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La Habana Vieja al desnudo

La Habana Vieja al desnudo

Publicado por Miguel Ernesto el 03 de Marzo del 2016

La Habana tiene varios símbolos, pero, probablemente, uno de sus más reconocibles sea El Capitolio Nacional, construido con apariencia similar al de Washington. Esta enorme edificación, inaugurada en 1929, lleva casi seis años cerrada al público. Una millonaria inversión pretende devolver al imponente sitio sus glorias de antaño y, como dicen que la historia es cíclica, allí volverá a estar, como sucedió hasta 1959, el Parlamento cubano.

Caminar frente al Capitolio hoy puede ser una gran odisea. Hay polvo, el ruido es ensordecedor en algunas ocasiones, las calles están perforadas y, cada día, decenas de obreros trabajan aceleradamente para colocar nuevas tuberías de agua y terminar el paseo, en el que ya pueden verse enormes palmas reales, el árbol nacional de Cuba.

Aunque el paisaje parezca un terreno de guerra, los turistas no cesan de tomar fotos de un Capitolio que, poco a poco, comienza a tomar forma. La orden recibida por los restauradores, de parte de la Oficina del Historiador de La Habana, dirigida por el Dr. Eusebio Leal, fue terminante: no puede alterarse nada de la edificación original, así que los ingenieros han tenido que buscar ideas novedosas para colocar equipos de refrigeración sin que estos sean visibles.

Todavía el Capitolio no tiene fecha de terminación. Fueron varias décadas sin una restauración completa y el tiempo y la desidia dañaron seriamente al icónico edificio. Una vez esté totalmente abierto el recinto, además de acoger a la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), mantendrá su función museográfica, por lo que estarán permitidas –y serán cobradas- las visitas guiadas a lugares como el Salón de los Pasos Perdidos y la “Estatua de La República”, una figura inspirada en la leyenda de Palas Ateneas y que está considerada una de las mayores estatuas, bajo techo, en el mundo.

No lejos del Capitolio otro imponente edificio ya muestra nuevamente su mejor imagen. Después de tres años de restauración reabrió sus puertas el Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”, uno de los pocos en el mundo que lleva el nombre de una bailarina viva.

El espectacular recinto, inaugurado en 1838, redujo su capacidad de 1500 a 1300 butacas, pero mejoró su acústica y sistema de iluminación e incluyó un Café de la Ópera para celebrar allí eventos. Por las noches, este palacio queda bellamente iluminado y  atrae la atención de los visitantes.

Cuando bajamos por el bullicioso bulevar de Obispo, el sitio más concurrido de La Habana Vieja y donde conviven diversas tiendas estatales, desde las más económicas hasta ostentosas boutiques, con negocios privados de gastronomía (paladares), llegamos hasta la Plaza de Armas. Al fondo está el Templete, otra de las edificaciones icónicas de la ciudad y que también atraviesa por un complejo proceso de restauración. Erigido en 1828, el pequeño templo grecorromano es Patrimonio de la Humanidad desde 1982.

Este lugar es famoso entre los habaneros porque allí- o cerca- se celebró la primera misa y sesión del cabildo de San Cristóbal de La Habana, nombre originario de la villa, en 1519. Todo esto sucedió bajo una gran ceiba. Desde ese momento, el árbol comenzó a formar parte de una de las tradiciones más curiosas de la ciudad. Cada 16 de noviembre, fecha en que se celebra la fundación de la villa, los capitalinos le daban, en silencio, una vuelta al mítico árbol y echaban en sus raíces una moneda, para solicitarle a San Cristóbal que les concediera sus deseos.

A mediados del siglo XVIII cuentan que murió la primera ceiba y fue reemplazada por otra. La más reciente estuvo 56 años en ese lugar hasta que fue cortada. Ese acto conmocionó a los habaneros que expresaron su pesar por la desaparición, al menos temporal, de uno de sus mayores símbolos. La ceiba, de casi seis décadas, dicen las autoridades que estaba muy deteriorada, por causa del comején. Su lugar será ocupado por otra, de aproximadamente 9 años.

Al salir de la Plaza de Armas nos encontramos con la Avenida del Puerto, otro de los sitios imperdibles para los habaneros. Las olas, el tiempo y la desidia habían causado serios estragos en los muros y las edificaciones cercanas a él, pero una millonaria inversión ha tratado de rescatar este símbolo de La Habana.

Entre los lugares ya restaurados sobresale la Alameda de Paula, el primer paseo público que tuvieron los habaneros, y que data de 1776. Este fue uno de los espacios sociales y culturales más importantes de La Habana colonial.

Cerca está el Muelle del Tabaco y la Madera, un lugar que estuvo olvidado por décadas y que hoy es una moderna cervecería, con tecnología austríaca, en la que es posible degustar la cerveza artesanal, sentado frente al mar. Algún día, que ya no parece tan lejano, esa cervecería estará totalmente conectada con el Paseo marítimo, una de las obras que más ha llamado la atención en los últimos tiempos, porque permite a los visitantes pasear sobre una estructura flotante en la bahía, construida de pedazos de madera, unidos con resina.

¿Cuánto ha costado la restauración de La Habana Vieja? Las autoridades no reconocen cifras oficiales, pero la envergadura de los trabajos realizados y los proyectos que todavía faltan por concretarse indican que es un monto importante, para un país con una economía casi siempre en crisis. No obstante, una vez ese gran arquitecto que fue Mario Coyula reconoció: “La Habana cuesta, pero vale”. No podía estar más en lo cierto este hombre que tanto abogó por invertir para salvar a una ciudad con casi cinco siglos de historia.

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