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Viaje al mundo perdido del monte Roraima

Viaje al mundo perdido del monte Roraima

Publicado por PanamericanWorld el 09 de Marzo del 2017

El monte Roraima, en Venezuela, es una de las formaciones geológicas más antiguas del planeta –originarias de la era Precámbrica, con aproximadamente 2.000 millones años de existencia–, cuya superficie ha permanecido aislada del resto del territorio y ha dado origen a ecosistemas únicos que forman un espectáculo visual que ha cautivado a científicos y curiosos de todo el mundo.

A pesar de la crisis política que enfrenta Venezuela, en algunos sectores trabajan para que sus principales atractivos turísticos se mantengan aislados de los problemas sociales y gubernamentales. Bien vale la pena emprender este, uno de los viajes más estremecedores y enigmáticos que se pueden hacer en Suramérica: el ascenso al monte Roraima.

De hecho, existen excursiones que ofrecen todo lo necesario para que los turistas tengan una experiencia completamente satisfactoria, ajena a la problemática sociopolítica que vive el país.

Roraima es el más alto de los numerosos tepuyes del sur de Venezuela, en el Escudo Guayanés. Estas son altas montañas de piedra, con paredes verticales y cimas planas, cuyo singular paisaje ha servido de inspiración a grandes clásicos de la literatura y el cine como The Lost World, del escritor escocés Arthur Conan Doyle, y Up, la famosa película animada de Disney y Pixar.

Para conocer este destino hay que emprender una aventura de al menos siete días que inician en La Gran Sabana, una zona de sorprendentes paisajes y situada en el extremo oriental del Parque Nacional Canaima, el de mayor importancia en Venezuela y el segundo más grande del país, declarado en 1994 patrimonio mundial por la Unesco. Es el mismo parque donde se encuentra el Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo.

Para conocer este destino hay que emprender una aventura de al menos siete días. Tras pasar por San Francisco de Yuruaní, hay que trasladarse hasta la comunidad indígena paraitepuy y registrarse ante el Instituto Nacional de Parques. Con la imponencia del Kukenán y el Roraima, los dos tepuyes que acaparan la vista, se da inicio a la caminata. La sorpresa se convierte en una compañía constante.

Durante el primer día, el recorrido toma unas cinco horas. Se llega a inmediaciones del río Tek, donde se puede disfrutar de la mejor vista del tepuy Kukenán.

El segundo día inicia con la travesía de dos ríos. Luego se emprende un constante ascenso hasta el campamento base. Probablemente este sea el tramo más extenso y agotador, pero la vista del Roraima anima la marcha de más de cinco horas.

Llegar a la cima del tepuy es la meta del tercer día, que inicia atravesando un denso bosque en el que pueden apreciarse las especies de plantas endémicas, como la Stegolepis guianensis, con una extraña flor anaranjada y amarilla en forma de estrella. Tras más de cuatro horas trepando enormes rocas, el tiempo parece detenerse al alcanzar la cima: la emoción estremece el cuerpo y el alma.

Es lo más parecido a conocer otro planeta. Hace falta abrigarse, pero hay que estar preparado para los radicales cambios del clima, que puede ir en minutos de sol radiante a lluvia torrenial.

Se instala el campamento en uno de los ‘hoteles’ –enormes cuevas que protegen del viento y la lluvia– y se prepara todo para explorar el Roraima durante día y medio. Uno de los atractivos más llamativos son Los Jacuzzi, unas pozas con fondo de cuarzo y agua muy fría.

Por la misma ruta se llega a La Ventana, un abismo abrumador, desde donde se comprende lo sorprendentemente alto que es el Roraima y donde se pueden contemplar las caídas de agua del Kukenán, al otro lado del precipicio.

También se puede subir hasta El Maverick, el punto más alto del tepuy, cerca de los 2.800 metros sobre el nivel del mar. Hay que detenerse a observar las formas de las erosionadas rocas; también, las especies endémicas –como la Drosera roraimae, planta que se alimenta de insectos–, y la Oreophrynella quelchii, una rana diminuta.

Una opción fantástica es contratar un vuelo en helicóptero para retornar desde la cima a Paraitepuy y así ahorrarse la caminata de regreso. Algunos turistas prefieren volar de ida y bajar caminando. En cualquiera de los casos, la vista desde el aire es increíble y la adrenalina lleva la emoción a otro nivel.

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