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Perdidos en las Bahamas

Perdidos en las Bahamas

Publicado por PanamericanWorld el 02 de Septiembre del 2015

Primera lección histórica sobre las Bahamas. El nombre se lo pusieron los mismísimos españoles (éste fue el primer sitio al que llegó Cristóbal Colón) por aquello de «baja mar», porque así les parecía el Caribe cuando ponían rumbo a la costa de Florida, a menos de 300 kilómetros. O viceversa. El caso es que este pedazo de paraíso tropical cuya capital es Nassau fue habitado al principio de los tiempos por los canívales lucayanos. No se independizó de Reino Unido hasta 1973.

La población de las Bahamas (más de 300.000 habitantes) luce una mezcolanza de raíces indígenas (de diferente tipo: amerindios, taínos, arawaks...), africanas, inglesas, caribeñas e incluso españolas. Y es que por aquí han pasado casi todos, incluidos los más cinematográficos bucaneros (con Barbanegra a la cabeza) que llegaron a proclamar la República de los Piratas. Es más, el primer Gobernador Real no fue otro que un ex pirata, Woodes Rogers.

En 1670, el rey Carlos II de Inglaterra cedió las Bahamas a seis nobles británicos. Lo primero que hicieron fue construir una fuerte y una ciudad, Nassau, en la actual isla de Nueva Providencia (antes, Eleuthera) y nombrada así en honor a William, príncipe de Orange y Nassau y sucedor del trono inglés. La arquitectura colonial que salpica las calles de Nassau es un reflejo de esa herencia, con trazos cuadriculados por los que deambulan coches (turísticos) de caballos y un museo dedicado a la esclavitud, de la que tanto supieron.

Llega el momento gastronomía isleña. A saber: hamburguesas, ensalada o sopa de caracolas, fish'n'grits o pescado fresco rebozado en una masa de harina conocida como Johnny Cake, gigantescas langostas cocinadas al vapor (o no; versiones hay mil)... Y de postre, helado de sopa amarga o pudin de guayaba, coco, mango o piña. La cerveza local, Kalik, no falta. Y mejor mezclada con agua de coco, unas gotas de leche y ginebra.

Después de pegarse un homenaje a golpe de gastronomía local y cócteles tropicales, llega la tumbona en la playa e inmortalizar el momento en todas y cada una de las redes sociales a las que uno esté ligado por los siglos de los siglos. No queda otra. Entre las mejores playas destaca, por ejemplo, la de Cabbage Beach, perfecta para practicar parapente o buceo con snorkel.

La lista de actividades ociosas en este paraíso sigue con talleres de elaboración artesanal de puros habanos (en el sibarita hotel Graycliff dicen que venden los mejores), un masaje a pie de playa o uno de tantos coloristas festivales que hunden sus raíces en los ancestros africanos de la mayoría de los habitantes de las Bahamas. A elegir...

La reina Victoria de Inglaterra fue la mandamás de este archipiélago de 24 islas habitadas, alrededor de 600 deshabitadas y unos dos mil pequeños atolones más, durante 64 años. No en vano, es el número de peldaños que recorre la Escalinata de la Reina (uno de los imprescindibles de Nassau) y también cuenta con su propia estatua (imagen superior) en Rawson Square, rodeada de edificios históricos en tonos rosados y pastel. Nada de improvisar otro estilo en el casco antiguo: está prohibido.

Las aguas que bañan las Bahamas, cristalinas como pocas, permiten la práctica de todo tipo de actividades acuáticas desde submarinismo a kayak, vela, surf, snorkeling... Basta pedir el deseo en la recepción del hotel o cualquiera de las muchas agencias desperdigas por las calles principales de Nassau para que esté hecho.

Los Jardines Ardastra funcionan como un centro de conservación de animales a la vez que zoológico. En pie desde 1937 gracias al empeño de un jamaicano, aunque luego pasó a manos bahamense. Ofrece cada día un espectáculo de flamencos, además de dar cobijo a más de 300 especies animales.

En las Bahamas celebran el Festival de la Piña, el del Marisco y el de la Música Caribeña. Pero nos quedamos con el del Junkanoo, que se celebra entre el 26 de diciembre y el 1 de enero. Una mezcla entre el Carnaval de Río de Janeiro o de Nueva Orleans donde las máscaras, los excéntricos trajes, el color y la música tradicional (goombay o ritmo en bantú) marcan la pauta. | Más información en la página web de www.bahamasturismo.es.

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