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¿Qué le pasó a Messi?

¿Qué le pasó a Messi?

Publicado por Juan Gavasa el 19 de Julio del 2014

La segunda parte de “El Padrino” se llevó a cabo como consecuencia del éxito de la primera. Y la tercera tampoco fue por casualidad: Francis Ford Coppola se arruinó con el caro experimento en que se convirtió “Corazonada” y tuvo que volver a la saga de Mario Puzo para pagar deudas. Si a muchos no les pareció haber visto al mejor Messi en el Mundial será por algo. Se suele analizar el fútbol a partir de la actuación individual, pero se llegaría más hondo si se reflexionara sobre las decisiones que afectan al colectivo: todo viene de algún lado.

La primera premisa que hay que recordar es que Leo Messi se hizo grande cuando Pep Guardiola, y también Tito Vilanova, lo colocaron a veinte metros del arco contrario. Segundo: corre más o menos lo mismo ahora (8,15 kilómetros en el Mundial) que, por ejemplo, en la Champions de la temporada 2012-13 (8,22). Otras estadísticas muestran también que Leo recibió menos balones de sus compañeros en el último año, tanto en el Barcelona como en la Selección, que en los cinco años de Pep/Tito.Es bien sabido que Alejandro Sabella cambió la formación del equipo en Barranquilla, donde Argentina ganó a Colombia cuando más lo necesitaba y tras dar vuelta el marcador. Era noviembre del 2011 y desde entonces se prefirió el 4-3-3 con los tres nueves arriba (Higuaín, Kun Agüero, Messi). A partir de ahí, la Selección resolvió los partidos de clasificación para el Mundial con facilidad: incluidos un 4-0 contra Ecuador, un global 8-3 contra Paraguay, un 3-0 contra Uruguay, o un 1-2 contra Chile.

En Brasil, tras la primera parte contra Bosnia, un encuentro iniciado con cinco defensores, Sabella y Leo Messi tuvieron una conversación en el vestuario a la que se añadieron otros pesos pesado del equipo, y tras la cual se aceptó cambiar el sistema al habitual 4-3-3. Pero con cada lesión, Sabella fue tirando el equipo hacia atrás, dejándose llevar por su intuición y experiencia. Fueron entrando, Lavezzi, Biglia y Enzo Pérez, y desapareciendo Kun Agüero o Di María. Leo debía esperar el balón en la mitad de la cancha y, de paso, definir. El asunto le sonaba a la Pulga: con el Tata Martino, tras sus lesiones, Leo se tuvo que retrasar porque el concepto de juego había cambiado y favorecía la contra. Todo empezó a cambiar para él desde ese momento y empezaron a reproducirse los paseos por el campo que tan nerviosos pone a muchos, y que regresaron en el Mundial.

A 50 metros del arco contrario es muy complicado convertir. Si además el futbolista está rodeado de defensores, la lógica consecuencia del miedo que crea al rival, la labor se hace más ardua. Pero hay algo más en lo que no ha reparado nadie. El Barcelona elabora su preparación física a menudo en espacios reducidos, incluidos partidos cortos, para que jugadores como Leo no hagan recorridos largos en busca de las oportunidades de gol. El objetivo es que corra lo menos posible y que sea la pelota la que lo haga. En términos de condición física, las posiciones retrasadas requieren otro tipo de exigencia. Ni Xavi, ni Iniesta, ni Messi, ni Pedro tienen la capacidad física para defender a 50 metros del área y al mismo tiempo llegar con la pelota dominada para marcar en el arco contrario.

Para poder hacerlo hay que tener unos niveles de potencia aeróbica alta para trabajar más sobre el césped y recuperarse muy rápido. En el centro del campo, los esfuerzos son mayores y más repetidos que en la mediapunta o el ataque, donde hay más tiempo para recuperarse de esfuerzos explosivos. Después es necesario poder mantener la intensidad y la repetición, pero todo eso se ha de entrenar. Si no se tiene esa potencia aeróbica y si se juega muy retrasado, a los 50 minutos el jugador ya no puede aguantar. Además hay que añadir que en Brasil la humedad y temperatura altas necesitan de un nivel aeróbico incluso superior que en Europa. Demasiada conjura contra el cuerpo de Messi.

Añadan a todo ello que Leo lleva años trabajando en cada entrenamiento una serie de automatismos diferentes a los que demanda un equipo que juega a la contra, y queda claro que iba a ser difícil que se viera al mejor Messi. Los equipos de Sabella y Martino se han echado atrás para contraatacar y el físico de Messi no está hecho para ese tipo de esfuerzos: más de 45 minutos jugando así le destroza las piernas, y de ahí su insistencia en caminar durante los partidos. De hecho, sprints realizados al final de los encuentros ante Irán, Suiza, o Holanda sugieren que las fuerzas fueron reservadas para poder hacer daño cuando las defensas están más abiertas.

Podría haber estado más acertado. Seguramente podría haber hecho más cuando tenía el balón. Pero lo que no se puede decir es que Argentina trabajó para su lucimiento, o que se explotaron adecuadamente sus características. Las estrellas del Mundial fueron Mascherano, Zabaleta, Demichelis, Biglia. Y así se llegó a la final. Se sacrificó a Messi, a su potencial, en favor de un estilo determinado. Sabella volvió a ser Sabella a partir de cuartos de final y prefirió morir con sus ideas. Y casi gana el Mundial.

El año que viene Leo tiene un nuevo reto: el de combinar con Neymar y Luis Suárez. El club ha insistido en público y privado que se va a trabajar para que vuelva a ser el de antes. Será, ya lo han dicho todos, Zubizarreta (director deportivo), Bartomeu (presidente), Luis Enrique (DT), el eje del ataque del equipo. Y decir ataque quiere decir estructura colectiva. El estilo que Luis Enrique desea aplicar pasa por que la Pulga regrese a posiciones más cercanas al área, detrás de los otros dos delanteros, incluso si eso supone utilizar tres centrales y/o dos carrileros.

Por último, un apunte sobre los vómitos: se ha dicho a menudo que una especie de alivio de la presión (muchos jugadores sufren la misma reacción antes de los partidos), pero tiene también un origen físico. Hace años le descubrieron que su hiato no cierra bien y le sube el reflujo estomacal. Como consecuencia, el jugador tiene arcadas y expulsa flema. Se le han hecho pruebas pero nunca se ha considerado necesario ir más allá del uso de un antiácido, un bicarbonato antes de los partidos, aunque no siempre funcione.

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