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La plaza más popular de Valparaíso

La plaza más popular de Valparaíso

Publicado por Juan Gavasa el 23 de Diciembre del 2014

La entonces Plaza de la Merced fue construida en 1906 en el barrio El Almendral, en el centro de Valparaíso, junto al Congreso Nacional. En 1926 se reinauguró (y rebautizó) a partir de la instalación de un monumento al político y militar chileno Bernardo O’Higgins, quien montando orgulloso sobre su corcel dio nombre a una de las plazas más populares del puerto de la ciudad chilena, la plaza O'Higgins.

El militar sigue hoy montado sobre su caballo de piedra y la plaza se ha convertido en una superviviente, a pesar de intervenciones estructurales y reformas municipales. Si a principios del siglo pasado este era el lugar donde paseaban las familias acomodadas, hoy se ha vuelto un reflejo de la fauna porteña, rodeada de expresiones culturales espontáneas, muchas veces vilipendiadas por las autoridades de la región, que las califican como inseguras y fuera de la legalidad. Una crítica que olvidada y deja de lado la identidad que la ciudadanía le ha impregnado a este lugar.

Los naipes

Desde las 9 de la mañana hasta el anochecer, casi 500 pensionistas porteños acuden a diario en la plaza para jugar a la brisca, ajedrez, damas y manos de naipes ingleses. Hace años que comenzaron este ritual, ocupando siempre el mismo rincón de la plaza, día tras día. Se puede caminar a su lado y ver como instalaron varias hileras de mesitas donde se sientan tardes enteras a beber café y jugar a las cartas. Algunos son huraños, callados, y otros muy risueños y habladores, despotricando entre risas de sus vecinos diputados y senadores del congreso. Cada año suelen ser entrevistados para revistas y documentales e incluso sus juegos de naipes llegan a ser considerados un espectáculo.

Las brillantinas

Cuando calienta el sol, al otro extremo de la plaza, travestis y transexuales se contornean en un escenario imaginario, con pelucas de colores y vestidos con brillantina. Los rodea un círculo de personas que se han parado a ver el espectáculo y contemplar a la estrella diaria, encaramada en sus tacones, moviéndose e interpretando con música estridente de fondo. Un cabaré al aire libre que también tiene su público, que aplaude y entrega propinas en agradecimiento. No faltan las polémicas de los que se ruborizan al considerarlos demasiado osados, pero el público habitual los premia llenando aforo en estas funciones improvisadas de lunes a domingo.

Café ambulante

Si el viajero desea sentirse parte de este micro mundo que es la plaza O’Higgins, debe probar el café instantáneo de los carritos, el mismo que toman los pensionistas en sus largas tardes de naipes. El precio acompaña, sobre todo a los turistas con frío y bajo presupuesto. Café, leche, chocolate, emparedados de jamón y queso, todo al momento y por menos de un euro, para ir a sentarse después a los bancos y escuchar la propuesta de los distintos cantantes populares que se instalan en alguna esquina de la plaza interpretando conocidas baladas cebolleras chilenas.

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