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Cuba debe revalorar su nueva Ley de inversión extranjera

Cuba debe revalorar su nueva Ley de inversión extranjera

Publicado por Leyden Figueredo el 13 de Abril del 2014

El proyecto de Ley para la Inversión Extranjera Directa (IED) en Cuba ha suscitado un enorme interés en la población cubana. Las condiciones económicas actuales apuntan hacia una necesidad de repensar la política vigente en materia de inversión extranjera y potenciar el acceso de Cuba a financiamiento externo, tecnologías y nuevos mercados.

La IED se tomó en cuenta por primera vez en la economía cubana cuando en 1982 se aprobó el Decreto Ley 50, que la autorizaba como un complemento  al esfuerzo inversionista del país y los proyectos que se venían desarrollando con las naciones socialistas europeas.

Luego, durante el conocido Periodo Especial cubano, se incrementó gradualmente la presencia de capital foráneo, primero en los sectores del turismo y la producción del petróleo, y posteriormente en la minería del níquel, las telecomunicaciones, la industria alimentaria y en  la comercialización de las exportaciones de tabaco y ron, entre otras.

De este modo creció la Ley IED, abarcando 403 negocios conjuntos, con un compromiso de inversión estimado en 5.200 millones de dólares. Estos acuerdos se fueron reduciendo por el vencimiento de los contratos, así como por incumplimiento de lo pactado y el desfavorable resultado económico de una parte de los proyectos, lo que llevó a que en 2010  se mantuvieran solo 206 acuerdos, con un compromiso estimado de inversión de 4.200 millones de dólares.

Esa realidad demuestra que aunque las asociaciones económicas con capital extranjero participan en el 40% del valor de las exportaciones del país, evidencian que su monto ha sido insuficiente en relación con las necesidades de inversión foránea, que estaban  estimadas en cientos de millones de dólares anuales para alcanzar tasas de crecimiento superiores al 6% a medio plazo.

Para dar un vuelco a esta situación se requiere emprender cambios estructurales indispensables en el modelo del funcionamiento económico  de la economía cubana que permitan superar los obstáculos; y esto  supone enfrentar solamente la coyuntura a corto plazo.

Por ejemplo, uno de los aspectos que llama más la atención a la población  es que esta nueva ley de Inversión extranjera directa no permite invertir en el sector del trabajo por cuenta propia o en iniciativas empresariales que provengan de personas naturales, cuando una de las mejores alternativas seria el permitir que dentro de la nueva Ley, fondos de inversión extranjeros pudieran invertir en empresas privadas.

Teniendo en cuenta que en Cuba más de 450.000 personas ya viven del trabajo por cuenta propia el hecho de que la Ley no contemple su participación se interpreta como una carencia de la misma. Y todo esto se debe a que la Ley no ha estado a disposición de todos y a que se efectuó sin un proceso de discusión entre las diversas entidades laborales o sociales.

Este aspecto, aunque no parezca importante, implica serias restricciones para el crecimiento económico de un país al cual le resulta  indispensable lograr flujos financieros externos necesarios.

Bien cierto es que no es posible ignorar la prolongada crisis económica internacional y la incertidumbre que ésta introduce. Es desconocido que la mayoría de los negocios privados en Cuba dependen de cubanos que residen en el extranjero y funcionan como inversionistas potenciales.

Inversionistas con limitaciones para la utilización de determinados  mecanismos de desarrollo en economía, tales como mercados financieros y bolsas de valores. También los instrumentos que se asocian a su funcionamiento pero con una visión futura hacia nuevos proyectos dentro de una cantera de posibles inversiones extranjeros en la economía cubana.

Pero para lograr esto hay que tener en cuenta un elemento de mucha importancia en la promoción de nuevos proyectos de inversión con capital extranjero: la flexibilización de la política fiscal y comercial del país, así como la mayor eficiencia del entorno de negocios.

Esto se visualiza claramente en lo referido a la modernización del sistema bancario y el llamado día Cero, día en que comercializaremos con una sola moneda.

A pesar de los obstáculos mencionados, la mayoría considera que existe una oportunidad para que Cuba pueda promover exitosamente la IED a las principales economías de la región latinoamericana como Argentina, Brasil, México; y también  hacia China, Vietnam, Canadá, y algunos países de Europa Occidental y Rusia.

No hay dudas de que la participación del capital extranjero en diferentes modalidades desempeñará un papel importante en el desarrollo del país y se espera que esta ley brinde mayores posibilidades.

Este es un tema no acabado y del mismo se ira conociendo poco a poco a medida que se vaya implementado la Ley IED, pero las mayores preocupaciones apuntan hoy hacia cuánto podría beneficiar la ley al desarrollo económico y social cubano y cuánto podría tributar a la construcción de un país con una economía  próspera y sostenible.

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