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Saltos del Moconá, a la sombra de Iguazú

Saltos del Moconá, a la sombra de Iguazú

Publicado por Juan Gavasa el 16 de Marzo del 2015

Ir a Puerto Iguazú y no visitar las Cataratas del Iguazú, una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, puede ser “punible” para un turista, aunque la pena no haga peligrar su libertad.

Pero, ya que se está ahí y la visita a las Cataratas demanda dos o tres días, se puede aprovechar para conocer otros destinos misioneros, que bien valen la pena descubrir.

Uno de ellos son los Saltos de Moconá, sobre el río Uruguay. Para llegar, hay que viajar unas 3,30 horas desde Puerto Iguazú, por rutas asfaltadas, hasta El Soberbio (334 kilómetros) y, desde allí, unos 70 kilómetros más hasta la Reserva Provincial Moconá.

El viaje, atraviesa las cuchillas misioneras, por la emblemática tierra colorada, campos cultivados, pequeños poblados y, más adelante, se descubren las primeras señales de la selva paranaense para después quedar inmersos, en ella. Esa ya es una experiencia inolvidable.

En determinado momento, un cartel de madera sobre el costado de la ruta, anuncia el “Refugio Moconá” y allí comienza otra experiencia, más fuerte, más intensa, casi mística. Y si el lector lo permite, tomamos la licencia de decir que uno siente, en las sombras que van tomando el camino, que en cualquier momento se cruzará un misionero jesuita, rodeado de aborígenes, como en la película La Misión.

En realidad, el camino de tierra serpentea entre la tupida selva hasta que, de improviso, se abre un gran parque y a la vista de los visitantes aparece el Moconá Virgin Lodge, antes un refugio al que llegaban los aventureros en sus vehículos todo terreno (4X4) para conocer los saltos, hoy convertido en un lodge de selva, con todos los servicios (excepto señal de telefonía celular).

El antiguo refugio era algo muy precario, sólo un quincho para los vehículos, una cocina y un par de habitaciones con cuchetas. El lodge de hoy es una construcción con arquitectura integrada al entorno que se fusiona con la selva virgen y mantiene estrictas medidas de sustentabilidad.

Madera y mucho espacio abierto, para aprovechar la luz natural; generación propia de energía; huerta orgánica; un lobby y restaurante al ingresar, y 14 cabañas estratégicamente ubicadas dentro de la profusa selva paranaense, con un deck que rodea las habitaciones y permite vistas increíbles del bosque nativo y del cercano arroyo Yabotí y a las que se accede por pasarelas de madera, es un lugar que cautiva desde el primer momento.

Un detalle: en las habitaciones no hay televisores, no llega la señal de Internet y, como ya se dijo, no hay señal de telefonía celular. No queda otra que dejarse atrapar por la naturaleza, admirarla, disfrutarla, llevarse las mejores fotos y los recuerdos más imborrables.

Capricho natural

Los Saltos del Moconá son distintos a las cataratas, ya que la caída de agua no se produce en forma transversal al curso del río sino que son longitudinales, es decir, el agua del Uruguay cae sobre el mismo río.

Producto de una falla geológica, el lecho de piedra del río forma una especie de escalón de unos tres kilómetros de largo y que, según el nivel de las aguas, puede tener una caída máxima de alrededor de 10 metros.

El espectáculo, visto desde una lancha en el curso mismo del río, es admirable y abrumador. La aproximación desde el agua, a cargo de expertos pilotos y guías, permite observar el fenómeno en toda su intensidad.

Pero, es necesario y leal advertirlo, los saltos están sujetos a los caprichos de la naturaleza, ya que cuando el nivel del río Uruguay desciende, los saltos desaparecen. Entonces, es posible que el viajero se quede sin la foto y sin la experiencia de verlos de frente, ante sus ojos.

Otras opciones

Si hizo el viaje, llegó hasta ahí y no pudo ver los Saltos del Moconá porque estos estaban “franco”, no desespere, no se termina el mundo.

Hay otras actividades, desde las que le brindan la paz de caminar entre la vegetación de la selva en la Reserva de Biosfera de Yabotí, donde se respira la naturaleza en su estado más puro. 

Los guías de Moconá Lodge lo llevarán por senderos increíbles en los que, si la suerte lo acompaña, podrá ver alguno de los representantes de la fauna local. Si acierta a descubrir un tapir o un yaguareté, se llevará el premio mayor.

También lo harán cruzar por puentes colgantes; lo instruirán y le darán los equipos para hacer tirolesa sobre la selva o rappel en el salto Horacio, sobre el arroyo Oveja Negra; le proveerán los gomones para hacer tubbing o los kayak, por el arroyo Yabotí. o lo harán sentir Guillermo Tell en su área de arquería.

Después de tanta actividad y adrenalina, el almuerzo y la cena le harán sentir otras sensaciones más “terrenales” y sensoriales.

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