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Cuba, la isla en la que siempre es verano

Cuba, la isla en la que siempre es verano

Publicado por Juan Gavasa el 05 de Enero del 2015

La alegría de la gente abre la puerta de entrada a Cuba. Al llegar al Aeropuerto José Martí, en La Habana, y mientras esperamos las maletas, un equipo de béisbol cubano que viaja con nosotros desde Colombia, con sus palmas da forma a ese ta-ta-ta, ta-ta, que evoca a la salsa y el son. Nos esperan los guías de Ricanaa, encargados de este viaje, que promete aventura y diversión.

Playa y sabor en Varadero

Tomamos la autopista Vía Blanca, que conecta a La Habana con Varadero, nuestro primer destino. Es una carretera recta que se mueve entre dos colores: el verde de su planicie y el azul del mar Caribe que se funde con el cielo.

Pasamos por Santa Cruz del Norte y nuestro acompañante nos muestra con orgullo la fábrica donde se produce su bebida emblemática: el Ron Havana Club, la base de los mejores cocteles de la isla, entre ellos el Cuba libre, el daiquiri, la piña colada, el ‘ron’ Collins (sí, ron) y los incomparables mojitos.

Hicimos una parada en el Mirador Puente de Bacunayagua, el más alto de Cuba –110 metros– en el municipio de Matanzas, con una vista increíble de aves que vuelan muy bajo, un árbol rojo que parece fuego en medio de ese verde profundo en el que sobresale una que otra palma. Cuadro perfecto para disfrutar la mejor piña colada que se toma en la isla, según la promesa que allí hacen.

No se pierda los espectáculos de música cubana.

Luego de dos horas de recorrido llegamos a Varadero, al Hotel Royal Hicacos, donde nos reciben con un coctel. Es un cinco estrellas solo para parejas.

Varadero está en la península de Hicacos, en el municipio de Cárdenas, y es el punto más cercano a Estados Unidos. Dispone al menos de 59 hoteles, de los cuales el primero abrió en 1926 por la necesidad de hospedar a los turistas estadounidenses que venían en regatas.

Aquí no solo se tiene sol y playa, también un campo de golf considerado de los mejores del Caribe; además se puede nadar con delfines o bucear en las aguas claras del mar.

Si desea explorar las profundidades del Caribe, con su universo de peces y corales, encontrará barcos sumergidos a propósito, ideales para tener una buena jornada de buceo. Otro buen plan es el Beach Tour, un bus de dos pisos con el techo descubierto que recorre la península desde las nueve de la mañana.

En la noche, el ambiente invita a la diversión: puede ser en la playa, bajo las estrellas, con los pies descalzos para sentir la serenidad de la isla o dejarse conquistar por los ritmos cubanos en uno de sus mundialmente famosos espectáculos.

El más reconocido y concurrido es Buenavista Social Club, que se presenta los miércoles y viernes en el centro de convenciones Plaza de las Américas, donde el espectáculo de baile, luces, color y sonido es alucinante.

Los carros clásicos, en La Habana,  cautivan a los visitantes.

Relax y salsa en Cayo Santa María

Luego de dos días en Varadero, nos dirigimos a Cayo Santa María (cuatro horas y media de recorrido), que hace parte de un grupo de pequeñas islas que fueron unidas a tierra firme por medio de un ‘pedraplén’, una carretera sobre el mar construida a base de rocas.

Tiene una longitud de 48 kilómetros con 46 pequeños puentes que permiten la corriente normal del agua. Esta obra mereció el premio Internacional Puente de Alcántara a la mejor obra civil iberoamericana.

Este paraíso terrenal está formado por nueve hoteles y un pueblo llamado La Estrella, réplica de Remedios, un municipio de Cuba. Es un lugar con casas de colores y una pequeña plaza en el centro del poblado.

Allí hay nueve restaurantes de diferentes especialidades, tres bares, una discoteca con capacidad para 200 personas, peluquería, bolera, áreas infantiles y la Casa del Habano.

Lo particular es que nadie vive en el pueblo; es un sitio diseñado para el turista. Nos quedamos en el Hotel Playa Cayo Santa María, de cinco estrellas. Luego de disfrutar una tarde de sol y playa, estamos listos para una noche de rumba cubana en el Cigar Bar, ideal para quienes gustan de los habanos cubanos. Todas las noches hay espectáculos de música y baile, y los miércoles se puede disfrutar la Tarde Cubana.

Hotel Royalton, en Cayo Santa María.

Por La Habana

Nuestro último destino: La Habana. De entrada comprobamos lo que se ha escrito miles de veces: esa sensación de que la capital de Cuba está detenida en el tiempo, decorada con vehículos antiguos que parecen museos rodantes.

Para disfrutarla hay que perderse dentro de la zona colonial, vieja y nostálgica, con construcciones del siglo XVI, museos, cabarés y clubes nocturnos enmarcados por el malecón.

Nos hospedamos en el establecimiento más prestigioso de la isla: el Hotel Nacional, fundado en 1930, con una arquitectura imponente, clásica, que sobresale en su entorno. Dormí en una habitación con mucha historia, en donde el nadador y actor de cine estadounidense Johnny Weissmuller –célebre por su papel de Tarzán– se alojó en las décadas de los 30 y los 50.

Luego, en busca de almuerzo, nos encontramos con los famosos ‘paladares’. Son restaurantes dentro de las casas de familia donde ofrecen comida cubana. En la noche la visita fue a una antigua fortaleza llamada El Morro, para presenciar el cañonazo que cada noche revienta cuando el reloj marca las 9:00.

Es un espectáculo que rememora el siglo XVIII, cuando desde esa misma fortaleza se disparaba un cañonazo para avisar que iban a cerrar las puertas de la muralla.

Un paseo por La Habana vieja no puede faltar, pues es allí donde se albergan sus tesoros: el Capitolio, la Plaza de Armas, El Malecón, Floridita, La Bodeguita del Medio y el renombrado cabaret Tropicana. Siempre escoltados por los boleros melancólicos que entonan los tríos cubanos en busca de una moneda.

Imperdible almorzar en La Cecilia, en el municipio Playa. Nos recibe un grupo de son cubano que toca un clásico órgano de viento. La comida es exquisita, al igual que su servicio. De entrada, tostones: trozos de plátano verde fritos y rellenos. El plato principal con arroz congrí (arroz con frijoles negros), lechón, pollo y carne asados, acompañados de ensalada de verduras.

Finalmente, para cerrar este buen viaje, en el cabaret Parisien, dentro del Hotel Nacional, el espectáculo ‘Cubano, Cubano’ enseña a través de baile y la música la fusión de las culturas indoamericanas, hispanas y africanas que dieron origen a la cultura de la isla.

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