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Un relajado paseo por Rosario, junto al río Paraná

Un relajado paseo por Rosario, junto al río Paraná

Publicado por PanamericanWorld el 12 de Noviembre del 2015

Rosario es uno de los principales centros urbanos de Argentina,  por estar en una posición geográficamente estratégica. ¿Qué lugares no puedes perderte de esta amigable ciudad?

Uno de los primeros sitios a visitar es la sede del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (MACRO), que deja entrever apenas una idea vaga de los tesoros que guarda en siete de sus diez pisos: valiosas colecciones de obras creadas por pintores europeos entre los siglos XV y XX y por los más renombrados artistas plásticos argentinos.

Turismo ecológico y cultura

El ecoturismo –amablemente sugerido por la barranca costera, el río amarronado y el delta– y el turismo cultural convergen armoniosamente en este mojón ineludible de la expansiva urbe, ubicada en el sur de la provincia de Santa Fe. Cualquiera de los inspirados grabados de Goya o una magistral pieza de Antonio Berni condicen perfectamente con el paisaje natural y urbano que se cuela por las ventanas de las salas.

Mientras tanto, la silueta de otro gigante insoslayable posado sobre la costa empieza a desdibujarse hacia el sur. A la altura del Parque de España, el Monumento a la Bandera es ahora una estilizada figura más entre las sofisticadas torres del centro. Por estos días, los alcances de la serena atmósfera del paseo público –un refrescante mirador, que induce a dedicar un rato observando el puente a Victoria y las islas Castellanos y de la Invernada– sucumben en el Parque de las Colectividades, sacudido por el ambiente de bulliciosa alegría generado por la 31° edición del Encuentro y Fiesta Nacional de las Colectividades.

Hasta el 15 de noviembre, los atardeceres de esta porción de la costa rosarina afloran impregnados de la multiplicidad de colores, sabores, melodías y aromas desprendidos del bagaje cultural cuidado con celo por los descendientes de medio centenar de grupos inmigrantes. En realidad, todo el corredor ribereño de 8 kilómetros –desde el puerto hasta el balneario La Florida– es una fiesta a toda hora para los chicos, que, por si no les alcanzara, en el Jardín de los Niños cuentan con un programa que combina juegos con misterios, poesía y la sala de inventos Da Vinci.

Más lejos del río –aunque aquí el Paraná nunca termina de soltar la mano de los turistas y los vecinos–, aminoro la marcha del auto después de cruzar la avenida Pellegrini, hasta que –perplejo antes las elegantes mansiones de la década del 20 que engalanan las dos veredas del bulevar Oroño– sigo la marcha a pie. Son más de quince cuadras para el regodeo, en las que un puñado de bares modernos, árboles centenarios, bancos y pérgolas complementan la secuencia de detalles racionalistas y art decó que decoran las viviendas.

Variedad de estilos

La ciudad vibrante de la costanera reaparece con fuerza en la peatonal Córdoba. También aquí la vista se llena con los delicados diseños de diferentes estilos arquitectónicos de los siglos XIX y XX. El Paseo del Siglo revela rasgos renacentistas y neogóticos, fusionados con barroco francés, art nouveau y expresionismo alemán. Relucen las fachadas de la Bolsa de Comercio, la tienda La Favorita y el edificio Los Gobelinos. En pleno microcentro, los rosarinos supieron transformar en un seductor vergel el terreno donde en 1869 fue establecido el Pago de los Arroyos, más tarde bautizado Villa del Rosario. La primitiva cuadrícula donde la ciudad empezó a tomar forma como una promisoria aldea luce hoy los brillos de los senderos y canteros desbordados de flores de la plaza 25 de Mayo. Enfrente, sobre la puerta de madera de la Catedral, un vitral ilustra el primer izamiento de la bandera nacional sobre las desoladas barrancas, la audaz gesta que encabezó Manuel Belgrano en 1812.

El perfil más reconocido de Rosario y su gente se respira en el renovado salón del restaurante El Cairo. Para honrar la fama del lugar –años atrás, un clásico bar que frecuentaban Fontanarrosa y sus amigos–, deleito el paladar con un carlitos , un tostado de jamón y queso con ketchup tan rosarino como el genial escritor y dibujante, el capocómico Alberto Olmedo, el Che Guevara y los músicos Lito Nebbia, Juan Carlos Baglieto y Fito Páez.

Desde 1902, el Parque Independencia reproduce esa sugestiva mixtura de sitios clásicos y antiguos con perfumados espacios verdes. En los alrededores del estadio de Newell’s Old Boys se puede improvisar un romántico paseo que contemple una vuelta en bote por un lago, paradas en un puentecito y en el Rosedal para percibir los aromas de la naturaleza y una visita a los museos de Bellas Artes y de la Ciudad.

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