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Incognitas del "Latin United"

Incognitas del "Latin United"

Publicado por Juan Gavasa el 16 de Septiembre del 2014

La expansiva Premier tiene un problema: el castellano comienza a ser asignatura obligatoria. El pasado fin de semana, las carcajadas de Cesc como intérprete inglés de Diego Costa o las risotadas incontenibles de Mata como traductor de Di María dieron fe de ello. El hispano brasileño y el argentino, elegidos los mejores de sus respectivos partidos, resultaban un engorro para la prensa local, tan acostumbrada a una Liga babélica como desafecta a cualquier compresión idiomática que no sea la propia. Tienen codos por delante. El multimillonario y renovado Manchester United llegó a alinear el domingo hasta siete hispanohablantes: los españoles De Gea, Mata y Ander Herrera, los argentinos Di María y Rojo, el ecuatoriano Valencia y el colombiano Falcao. Con ellos al frente, Van Gaal dio indicios de remontada tras su pésimo inicio del curso.

Resulta curioso que hasta un señor tan cartesiano como el técnico holandés haya sido capaz de evolucionar. Al ver al United ante el QPR (4-0) era inevitable rebobinar a sus tiempos en el Barça en sus dos etapas en el club azulgrana, entre 1997 y 2003. Pese a los títulos ganados, el choque cultural le supuso una barrera insalvable y por el Camp Nou se alistaron una legión de holandeses (Kluivert, los De Boer, Overmars, Bogarde, Reiziger, Hesp, Zenden, Cocu…) A Van Gaal no le cuadraba que un jugador español bebiera agua sin que él diera permiso o que Puyol no se cortara el pelo. Todo estaba en su libreta, un incunable en los Países Bajos de difícil transcripción en tierras de desenfado.

Con el paso de los años, el holandés se encuentra ahora al frente de un histórico como el United, que la pasada temporada se arrastró por el lodo, necesitado de una transición con lo que no dio. El remedio, el vivero latino, jugadores con otra chispa, menos robóticos. A la primera, frente al QPR, Di María encandiló a los suyos y fue despedido como un mesías, como corresponde a quien no duda en colgarse el 7, el evocador dorsal de George Best, Eric Cantona, David Beckham, y Cristiano Ronaldo. Con todo, al Fideo le queda trecho, mucho trecho. Para que sepa con quién se la juega, Van Gaal se apresuró a rebajar los piropos: “De alguien que mete un gol y concede otros tres no se puede decir que haya jugado mal, pero Di María también perdió más de una pelota de forma innecesaria”. Lo dijo en inglés, quizá Mata se lo ahorrara al albiceleste.

Di María abrió el marcador con uno de esos goles de tufillo involuntario. Desde el lateral derecho del medio campo del QPR, lanzó una falta lateral de la que la pelota salió enroscada como un plátano. Nadie remató, nadie despejó. Y todos despistaron al portero visitante. Tampoco su asistencia a Mata en el cuarto gol fue a conciencia. Al Fideo le salió pifiado un remate al área y el destino le hizo un guiño: el balón cambió de ruta y atajó hacia el español. Antes ya habían anotado el capitán, Rooney, esta vez tras un servicio adrede de Di María, y otro latino, Ander Herrera. A la fiesta del Latin United casi se suma Falcao, suplente de entrada. La tuvo a sus pies tras un despeje del portero rival al que fue como un Tigre, pero Rob Green se interpuso. De River a Mónaco, pasando por Oporto y Madrid, a Falcao nunca se le demoró mucho su estreno goleador. En Old Trafford, salvo embrujo, estará al caer.

La hispanidad del United abre varias incertidumbres y todas de calado. ¿Los latinos serán capaces de arraigar en un club tan costumbrista como este? ¿Podrá Van Gaal contenerse cuando alguno de ellos se salga de su manual? ¿Podrá el Manchester, tan permeable en el mercado anglosajón, abrirse paso en el bazar americano?

Hay más. De alguna manera, el Manchester United medirá al Real Madrid, y no solo al competir en las cuestiones del supermercado al otro lado del Atlántico. También hay otras cuentas pendientes, como los envites particulares entre los 80 millones de James —que busca acomodo táctico— y los 80 de Di María —un titularísimo—, y las cesiones de Chicharito —suplente habitual— y Falcao —reserva circunstancial—. El mexicano llegó a Madrid desde Manchester pese a las piruetas del intermediario Jorge Mendes porque el colombiano ocupara su lugar en Chamartín. En los puentes colombianos del Madrid ya estaba James.

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