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Novalact, biotecnología chilena en el universo de las startups

Novalact, biotecnología chilena en el universo de las startups

Publicado por Juan Gavasa el 17 de Septiembre del 2014

Novalact es una startup de biotecnología centrada en la investigación y el desarrollo de un nuevo probiótico para reducir y eliminar los síntomas de intolerancia a la lactosa. La compañía chilena, que inició su andadura a principios de año, trabaja en la creación de un sencillo probiótico para dar una protección duradera contra los síntomas más comunes de la intolerancia a la lactosa, como dolores abdominales y distensión abdominal o en el peor de los casos, la diarrea y el vómito.

En un ecosistema protagonizado fundamentalmente por empresas vinculadas con la tecnología digital, Novalact es un actor muy interesante. Los ritmos de la investigación científica no guardan relación con los procesos naturales de aceleración de una startup tecnológica, y ahí reside precisamente una de sus singularidades. Otra es la irreverente juventud de sus fundadores: Leonardo Nunes Ricucci (24 años) acabó la carrera de Administración de Empresas en mayo, trabajó algunos meses para el grupo Latam Airlanes y en agosto decidió renunciar a la tranquilidad de una nómina fija para adentrarse en un proyecto que le hace “inmensamente feliz”. Novalact será una de las startups participantes en Latam Startup Conference en Santiago de Chile los días 26 y 27 de septiembre.

¿Cómo nació Novalact?

Empezó como una idea a principios de 2012. Dos amigos bioquímicos que luego fueron cofundadores conmigo estaban discutiendo ideas y se aproximaron a mí porque compartíamos el interés por la ciencia y la tecnología. Me propusieron participar en el proyecto y acepté por el interés de su idea y su calidad personal. Teníamos una visión común sobre la ciencia y la tecnología como un medio para mejorar la vida de las personas.

¿Qué pasó después?

Estudiamos cómo montar una startup. Ninguno teníamos conocimiento al respecto y leímos mucho y nos documentamos e informamos bien. Nos presentamos a un concurso convocado por la Universidad Católica de Chile; sólo teníamos una idea pero nos lanzamos y llegamos hasta las semifinales con una mención especial. Después de este episodio decidimos parar y regresar a la Universidad para acabar nuestros estudios. A principios de este año nos volvimos a reunir para analizar cómo convertir nuestra idea y nuestro proyecto en una empresa. Nos presentamos a la convocatoria de Startup Chile y trabajamos en un vídeo, un pitch, buscamos mentoría y apoyo científico para validar lo que queríamos crear. Logramos finalmente entrar en Startup Chile y fue cuando decidí dejar mi trabajo en Latam Airlines para volcarme con mis socios en Novalact.

¿Fue difícil renunciar a la tranquilidad de un sueldo fijo por la incertidumbre de una startup todavía por crear?

No y si. La decisión fue lo más simple porque yo no estaba muy feliz trabajando en área de negocio convencional. Veía ante mí un futuro demasiado gris y previsible, aunque lógicamente valoraba también el acierto o desacierto de renunciar a la estabilidad de una gran empresa. Ahora estamos en una fase en la que podemos destinar una parte de los fondos a sueldos pero en un futuro cercano vamos a tener necesidades mayores de capital y habrá que buscar esas nuevas aportaciones y sin duda surgirán incertidumbres… pero yo me lancé feliz a este proyecto porque era exactamente lo que quería hacer.

¿En qué fase está ahora la startup?

Estamos en una fase previa en la que estamos identificando científicamente el producto para asegurar el MVP (Minimun Viable Product). Para un desarrollo en el campo de la biotecnología los tiempos son mas amplios para pasar del previo al prototipo. Son aproximadamente unos 9 meses para hacer test en animales y después hay que trasladar las pruebas a seres humanos, lo que supondrá un plazo de entre dos y tres años.

Pero estos plazos son infinitamente más largos que los que necesita una startup de tecnología digital en fase de aceleración…

Los tiempos que nos da Startup Chile son muchos más cortos que los que necesitamos, seis meses. Las herramientas y contactos que nos ofrece nos han permitido crear un roadmap para saber qué poder hacer exactamente en el tiempo en el que vamos a estar bajo su paraguas. Es un periodo para hacer una validación comercial, hacer sondeos para saber si existe un mercado real, si podemos cuantificar la demanda social. Queremos abordar también temas legales (patentes, restricciones y regulaciones para consumo humano…). Se trata de una investigación previa validada por profesionales para que después de seis meses si nos acercamos a un inversor podamos garantizarle que nuestro proyecto está listo para andar solo.

¿Qué experiencia habéis tenido con otras startups similares a la vuestra?

Si algo hemos aprendido de sus consejos es que no nos tenemos que quedar estancado en la oficina. Hay que salir y preguntar, tener una experiencia empírica, validar el proyecto con asociaciones de gastroenterología, consultar a farmacéuticos… si no existe un mercado por satisfacer, si no hay gente dispuesta a pagar por ello, no hay valor en nuestro producto. Y eso sólo lo podemos saber en la calle.

¿Qué esperáis de vuestra participación en Latam Startup Conference?

Principalmente la mayor cantidad de redes de contactos posible, tanto para el presente como para el futuro, cuando ya estemos en una fase más avanzada de desarrollo. Somos conscientes de que muchos inversores pueden interesarse más en estos momentos en proyectos de rentabilidad más inmediata, caso que no es el nuestro. Pero puede que estén interesados en el futuro. Somos un equipo muy incipiente, somos jóvenes y energéticos y pase lo que pase, estamos convencidos de que la experiencia habrá sido un éxito.

¿Qué experiencias son las que más conocimiento os han reportado en este tiempo?

Todas las reuniones que hemos tenidos en los últimos meses con grandes laboratorios, empresas, fundaciones científicas o profesores han sido altamente beneficiosas. Todos han mostrado un apoyo absoluto pese que se suele decir que en Chile la gente no quiere arriesgar y no suele fiarse del otro. Nuestra experiencia en el ecosistema de biotecnología y bioemprendedores nos ha mostrado que existe una gran fraternidad. Y nosotros si dentro de algunos años podemos ayudar a jóvenes emprendedores seguro que lo haremos en la misma medida o incluso más de la que lo han hecho con  nosotros.

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