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El Salón de la Fama del béisbol cubano se reinventa para combatir la desmemoria

El Salón de la Fama del béisbol cubano se reinventa para combatir la desmemoria

Publicado por Miguel Ernesto el 17 de Noviembre del 2014

Durante más de medio siglo los fanáticos del béisbol en Cuba esperaron, con paciente impaciencia, por tener nuevamente activo un Salón de la Fama, en el que estuvieran los nombres de todos aquellos grandes peloteros que han brillado, en los más diversos escenarios, durante casi un siglo y medio. Esa aspiración parecía que tardaría en concretarse; sin embargo, el empeño de un grupo de periodistas, historiadores, peloteros retirados y de las autoridades permitió refundar un espacio imprescindible para recuperar la historia del principal pasatiempo deportivo en el país.

Cuenta la leyenda que Abner Doubleday, considerado un héroe de la Guerra de Secesión, inventó el béisbol en Cooperstown y por eso se erigió allí, a mediados de los años treinta del siglo pasado, el Salón de la Fama del béisbol de las Grandes Ligas.

En 1936 fueron elegidos los cinco primeros miembros de este sitio; aunque el lugar solo fue inaugurado en 1939. La primera exaltación se realizó el 12 de junio de 1939 e incluyó a ídolos como Babe Ruth, Ty Cobb, Christy Matthewson, Walter Johnson y Honus Wagner, además de otros 21 peloteros.

Cuba es la nación latinoamericana con mayor cantidad de representantes en Cooperstown, con cuatro peloteros; tres de ellos fueron seleccionados por sus actuaciones en las Ligas Negras estadounidenses: Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez y Cristóbal Torriente; mientras el otro, Atanasio “Tany” Pérez, brilló en las Grandes Ligas. Además, en el Salón está Rafael “Felo” Ramírez, uno de los narradores deportivos latinoamericanos más destacados de todos los tiempos.

Apenas un mes después de que quedara oficialmente abierto el Salón en Cooperstown, la Liga profesional cubana—que tenía vínculos muy estrechos con el béisbol organizado estadounidense—decidió formar su propio Salón. Este nunca tuvo una sede específica, sino que en una pared aledaña a las gradas del estadio La Tropical—que fue la principal instalación del béisbol en Cuba después de que desapareciera el Almendares Park y hasta la edificación del Gran Stadium del Cerro—se colocó una tarja de bronce, en la que podía leerse:

HALL DE LA FAMA DEL BASE-BALL PROFESIONAL DE CUBA.
Relación de los players que han sido seleccionados como INMORTALES DEL BASE-BALL y que han merecido este justo reconocimiento por su destacada labor manteniendo un imperecedero recuerdo de lo que fuera este deporte.”

La Comisión encargada de efectuar la primera selección al Salón cubano eligió a diez peloteros. Ellos fueron: Luis Bustamante, José de la Caridad Méndez; Antonio Márquez García, Gervasio González; Armando Marsans, Valentín Sirique González; Rafael Almeida; Cristóbal Torriente; Adolfo Luján y Carlos Bebé Royer.

Año tras año, la Comisión adicionaba nombres a la tarja. La tradición se mantuvo hasta 1961 y desapareció con el fin del profesionalismo en el deporte cubano. Así también terminó, inexplicablemente, la idea de recoger en un sitio a los peloteros más destacados. En total fueron exaltados 68 jugadores. La tarja fue arrancada del vetusto estadio y el Salón cayó en el olvido.

En las siguientes décadas varias personalidades se pronunciaron por construir un verdadero Salón, con cabida para todos. Las principales discusiones estaban centradas en cuál sería el lugar ideal para el sitio. Las opiniones se dividían entre el Palmar de Junco, en Matanzas, el estadio donde se jugó por primera vez un partido que tuvo constancia en la prensa, el 27 de diciembre de 1874, y el estadio “Latinoamericano”, en La Habana. Nunca hubo consenso, ni tampoco apareció el financiamiento para erigir el Salón.

No obstante, muchos persistieron en el empeño. Finalmente, en 2014, destacados periodistas, historiadores, estadísticos y ex jugadores, liderados por el cineasta Ian Padrón, lograron conformar un grupo que tenía un nombre ciertamente curioso: “Entusiastas por la Refundación del Salón de la Fama”. De esta manera quisieron dejar claro, desde el principio, que se trataba de una “refundación”, es decir, una continuidad del creado en 1939.

Otro punto interesante de este Grupo era que su idea del lugar para el Salón difería por completo de las discusiones que existieron durante tanto tiempo. Ellos se pronunciaron por crear el Museo del Béisbol cubano, que incluyera al Salón de la Fama, en el centro “José Antonio Echevarría”, en La Habana, que fue antiguamente el Vedado Tennis Club, sede de una de las sociedades aristocráticas más famosas de Cuba.

