonces por un nuevo camino.

La agenda ideológica conservadora prevalecía en el mundo y en México se impuso un modelo que privilegió la acelerada integración global y el libre operar de las fuerzas del mercado. La otra opción polar, que proponía el logro de una integración económica nacional y la dependencia en un Estado interventor, se dejó de lado.

Las reformas estructurales de corte neoliberal fueron puestas en marcha, sin contar con una deliberación abierta o democrática. Se buscaba en principio equilibrar las finanzas públicas y frenar el déficit. Pare ello el gobierno sometió a la sociedad y a su aparato productivo a un drástico ajuste externo y fiscal.  Se buscó también  integrar a la economía del país a los circuitos internacionales del comercio. Liberalización, apertura, desregulación y privatización fue la concepción monolítica y agenda hegemónica adoptada a partir de 1982 para México.

20 años después de la entrada en vigor del TLC, el comercio con el exterior desempeña un importante papel en nuestra economía. El comercio bilateral con Estados Unidos se ha visto aumentado en más del 500% y con Canadá en casi 200%. Las exportaciones se han multiplicado por cuatro y el país sostiene una dinámica actividad manufacturera. Se han equilibrado las finanzas públicas y se ha reducido el crecimiento de la inflación.

Sin embargo, la ruta de derecha confeccionada para modernizar a México no ha logrado los resultados esperados. El error de concepción acabó estancando al país. Después de 30 años de reformas la población ha visto aniquiladas sus expectativas. Tres décadas desperdiciadas en las que el crecimiento del PIB per cápita es casi nulo, la recaudación fiscal es la más  baja de la OCDE y donde la inversión se ha reducido. Hoy los jóvenes no encuentran cabida en la educación  superior y la clases medias se han fraccionado. El poder económico está ahora más concentrado y la presencia del capital externo es mayor.

En la última década se tuvieron excedentes petroleros por más de un billón de pesos, pero no aumentó la inversión en Pemex, ni el gasto por estudiante. Vivimos en una economía oligopólica que nos reduce el 40% de nuestros ingresos, las patentes no crecen, la mitad de la población no cuenta con protección social, las instituciones públicas se han debilitado, el poder adquisitivo se ha reducido en un 75%, y la desigualdad y la pobreza son mayores que cuando se firmó el TLC, y por ello, una crisis de seguridad pública se ha asomado en nuestro país.

Claramente la respuesta ha sido equivocada. Retornar al modelo de los años 70 tampoco va a resolver el problema. La disputa ahora es otra. La construcción de un nuevo país está en juego y una agenda distinta se requiere. El actual gobierno pide reformas y más velocidad, pero presenta la misma senda errónea. ¿Dónde está la falla? México no ha logrado modificar su crisis de desigualdad y el precio que paga por ello es altísimo: el sistema económico es menos estable y eficiente, y por eso hay menos crecimiento.

Apostemos por una orientación progresista, otra dirección para el desarrollo, que tenga como prioridad nacional la equidad, las libertades y la disminución sustancial de la desigualdad, y con ello provocar el crecimiento sostenido, la inversión en nuestra sociedad, empleo, innovación, mercados competitivos y el bienestar de la población.

En el DF lo hicimos. Impulsamos un sistema de bienestar social, el espacio público, derechos humanos, movilidad sustentable, plan verde y un modelo social de seguridad pública. El saldo es evidente: el DF tiene los mejores indicadores en desarrollo humano, finanzas, transparencia, negocios, seguridad, educación y pobreza. Mientras el país se cayó, el DF ha subido.

Sí, otro rumbo es posible para México.

Facebook comments



Monthly newsletter featuring articles hand picked by our country managers from the best content across PanamericanWorld.



Monthly newsletter featuring articles hand picked by our country managers from the best content across the Caribbean Region on PanamericanWorld.