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Fernando Coimbra y el renacer del cine brasileño

Fernando Coimbra y el renacer del cine brasileño

Publicado por PanamericanWorld el 06 de Febrero del 2016

Fernando Coimbra es un cineasta de São Paulo, de 39 años que dirigió ‘El lobo tras la puerta’, una película que vuelto a poner Brasil de moda y con la que aspira al premio al mejor director novel en Estados Unidos.

“El lobo tras la puerta” primero conquistó 40 festivales, después se distribuyó comercialmente en más de 45 países para, finalmente, aterrizar en Brasil, donde solo contabilizó 30.000 espectadores en los cines, número que crece desde que la película llegó a las plataformas de vídeo bajo demanda, donde se puede encontrar actualmente.

La carrera internacional de Coimbra –aspirante al premio al mejor director novel del Sindicato de Directores de Estados Unidos (DGA, por sus siglas en inglés), ha despegado junto con su película, elegida en 2015 como mejor largometraje de ficción por la Academia de Cine Brasileño y premiada en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 2013. Hoy la crítica especializada ve en ella al talento brasileño de turno, que Hollywood no ha tardado en importar, como hizo con Salles y Padilha.

Así empezaron a surgir las propuestas internacionales, entre ellas la de Netflix de dirigir dos episodios de la primera temporada de Narcos. En un momento raro de descanso –al término del rodaje de su segundo largometraje, el drama de guerra Sand Castle (una coproducción de Estaos Unidos e Inglaterra) que tiene previsto estrenarse este 2016–, Coimbra conversó por teléfono con diario español El País sobre la buena fase por la que pasa el cine brasileño y la influencia que puede tener el megahit Los 10 mandamientos.

¿Cómo ha recibido la nominación del Sindicato de Directores de Estados Unidos?

—Ha sido increíble. No esperaba nada más por El lobo..., creía que se habían agotado todas las posibilidades cuando la película ganó el Gran Premio Brasileño de Cine el año pasado, que es muy importante. Esta nominación de ahora ha sido una gran sorpresa, incluso porque es un reconocimiento de directores a directores. Los largometrajes más elogiados del 2015 están aquí. Es la flor y nata del cine.

¿Se realizó especialmente algún trabajo de difusión de la película en Hollywood? ¿Cómo logra un director brasileño entrar en un círculo tan cerrado?

—No se parece en nada a los Oscar o a los Globos de Oro, eventos en los que normalmente las películas hacen campaña. El distribuidor internacional, Outsider Pictures, inscribió El lobo tras la puerta en el certamen y no hicimos nada más. Ahora se están distribuyendo copias en DVD para el jurado, y eso es todo. Creo que la nominación se ha conseguido gracias al éxito que ha tenido la película fuera de Brasil.

¿A qué atribuye este éxito en el exterior?

—Creo que, al tratar de una historia que, al fin y al cabo, es bastante universal, la película ha tenido una buena recepción en lugares diferentes. Pero, al mismo tiempo, tiene características propias del suburbio de Río de Janeiro, un ambiente muy diferente del de las favelas y las playas paradisíacas. También ha ayudado el hecho de tener una marca de género, de ser un thriller de suspense. Para ser sincero, yo dudaba que funcionara fuera del país, pero lo hizo.

Después de este éxito, su carrera internacional se ha disparado. ¿Siempre había tenido como objetivo trabajar fuera de Brasil?

—Tenía ganas, pero no era mi objetivo. Vi que la puerta se abría en el Festival de Toronto, en el estreno de El lobo..., cuando empezaron a surgir propuestas. Pero nunca se sabe dónde va a repercutir tu trabajo.

¿Cómo surgió la propuesta de dirigir dos episodios de Narcos?

— Fue una combinación de varios factores lo que me acercó a Narcos y a José Padilha. En Toronto, algunos agentes que difundían la película en Estados Unidos hablaron del tema, yo llegué a hablar con Padilha, después él vio mi película, y Lula [Carvalho, director de fotografía de Tropa de élite 2, dirigida por Padilha] también entró en contacto con nosotros. Finalmente, los productores de la serie vieron El lobo..., la agenda de la serie cuadró con la mía, y llegamos a un acuerdo.

¿Se le impuso alguna restricción a la hora de dirigir, ya que es una serie con varios directores y que sigue un modelo de cine de acción?

—La creación se produjo de manera natural. Padilha dirigió los dos primeros episodios para mostrar la cara que debería tener la serie. Yo vi los seis primeros capítulos sin editar, y ya está. Narcos tiene planos largos y elaborados, porque los productores querían darle un aire de cine, y yo me identifiqué con eso. Claro que hasta entonces yo no había trabajado en una producción del tal calibre, fue todo un aprendizaje. Pero puedo decir que, a fin de cuentas, los problemas que tiene una producción pequeña son básicamente los mismos de una grande. Lo que facilita las cosas por un lado, las dificulta por otro.

¿Por qué las cinematografías que todavía están en fase de desarrollo, como la brasileña, no suelen abrazar el cine de género?

—Creo que en Brasil siempre ha existido el cine de género, aunque la mayoría de las películas no haya tenido mucho éxito. Son producciones modestas, claro, debido al bajo presupuesto. Pero la verdad es que el cine de autor suele verse como algo más dramático, y el cine de género como algo menor, propio del cine comercial estadounidense. Pero en mi generación eso no existe. El género no te hace ser más o menos autor, y la gente lo empieza a ver.

Con el éxito de Narcos, la nominación de Alê Abreu al Oscar de animación y su nominación al premio de directores, el cine brasileño está viviendo un gran momento fuera del país. ¿Esta internacionalización es positiva? ¿Qué ventajas le ve en este proceso?

— Sí, la distribución de películas brasileñas en el exterior está aumentando mucho. Creo que el mercado internacional ha empezado a entender mejor lo que hacemos aquí. El país ha cambiado mucho, y los temas que tratamos también. Se esperaba más de lo mismo –favelas, etc.–, pero hoy en día, por ejemplo, la clase media es un nuevo tema, y hay otros. Los festivales han tardado bastante en abrirse al cine brasileño, pero creo que películas como Sonidos del barrio [O som ao redor, de Kleber Mendonça], A primera vista [Hoje eu quero voltar sozinho, de Daniel Ribeiro] y El lobo tras la puerta hicieron que el panorama empezara a cambiar. Por otro lado, Brasil se está despertando con las coproducciones internacionales, está colocando sus películas en el mercado. Y la industria también ha madurado. Estamos viviendo un “momentazo” del cine brasileño en el exterior. Están empezando a llegar más películas brasileñas a Estados Unidos, por ejemplo, y Wagner Moura se ha convertido en todo un éxito. Es algo parecido a lo que sucedió con México. Brasil está siguiendo esa estela, aunque sea otro proceso.

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