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Destinos latinoamericanos imprescindibles para grandes viajeros

Destinos latinoamericanos imprescindibles para grandes viajeros

Publicado por PanamericanWorld el 06 de Septiembre del 2015

¿Cuáles son los lugares que todo turista o viajero debe visitar al menos una vez en la vida? De acuerdo con el prestigioso ranking de Lonely Planet, varios sitios de Latinoamérica ocupan un lugar entre los 20 imperdibles. 

Machu Picchu (Perú)

Para quienes recorren Sudamérica, la visita a la ciudad inca de Machu Picchu es el climax de la ruta. Por su espectacular ubicación, es el yacimiento arqueológico más famoso del continente. En temporada alta, de finales de mayo a principios de septiembre, recibe un enorme flujo turístico, pero ni siquiera los turistas logran quitarle su aire de grandeza y misterio. Las terrazas color esmeralda, rodeadas de picos y cordilleras andinas, forman un espectáculo que supera lo imaginable. Esta maravilla de la ingeniería ha soportado seis siglos de terremotos, invasores extranjeras y condiciones climáticas adversas. Los conquistadores jamás conocieron esta impresionante ciudad antigua, que fue casi olvidada hasta principios del siglo XX. El viajero puede descubrirla por uno mismo, pasear hasta sus templos de piedra y ascender a las vertiginosas alturas del Huayna Picchu.

Iguazú (Brasil y Argentina)

El panorama le quita el hipo a cualquiera y el rugido de los cientos de cascadas (suman tres kilómetros de anchura) queda grabado en la memoria para siempre. El tranquilo río Iguazú, que fluye a través de la selva entre Argentina y Brasil, se precipita por un acantilado de basalto ofreciendo un espectáculo de sonido, espuma y caída vertical de agua; toda una experiencia para los sentidos. Además, los parques nacionales que enmarcan las cataratas son un bello telón de fondo con excelentes opciones de observación de la naturaleza. Resulta fácil acceder a las cataratas desde cualquier lado de la frontera argentino-brasileña, incluso desde el cercano Paraguay. Se recomienda ir a ambos lados y rezar para que haga sol (la diferencia con un día nublado es enorme); los arcoíris y las mariposas salen en los días soleados. Las vistas son más panorámicas desde el lado brasileño, pero el argentino permite ver las cascadas de cerca.

Tikal (Guatemala)

Junto con la ciudad de Antigua, los templos de Tikal son la gran atracción de Guatemala. Extraordinariamente restaurados, estas pirámides de origen maya se alzan en un rincón de la selva y sorprenden tanto por su tamaño como por su destreza arquitectónica. Lo mejor es llegar a la Gran Plaza a primera hora de la mañana. Ocupada durante 1600 años, Tikal representa la brillantez cultural y artística alcanzada por esta civilización de la selva. Desde el elevado templo IV, en el límite occidental del recinto, se obtiene una vista fabulosa. Tampoco hay que dejar de admirar la abundancia de fauna y flora al recorrer las calzadas entre centros ceremoniales. Pasear por las anchas calzadas elevadas, originalmente construidas con pedazos de caliza para facilitar el tráfico entre los complejos de templos, quizá permita ver monos araña, zorros o guajolotes ocelados.

Islas Galápagos (Ecuador)

Es el destino soñado por todos los amantes de la naturaleza y los interesados en la historia de la evolución y los animales con aspecto prehistórico. Las Galápagos pueden hacer que el viajero tenga una nueva visión del mundo: las criaturas que habitan este lugar, algunas de ellas únicas en el mundo, actúan como si los humanos no fueran más que un decorado un poco molesto. Eso sí, quién busque la típica isla paradisíaca debería ir a otra parte, porque no hay casi vegetación y su paisaje se parece más a la luna que al de Hawai.

OTROS LUGARES QUE APARECEN EN EL RANKING DE LONELY PLANET

Parque Nacional del Gran Cañón (Estados Unidos)

Por muchas películas, documentales y fotos que hayamos visto sobre el Gran Cañón, nada nos prepara para la contemplación en persona de este magnífico lugar, una de las siete maravillas naturales del mundo. Aquí todo es superlativo. Es tan grande y tan antiguo que tardó seis millones de años en formarse y algunas de las rocas de sus paredes tienen 2.000 millones de años. Al asomarse, uno cree estar al borde del gran misterio de la Tierra. Por su cuenca fluye el río Colorado a lo largo de 445 kilómetros y sus dos riberas están separadas por más de 320; rara vez se visitan ambas en un mismo viaje. La mayoría opta por la vertiente sur debido a su fácil acceso, su oferta de servicios y sus impresionantes vistas. El borde norte, más tranquilo, también tiene sus propios encantos: está a 2.500 metros de altura (305 más que el lado sur) y sus temperaturas más frescas propician praderas de flores silvestres y altos grupos de árboles.

