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La Paz, un reencuentro con la Ciudad Maravilla

La Paz, un reencuentro con la Ciudad Maravilla

Publicado por PanamericanWorld el 10 de Noviembre del 2015

No es fácil decidir qué visitar en La Paz. Las opciones son diversas y van desde las obras arquitectónicas del casco viejo, el tradicional barrio donde se venden trajes de bailes folklóricos, la llamada Calle de las Brujas, la historia de la urbe a través del museo y templo de San Francisco, un sobrevuelo desde el teleférico hasta la observación de 360 grados de la metrópoli en el mirador Killi Killi.

La ciudad tiene la virtud de cambiar de clima durante todo el día, lo que también es parte de su atracción. En el casco viejo es ineludible mencionar la Catedral Metropolitana, de estilo neoclásico, con elementos barrocos y una imponente fachada, inaugurada en 1932 y que, además, resguarda los restos del Mariscal Andrés de Santa Cruz, protector de la Confederación Perú-Boliviana.

Los visitantes se acercan a la puerta del Palacio de Gobierno para sacarse fotos con soldados del regimiento Colorados de Bolivia, quienes resguardan la infraestructura construida en 1845, inspirada en residencias del Renacimiento romano, con una combinación de los estilos dórico, jónico y corintio. A su derecha se encuentra el Palacio Legislativo, edificado a finales del siglo XIX en terrenos que habían pertenecido a la capilla de Nuestra Señora de Loreto.

En la calle Los Andes, ubicada en la zona 14 de Septiembre, grupos de estudiantes aguardan en las puertas de las tiendas, donde están alquilando disfraces para representar danzas folklóricas. Algunos se ponen sombreros de caporal o de chacarera, o montera de tinku. Durante casi todo el año, los bordadores se dedican a alquilar o vender disfraces para las fiestas del Gran Poder, la Entrada Universitaria, para las fiestas patronales y, principalmente, para los festivales en las unidades educativas.

De lo folklórico se pasa a lo misterioso, a la llamada Calle de las Brujas, un área conformada por el cruce de las vías Linares, Jiménez, Sagárnaga, Illampu y Santa Cruz. Los comercios exponen figuras pétreas tiwanakotas, platos y candelabros de barro, plantas medicinales, amuletos para la suerte y todo lo necesario para armar una mesa en honor de la Pachamama. Dentro de una de estas tiendas, Gregoria Acarapi ofrece toda clase de sahumerios, velas, perfumes, amuletos, imágenes de santos y sustancias que —asegura— ayudan a conseguir la felicidad.

Al ser un barrio turístico, al caminar por las calles adoquinadas y esotéricas, existen también ofertas de textiles, platería, cuadros y artesanías, como en la galería El Pueblito, que alberga —en una casona antigua— arte, música y gastronomía.

Esta experiencia mística se completa con la visita al Centro Cultural Museo de San Francisco, a través de un paseo por el viejo convento franciscano, la cripta donde se encuentran los restos de los protomártires paceños y la basílica hecha de piedra, elementos que ayudan a entender los primeros años de la hoyada paceña.

El itinerario señala el encuentro con la tecnología, estar unos minutos encima de la urbe y tener una vista panorámica y aérea de Sopocachi y la zona Sur, mediante las líneas Amarilla y Verde del teleférico. La sensación es de estar en una especie de submarino aéreo desde donde se observa el movimiento constante de una sociedad heterogénea, pujante y hospitalaria.

La jornada está a punto de concluir, el sol se apresta a esconderse por el oeste, hacia la ciudad de El Alto, mientras que detrás del Illimani comienza a aparecer la luna. El atardecer es ideal para ir hacia el mirador Killi Killi, en la zona Villa Pabón, desde donde se aprecia el paisaje de luces similar a una constelación galáctica.

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