El Grupo recibió el apoyo de la Federación cubana de béisbol y convocó a 100 especialistas de todo el país para el Coloquio Nacional: “Museo y Salón de la Fama del Béisbol Cubano: de la utopía a la realidad”. El resultado fue el esperado: la refundación del Salón, que tendrá 10 nuevos integrantes, elegidos por un tribunal.

De acuerdo con Ian Padrón, el paso que se había dado era “trascendental y de respeto al béisbol cubano y a su pueblo que, creo, son los mejores fanáticos del mundo. Se calcula que hay más de 20 mil peloteros que han hecho posible la historia del béisbol cubano y por eso la importancia de concretar esta idea.”

Un criterio similar defendió el historiador Félix Julio Alfonso, autor de varios libros sobre el béisbol como fenómeno sociocultural en Cuba. Para Alfonso, “la trascendencia de este momento es enorme. Se ha reparado una colosal injusticia  histórica de más de 54 años sin producirse una exaltación al Salón de la Fama del béisbol cubano y, además, tenemos una ambición mucho más grande, no se trata de exaltar peloteros, se trata de devolverle a Cuba un fragmento de aquellos que forma parte de lo intrínseco de la cubanía y lo vamos hacer con un gran Museo donde estará la galería de los Inmortales, donde habrá una biblioteca, un archivo, una videoteca, una sala de conferencias, un lugar donde los padres puedan llevar a sus hijos, los abuelos a sus nietos y donde los muchachos puedan  recibir clases de béisbol, que se convierta en un escenario cultural, porque la cultura es la guía de lo que estamos haciendo.”

En esta elección se tuvieron en cuenta cinco personalidades del béisbol con un gran impacto antes de 1962 (fecha en que se prohibió el profesionalismo en Cuba) y otros cinco peloteros que brillaron en las Series Nacionales. Los requisitos para ser elegibles eran, esencialmente, dos: haber jugado al menos 10 temporadas en Cuba o en las Grandes Ligas o la sumatoria de ambas y haberse retirado al menos cinco años atrás, este último un parámetro similar al que existe en las Mayores.

El total de exaltados en esta ocasión (10) fue el mismo que el de 1939, cuando comenzó a funcionar el Salón cubano; pero en los próximos años las selecciones disminuirán y, para ser exaltado, el pelotero deberá recibir, como mínimo, el 75% de los votos del tribunal.

Los cinco elegidos que sobresalieron entre 1864 y 1961 despertaron menos polémicas. Muchas de las estrellas, desde Martín Dihigo hasta Adolfo Luque, ya estaban exaltadas en la primera etapa del Salón, así que la elección de Conrado Marrero, Orestes “Minnie” Miñoso, Camilo Pascual, Esteban Bellán y el árbitro Amado Maestri fue aplaudida por la gran mayoría; aunque no pocos criticaron la ausencia de Atanasio “Tany” Pérez, miembro del Salón en Cooperstown.

Las críticas se centraron en los cinco peloteros del período de Series Nacionales, pues entrarán al Salón Omar Linares, Antonio Muñoz, Luis Giraldo Casanova, Braudilio Vinent y Orestes Kindelán. Quedó fuera en esta primera votación Antonio Pacheco, considerado el mejor defensor de la segunda base de las últimas cinco décadas en el béisbol cubano.

Pacheco decidió continuar recientemente su vida en Estados Unidos y esto puede haber pesado en la votación del tribunal. El hecho de que la política no influya en las elecciones para el Salón será determinante en su legitimidad, pues en el futuro podrán ser elegibles otros jugadores que terminaron su carrera en las Grandes Ligas, como Orlando “el Duque” Hernández y José Ariel Contreras.

Uno de los exaltados que recibió una mayor votación fue Omar Linares, recordado como el bateador más temible de la pelota cubana por casi 15 años. En una breve ceremonia de introducción—la oficial se producirá el 28 de diciembre, en el Juego de las Estrellas de la 54 edición de la Serie Nacional—, realizada en el estadio “Latinoamericano”, ante la mirada de los jugadores de la selección cubana que participarán en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Veracruz, Linares reconoció sentirse muy contento. “Verdaderamente no esperé este reconocimiento, no sabía que se iba a dar. Para mí es un orgullo y satisfacción que se halla protagonizado el Salón de la Fama, porque hace mucho tiempo tenía que haber ocurrido, existen muchos peloteros que merecen este reconocimiento.”

La refundación del Salón de la Fama del béisbol cubano ya es un hecho. Falta ahora que, con otras decisiones, se refirme la legitimidad y visibilidad de un sitio imperdible para entender el pasado y avizorar el futuro del deporte de las bolas y los strikes en este archipiélago del Caribe.

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