Gran Muralla (China)

Máxima proeza de la ingeniería china, la Gran Muralla serpentea desde su zona manchú en el norte (restos dispersos en la provincia de Liáoning) hasta los últimos vestigios erosionados por el viento en el desierto del Gobi o sus débiles rastros en las inclementes arenas de Xinjiang. Los astronautas afirmaron que se distingue desde el espacio (ahora dicen que no es cierto) pero los simples mortales nos conformaremos con viajar a China y seleccionar alguno de sus tramos para contemplar de cerca esta fortificación que simboliza las eternas cualidades chinas: diligencia, ingente mano de obra, ambiciosa visión de futuro y buenas dotes para la ingeniería (además de una gran desconfianza hacia los vecinos). Hay secciones perfectamente conservadas (y más turísticas), pero también ruinosas, despojadas de sus ladrillos, invadidas por la maleza o medio desmoronadas.

Taj Mahal (India)

Nadie quiere perderse la contemplación, al menos una vez en la vida, de esta obra única que muchos consideran la más bella del mundo. Rabindranath Tagore la describió como “una lágrima en el rostro de la eternidad” y Ruyard Kiling dijo que era “la encarnación de todas las cosas puras”. Fue construida por el emperador Sha Yahan en memoria de su segunda esposa, Mumtaz Mahah, en el siglo XVII. Sha Yahan fue destronado poco después por su hijo y confinado en el fuerte de Agra, de forma que el resto de su vida solo pudo contemplar su creación desde una ventana de la fortificación. Su aspecto es tan inmaculado hoy como cuando se construyó, sobre todo después de la restauración que se realizó en 2002

Coliseo (Roma)

Incluso antes de entrar en este antiguo anfiteatro romano, su silueta sorprende en medio de la moderna Roma. Impresiona por su tamaño y los siglos que ha resistido en pie, pero sobre todo por su buen estado de conservación. Es una de las principales atracciones turísticas de Italia –más cinco millones de visitantes al año–, pero incluso entre las hordas de turistas es posible hacer una inmersión en la vida de la Antigua Roma (mejor por la tarde, cuando los días se alargan, bajo la luz del atardecer). El anfiteatro fue inaugurado por el emperador Tito en el año 81 con unos juegos que duraron 100 días y 100 noches, ¡eso si que eran fiestas! Una curiosidad más: su nombre se debe al Colosso di Nerone, una gigantesca estatua de Nerón que se alzaba cerca.

Petra (Jordania)

Desde que el explorador suizo Jean Louis Burckhardt redescubrió este espectacular enclave en 1812, la antigua ciudad nabatea de Petra ha sido un imán para los visitantes. Es sin duda lo más atractivo de cualquier viaje a Jordania y ningún turista se resiste a su magia, sobre todo cuando el sol se pone entre el laberíntico paisaje de tumbas, fachadas esculpidas, pilares y paredes de arenisca dorada. Algunas experiencias más que recomendables son admirar los primeros rayos del sol sobre las columnas del Tesoro (sublime espectáculo al final del Siq), o ascender al altar de los Sacrificios, tomar un té con los beduinos y volver al valle por un jardín de flores silvestres.

Sagrada Familia (Barcelona)

Esta obra maestra del modernismo es uno de los iconos de Barcelona y el monumento más visitado de España. A los turistas les llama la atención su verticalidad pero, sobre todo, que siga en construcción más de 80 años después de la muerte de su creador, Antoni Gaudí. El singular templo, imaginativo, intenso, inspirado en la naturaleza y con cierta influencia gótica, apunta al cielo con majestad. Atravesar sus portales esculpidos es como entrar en un cuento de hadas, donde un bosque de columnas alcanza el techo y la luz entra por unas vidrieras asombrosas. Con preciosos detalles en hierro y símbolos por todas partes, invita a horas de contemplación.

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