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El Palacio de Bellas Artes festeja ocho décadas de arte y cultura

El Palacio de Bellas Artes festeja ocho décadas de arte y cultura

Publicado por Ricardo Vázquez el 30 de Septiembre del 2014

Luego de 30 años de ser el “elefante blanco”, por el tiempo que tardó su construcción, el Palacio de Bellas Artes se erigió como el máximo recinto cultural del país, un símbolo de modernidad, sede del arte nacional e internacional: “El nuevo templo de las musas, deslumbrante faro espiritual de la moderna vida de esta metrópoli”.

Su inauguración, un 29 de septiembre de hace 80 años, fue motivo de una fiesta nacional que convocó no sólo a artistas mexicanos como Dolores del Río, sino extranjeros como las actrices de Hollywood Elissa Landi, Jean Harlow y Joan Marsh; el cineasta y actor estadunidense Douglas Fairbanks, el productor de cine Joseph Schenk, la actriz canadiense Katherine De Mille y Luigi Luraschi, empresario de Estudios Paramount en EU.

La cita fue a las diez de la mañana, cuando las puertas del Palacio de Mármol se abrían por primera vez al público. En su interior se veían avances de las obras murales de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, que resaltaban entre el mármol negro de la escalera central y el rojo de las columnas.

El público que consiguió un boleto de acceso o invitación especial debió entrar por la puerta trasera, de Hidalgo, pues los cientos de personas que no lograron un pase obstruían el portón de  acero principal, mientras esperaban conocer el recinto que sustituyó al Teatro Nacional a petición de Porfirio Díaz en 1901.

Poco antes de las 11 de la mañana, el portón negro por fin se abrió para recibir al entonces presidente Abelardo L. Rodríguez, acompañado de Eduardo Vasconcelos, secretario de Educación Pública; Francisco Javier Gaxiola, secretario particular del Primer Magistrado, y Antonio Castro Leal, primer jefe del Departamento de Bellas Artes.

Solemne y sencilla fue la ceremonia, reportan las crónicas periodísticas de Excélsior. Inició, detallan, con la Orquesta Sinfónica Nacional y los Coros del Conservatorio Nacional de Música, que interpretaron el Himno Nacional. Enseguida, el Presidente ofreció un discurso, lo mismo que Castro Leal, y con escasas palabras se dio por inaugurado el Palacio que al final costó 25 millones de pesos.

“Hoy, 29 de septiembre de 1934, declaro inaugurado el Palacio de Bellas Artes, centro de divulgación cultural, uno de los puntos básicos del programa revolucionario”, exclamó el Presidente desde su palco, y de inmediato el estruendo de los aplausos y las bullas del público retumbaron en la Sala Principal, ataviada con un telón de 24 toneladas de peso sobre el cual se pintaron los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, encargado a la Casa Tiffany de Nueva York.

“La hermosa cortina de cristales que sirve como telón de boca del coliseo es de mosaico y cristal opalescentes, costando de un millón de piezas, perfectamente incombustibles”, se describe en las crónicas del día.

En su papel de maestro de ceremonia, el arquitecto Fernando Mariscal guió a la comitiva en un recorrido por las salas del entonces Museo de Artes Plásticas, Museo de Artes Populares e Industria, la Sala de Conferencias, Sala de Exposiciones Temporales, el restaurante y los pasillos revestidos de mármol.

Mientras el acto oficial engalanaba el interior del palacio, afuera la gente intercambiaba empujones con policías al tratar de mirar, al menos por los cristales, el interior del recinto, cuyo proyecto original debía terminarse en cuatro años y costar no más de cuatro millones 200 mil pesos. “No era un teatro de empresas particulares, no es un teatro de lucro y es bueno que nunca lo sea”, decía una de las personas que hacía bulto en la entrada.

Por la tarde se realizó la segunda parte del programa inaugural con el estreno del montaje de La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, con la primera actriz María Tereza Montoya. La primera semana se presentaron el Ballet de Montecarlo, el Ballet Ruso, la cantante francesa Ninon Valin y el pianista y compositor Rachmaninoff. Las entradas costaban entre dos y seis pesos.

Euforia popular

Los 30 años de retraso provocó euforia entre la población, cuando en marzo de 1934 se anunció que el palacio de 52 metros de altura y con diseño original del arquitecto Adamo Boari estaba terminado; entonces, las expectativas fueron muchas sobre qué artistas estrenarían el “faustuoso” escenario y, como paradoja, el anuncio de la programación por parte de las autoridades era a “cuentagotas”.

Quienes no esperaron fueron los anunciantes que tan pronto se supo la fecha de inauguración ocuparon un espacio en el periódico, lo mismo para ofrecer sus servicios de florería a domicilio que de restaurante. “Envíe cestas de bellas flores a los artistas que hoy inauguran el Teatro Nacional”, decía Madeleine Floristas; mientras a un costado se invitaba al café de Bellas Artes que abriría al mediodía.

Desde entonces, el Palacio de Mármol ha sido escenario de artistas de la talla de María Callas, quien debutó en mayo de 1950 con la ópera Aída; Luciano Pavarotti, en 1969; Plácido Domingo, en 1962, y el bailarín Rudolf Nuréyev.

En este magno recinto incluso se han ofrecido servicios funerarios como un máximo reconocimiento a Virginia Fábregas, María Félix, Diego Rivera, Frida Kahlo, Octavio Paz, Carlos Fuentes y, el más reciente, Gabriel García Márquez.

Según la historiadora Teresa del Conde, el PBA ha sido también el semillero de los acervos artísticos de los museos que le siguieron, como el de Arte Moderno o el Nacional de Arte que, en cierta medida, deben su colección al Palacio de Mármol.

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