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Omara Portuondo y Buena Vista Social Club en la Casa Blanca, otro puente del deshielo

Omara Portuondo y Buena Vista Social Club en la Casa Blanca, otro puente del deshielo

Publicado por PanamericanWorld el 16 de Octubre del 2015

“Cuba, qué linda es mi Cuba…”, seguía canturreando la octogenaria Omara Portuondo, con una amplia sonrisa y dando suaves palmas, mientras se alejaba lentamente por la avenida de la Casa Blanca cuando ya empezaba a caer la noche en este jueves otoñal en Washington. Pareciera que le costara despedirse del lugar donde, junto con sus compañeros del Buena Vista Social Club, acababa de hacer un poquito más de historia al convertirse en la primera artista asentada en Cuba que actúa en la residencia del presidente de Estados Unidos al menos en medio siglo.

Mientras Portuondo se retiraba, Barbarito Torres y Jesús Aguaje Ramos, otros dos de los cinco miembros originales de la mítica banda cubana que también tocaron este jueves en la casa del presidente que ha iniciado el deshielo con Cuba, Barack Obama, se preguntaban entre risas si les estaría permitido tomarse una foto posando frente a la Casa Blanca, o si el personal del mandatario los regañaría por la travesura.

Parecían haber olvidado que apenas una hora antes el propio Obama, acompañado por su vicepresidente, Joe Biden, les había saludado en persona y que hasta se retrató con los músicos que, con su actuación en el East Room de la residencia presidencial estadounidense, han contribuido un poco más al acercamiento entre Washington y La Habana iniciado ahora hace casi un año.

“Parece que no lo he tarjeteado [asimilado] todavía”, se reía Barbarito Torres tras la inédita presentación. Aunque aseguró que tocó de igual forma que cuando lo hace “en una carpa de un festival”, reconoció que ser parte del primer grupo de músicos cubanos que actúa en este lugar es algo que “nunca” llegó siquiera a imaginar. Y eso que, como el resto de los miembros originales del Buena Vista Social Club, Barbarito Torres (Matanzas, 1956) tiene edad suficiente para recordar al menos algo de la época en la que Cuba y Estados Unidos aún mantenían una relación que, con la llegada de Fidel Castro al poder, se enturbió durante más de 50 años.

De resquemores, tensiones y hostilidades no hubo rastro este jueves en la Casa Blanca que conquistaron a base de ritmo, sonrisas y buenas vibraciones los veteranos músicos cubanos.

Nada más subirse al improvisado escenario del East Room, la sala este de la Casa Blanca, Portuondo, Torres, Aguaje Ramos, junto con Eliades Ochoa y Manuel Guajiro Mirabal, los otros integrantes originales de la banda, se metieron en el bolsillo a los cientos de invitados a la gala con la que la Casa Blanca conmemoró este jueves el fin del Mes de la Herencia Hispana en todo el país.

Acompañados de Rolando Luna al piano, Pedro Pablo Gutiérrez al bajo, Andrés Coayo en la percusión y el Guajirito Mirabal como segunda trompeta, los veteranos músicos hicieron un breve recorrido por algunos de sus más sonados éxitos.

Sonaron entre las paredes de la Casa Blanca Chan Chan, Veinte Años, El Cuarto de Tula y Quizás, Quizás en una versión spanglish. Pocos se atrevieron a arrancarse a bailar, aunque algunos, como la directora de política interna de la Casa Blanca y asesora de Obama, Cecilia Muñoz, tarareó cada una de las canciones.

Al final, los 20 minutos de recital supieron a poco y fueron muchos los asistentes —entre los que se encontraba el flamante embajador cubano en Washington, José Ramón Cabañas, otro signo del progresivo deshielo— los que pidieron a gritos, y en español, “otra” canción más. No podía ser. La agenda estaba fijada de antemano y en pocos minutos le tocaba subir al escenario a Obama, quien fue el gran ausente del recital, aunque compensó su ausencia con el saludo personal a los músicos.

Aunque apenas ha pasado una década, lejos quedaba también en esta inusual velada de música la época en que desde esa misma Casa Blanca se había vetado la entrada de músicos cubanos como el ya fallecido integrante del Buena Vista Ibrahim Ferrer. Y quién le iba a decir a Barbarito Torres que acabaría tocando, años más tarde y con un presidente distinto en el poder, en este mismo lugar desde donde también partió la orden de negarle el visado para acudir a la gala de los premios Grammy para los que estaba nominado.

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