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América Economía: Los latinoamericanos en la Copa del Mundo

América Economía: Los latinoamericanos en la Copa del Mundo

Publicado por José Peralta el 02 de Julio del 2014

¿Alguien se acuerda de los estadios que no iban a estar listos, de la infraestructura que iba a colapsar, de los atochamientos de tránsito por la escasez de transporte público? Inmersos como están en las victorias y las derrotas del Mundial, los 3.000 millones de aficionados de todo el mundo que están siguiendo la Copa han olvidado por completo las apocalípticas predicciones de los días previos que advertían que los estadios no iban a estar listos, que la infraestructura iba a colapsar, que el transporte público no daría abasto y que podía haber una catástrofe por la escasa seguridad. Bastó el puntapié inicial para que se olvidaran los pronósticos agoreros, porque ninguno de ellos se cumplió. O casi ninguno. El despliegue de seguridad inicial fue impresionante: 57.000 efectivos de las Fuerzas Armadas y 100.000 policías federales. Y sin embargo, ellos no pudieron evitar que, en el primer partido que se jugó en el estadio de Maracaná, Argentina-Bosnia, un grupo de hinchas argentinos tratara de entrar sin pagar y terminaran causando disturbios en los alrededores del campo deportivo. Una semana después, la hinchada argentina se enfrentaba a grupos de aficionados brasileños en Belo Horizonte, antes de jugarse el partido Argentina-Irán.

Y los incidentes más comentados en lo que va corrido del Mundial se produjeron antes de iniciarse el partido en que la selección de Chile derrotaría a la española. Cerca de un centenar de hinchas chilenos volvieron a poner en evidencia las deficiencias de seguridad al invadir el Maracaná y arrasar con la sala de prensa del estadio, acción que terminó con más de 80 detenidos. "Es que la entradas (de reventa) estaban muy caras", explicó uno de ellos.

Brasil endureció las medidas de seguridad y aumentó sus efectivos en los campos de juego. En el siguiente partido que se jugó en Maracaná, por ejemplo, se agregaron 600 reclutas de la Policía Militar y se incrementó de 1.000 a 1.300 los agentes de seguridad privada que se repartieron dentro y fuera del estadio. El tránsito vehicular se cortó siete horas antes del partido -al comienzo habían sido cuatro horas- y se intensificó el registro personal de quienes entraban al estadio.

Es lamentable que los incidentes hayan dado tanto que hablar, porque en el Mundial lo que importa es el fútbol. Y América Latina hasta ahora se ha lucido. La región siempre ha sido un jugador global, por obra y gracia de Brasil -en el siglo pasado- y la Argentina. Pero ahora están mostrando personalidad ganadora equipos antes apocados, como el de Chile, que le ha ganado dos cero a España, el campeón mundial 2010. Pero también ha brillado Uruguay, que le ganó uno cero a Italia -a pesar del poco deportivo mordisco de Suárez-, y otro tanto han hecho México y Colombia. Y la gran inesperada, Costa Rica, que también derrotó a Italia por un gol a cero.

Celebrando los resultados están los países miembros de la Confederación de Fútbol de Norte y Centroamérica y el Caribe (Concacaf), que tiene cuatro países del hemisferio compitiendo por la Copa: Costa Rica, Estados Unidos, Honduras y México. Tres de esos cuatro países están clasificados o a punto de clasificar.

América Latina lo ha hecho bien, la verdad. Pero sería exagerado decir que hemos arribado, que todos -y no solo los brasileños- estamos jugando un fútbol de clase mundial, que en materia futbolística, por fin, hemos llegado al Primer Mundo.

Sería exagerado decirlo, prematuro. Pero sí es cierto que en muchos jugadores de los equipos latinoamericanos se percibe una actitud distinta, un temple nuevo, una seguridad en sí mismos que no se conocía. Salen a ganar. No se achican ante nadie. Incluso cuando van perdiendo no se amilanan, como demostró el equipo chileno frente a Holanda, en un partido que los sudamericanos terminaron perdiendo dos cero.

El fútbol latinoamericano, como un todo, ha comenzado a mostrar excelencia. Y esa excelencia dice que América Latina en alguna medida ha cambiado. Pero también -y más importante- dice que la gran mayoría de los jugadores de las selecciones de fútbol latinoamericanas han sido contratados por clubes europeos y juegan en ligas de clase mundial. Sus compañeros de equipo y sus entrenadores están entre los mejores del mundo.

Pero esta excelencia de los jugadores no ha contagiado a los hinchas latinoamericanos, como lo muestran los incidentes protagonizados por grupos de aficionados argentinos, colombianos, mexicanos, y especialmente los chilenos, cuya acción no sólo se produjo en Río de Janeiro. En Santiago, inmediatamente después de la victoria chilena contra España, los jubilosos hinchas salieron a las calles a apedrear buses. Unos 500 buses sufrieron daños, más de 40 choferes fueron agredidos y cuatro de ellos quedaron heridos de gravedad.

La opinión pública chilena condenó de inmediato a sus hinchas y, al mismo tiempo, los enajenó. "Ellos", los autores de los desmanes callejeros en el Maracaná y en Santiago, eran delincuentes, ladrones, mal nacidos. Todo lo contrario del colectivo "nosotros" que los condenaba.

De todas las cosas que analistas y comentaristas han dicho sobre los desmanes de los hincha chilenos, acaso la más acertada fue la que tuvo inicialmente el cónsul de Chile en Río de Janeiro. Refiriéndose a los que entraron como turba al estadio de Maracaná, para ver el partido Chile-España sin pagar entrada, el cónsul dijo que no habían cometido un delito, sino un error. Que se habían dejado llevar por la pasión.

Cometieron un error, un error que muchos otros chilenos -quizá la mayoría- también habrían cometido de haber estado allí. Pero celebrar el resultado de un partido de fútbol destruyendo buses o entrar a un estadio sin pagar entrada no sólo es un error. Es un delito.

También es la peor manera de honrar al equipo que ha dado la victoria. Los jugadores son compatriotas que mostraron disciplina, esfuerzo, espíritu de equipo, la decisión de ser los mejores. Es un orgullo ser sus compatriotas. Y da vergüenza ser compatriota de los hinchas que hacen desmanes. Por eso la primera reacción de los chilenos fue inmediatamente enajenar y aislar a los hinchas exaltados, culparlos a "ellos" de los disturbios, totalmente distintos de "nosotros".

Esa primera reacción también es un error y puede incluso ser peor que los desmanes de los culpables. Esa primera reacción, sin reflexión, condena a los chilenos a repetir una y otra vez el exabrupto de celebrar un triunfo deportivo con violencia. Sólo entendiendo que "ellos" también es "nosotros" se puede analizar esa conducta colectiva y tratar de cambiarla.

El ejemplo chileno fue el más notorio, pero también hay que mencionar los problemas con hinchas argentinos que entraron al Maracaná sin pagar, con hinchas brasileños, colombianos y mexicanos que se agarraron a puñetazos con grupos rivales.

Nuestros futbolistas son del Primer Mundo y nuestros hinchas del Tercero. Esa es la imagen de América Latina que proyecta la región en la Copa Mundial. Cuando decidimos hacer algo bien, lo logramos, pero no hemos sidos capaces de un cambio estructural. Somos competentes y competitivos en algunas áreas, pero nuestra marca país todavía está muy lejos de ser digna de confianza. Algunos países de la región, como México y Chile, han entrado a la OCDE y tienen un ingreso per cápita cercano al de los países ricos. Quizá el problema es que somos nuevos ricos: desarrollados en lo económico y subdesarrollados en todo lo demás.

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