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Maravillas de Cusco, la ciudad de los incas

Maravillas de Cusco, la ciudad de los incas

Publicado por PanamericanWorld el 13 de Septiembre del 2018

Cusco, la ciudad de los incas, cuenta con no pocas maravillas arquitectónicas y culturales que la convierten en un lugar especial en la geografía peruana.

En esta interesante ciudad es posible disfrutar la gastronomía local, dejarse  consentir en los hoteles de lujo y caminar la ruta milenaria en el Valle Sagrado de los Incas, así como conocer  Sacsayhuamán, uno de los más grandes monumentos incas.

Una experiencia que no se puede perder es compartir un día con las comunidades indígenas locales. Los turistas son  recibidos por los amaru con cánticos y rituales. Tras recibir los atuendos tradicionales, preparan la pachamanca, un plato  de carne, cordero, pollo y queso andino que se cocina en la tierra, cubierto con hierbas aromáticas.

Luego se camina por la huerta y se hace un ritual con hojas de coca, agradeciendo a la naturaleza sus favores, y se  recogen hierbas para curar todo tipo de males del cuerpo y del alma, y matas con las que se tiñe la lana que luego se  esquila a una oveja.

Después de unos minutos de descanso, continúa el proceso para conseguir el hilo con el que se tejen los productos  artesanales.

En menos de 40 minutos está lista la comida con sabores fuertes y muy aromáticos que comparten por igual turistas y  anfitriones. Al despedirse, cada integrante de la comunidad abraza a quien llama su hermano, le desea que logre su lugar  en el mundo y la conexión con la Tierra y un sonoro añae (gracias).

Recorriendo huellas incas

Es tiempo de recorrer las calles angostas y empedradas del centro histórico, que se debe conocer a pie. Allí se funden  edificios coloniales con construcciones modernas que se levantan sobre cimientos de muros incas.

En las oficinas de turismo se puede comprar un boleto (40 dólares), que cubre la entrada a la  Catedral de Cusco, la iglesia de San Blas, el Museo de Historia Regional y los monumentos indígenas de Qenko, Pisac,  Ollantaytambo, Chinchero y Pachacutec.

Esa parte del viaje empieza en la colorida plaza de Armas, rodeada de iglesias, mercados y restaurantes. A unos pasos está  la catedral, joya de la época colonial (no permiten tomar fotos ni grabar) en la que se encuentran valiosas pinturas y se  puede observar un imponente altar de plata, además de conocer al Señor de los Temblores, patrono de Cusco.

En cada esquina encuentra uno infusiones de coca y una rica bebida caliente a base de quinua mezclada con manzana y  hierbas aromáticas. La muy dulce y tradicional Inca Kola también es una opción; se consigue por dos soles y es mejor  tomarla bien fría.

La siguiente parada es en el Museo Inca, que conserva objetos del poderoso imperio de América del  Sur, y una impresionante reconstrucción de una tumba de ese pueblo ancestral en la que se observan los ritos de la muerte  y la importancia de la ubicación del sol en esos momentos sagrados.

Muy cerca, subiendo por la avenida del Sol, está el Coricancha (Templo del Sol), el principal santuario inca en donde se  encuentran las piezas sagradas que sobrevivieron a la conquista española y que ahora están en el convento de Santo  Domingo.

Allí se pueden apreciar los muros construidos por los incas y las ventanas que eran pasadizos hacia otro mundo, siempre  alineadas con la salida del sol. Caminar por el Jardín Sagrado, a más de 3.300 metros de altura, es una experiencia casi  mística.

Cómo no, afuera lo estarán esperando docenas de vendedores que le darán a muy bajos precios llamas de llavero, maracas, té  de coca, pinturas, chullos (sombreros incas) y todo tipo de productos en lana y alpaca.

Naturaleza y cultura

A menos de una hora de Cusco está el Valle Sagrado, entre Pisac y Ollantaytambo. En el camino se observan grandes  montañas, surcos de tierra que están allí desde la época prehispánica y los restos de ‘pukaras’ o garitas desde las que  los guerreros incas vigilaban el valle.

Es preferible ir temprano; después de las 11 de la mañana hay demasiada gente y conviene tener un guía, para no perder  detalle de la historia de las construcciones.

Desde el sitio en el que se baja de los vehículos, se camina cerca de media hora en medio de lo que fue un templo de  oración de los incas y un cementerio alineado con la salida del sol.

La excursión incluye a Qenqo, en donde hay piedras perfectamente talladas sobre las que se practicaban sacrificios, un  patio con los tradicionales círculos incas labrados en el piso y lo que habría sido un intihuatana (observatorio  astronómico).

Luego de recorrer Cusco, cuya bandera es un arcoíris y en donde cada calle angosta con arcos es un pasadizo al futuro o al  pasado, ya está listo para seguir una nueva aventura en Machu Picchu.

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