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Cuba, el béisbol en vida

Cuba, el béisbol en vida

Publicado por Miguel Ernesto el 25 de Septiembre del 2014

Cae la noche sobre el vetusto Gran Stadium del Cerro, en La Habana. Desde la parte más alta de la grada de tercera base, Arturo mueve sin cesar los pies. Sus sexagenarios ojos siguen atentamente todo lo que ocurre sobre el terreno y apenas habla. De sus labios solo salen respuestas entrecortadas a las preguntas. No recuerda cuántas Series Nacionales ha presenciado; pero su rostro se ilumina al rememorar el jonrón de Agustín Marquetti, en 1986, y el batazo de Enrique Díaz, en 2004. Estas conexiones dieron el título nacional a Industriales, “sus” Industriales, con énfasis en el posesivo, como clara señal de un fanatismo que ha logrado sobrepasar las más duras pruebas.

Arturo trabaja en los muelles de la capital cubana y no duda en confesar que el “béisbol es lo suyo”, aunque los más jóvenes ahora quizás prefieran patear balones y gritar los goles, en lugar de celebrar los cuadrangulares. No entiende totalmente cómo ha ocurrido esta transformación; pero los que “son de mi edad sí lo tienen claro: la pelota es lo más importante”. Después de una jornada de ocho horas, en un calor insoportable y con cinco personas más compartiendo una pequeña casa, en la populosa barriada habanera, Arturo asiste al estadio para alejarse, al menos durante un rato, de una realidad agobiante. Así lo ha hecho por casi tres décadas, desde que salió, para solo volver en contadas ocasiones, de su natal Holguín, en el oriente del país.

Para el historiador Félix Julio Alfonso—autor de varios libros dedicados a la pelota—el béisbol en Cuba “trasciende en la misma medida que traspasa esas barreras de la cultura de elite y se va convirtiendo en parte de la cultura popular, es un componente de la cultura nacional de fines del siglo XIX como lo puede ser el danzón o la literatura modernista, es decir, forma parte de ese arsenal de símbolos de la cubanía.”

Esta idea también la comparte el veterano comentarista deportivo radial Ramón “Piti” Rivera quien asegura que la pelota “se constituyó en el país como el evento más importante, no solamente deportivo, sino social, político y cultural. No hay otro evento en Cuba que despierte el interés de un campeonato de béisbol. Sin béisbol, el cubano sería otro tipo de gente. En Cuba, el béisbol representa el alimento diario, es el acontecimiento que da vida al cubano durante la mitad del año, a pesar de los pesares.”

A lo lejos, en el terreno, Industriales ha comenzado bien la 54 edición de la Serie Nacional, el principal evento deportivo en Cuba. “Este equipo tiene peloteros buenos, pero le faltan otros de tremenda calidad”, comenta Arturo, como si tratara de convencerse a sí mismo de que, a pesar de las ausencias de varios peloteros, este año los Azules, el equipo con más títulos en la historia de las Series, podrá discutir el campeonato.

Preocupaciones similares a las de Arturo probablemente atormenten a no pocos seguidores del béisbol en Cuba. A primera vista, poco ha cambiado en la Serie. Será la misma estructura que la utilizada la temporada anterior: una primera fase, de 45 partidos, en la que los 16 equipos chocarán en tres ocasiones contra cada rival y, luego, los ocho de mejor récord avanzarán a la ronda final, de 42 desafíos. Los cuatro primeros lugares en la tabla de posiciones efectuarán los playoffs. Sin embargo, muchas cosas sí han variado.

En el último año, más de 15 peloteros han decidido continuar sus carreras en el extranjero. Industriales extrañará a Yasmani Tomás y Yuliesky Gourriel, sus dos mejores bateadores. El primero salió de manera ilegal del país, con el objetivo de convertirse en agente libre y firmar un contrato millonario con algún equipo de las Grandes Ligas; mientras, el segundo recibió el permiso de las autoridades para jugar con el Yokohama DeNa Baystars, en la Liga profesional japonesa. El fornido Tomás no volverá a vestir el uniforme azul, aunque Gourriel podría incorporarse en algún momento de la actual temporada.

En Cuba abundan los buenos peloteros, como en Brasil los futbolistas; pero en una década el total de jugadores que ha salido del país sobrepasa las tres centenas. Ni siquiera la mayor fuente de talento puede soportar ese ritmo y el resultado de estos movimientos se ha visto reflejado en las posiciones ocupadas por la selección nacional en eventos internacionales y, especialmente, en la calidad del torneo doméstico.

A pesar de los constantes cambios en las nóminas de los equipos y de un cúmulo de problemas que amenazan al campeonato, la Serie Nacional continúa moviendo a decenas de miles de personas cada día en todo el país. Para el director de Industriales, Lázaro Vargas, “hoy hay jóvenes con mucho talento, una materia prima muy buena para trabajar y creo que el béisbol goza de mucha salud en Cuba. Creo que la Serie Nacional debe mejor como espectáculo, que el público asista desde el primer momento a los estadios y que la concentración de la calidad esté reunida en un nivel superior, donde los bateadores tengan que esforzarse más y los lanzadores tenga que prepararse también.”

En el banco de Industriales está Carlos Tabares. El veterano defensor del jardín central ha visto de todo sobre un terreno y aunque sus mejores momentos forman parte del pasado de los Azules, el número 56 continúa mostrando un enorme interés hacia el deporte. “El béisbol es pueblo y por eso mi compromiso con el entrenamiento, para después salir al terreno y dar lo mejor de mí, porque los aficionados son lo más importante”, asegura.

Cae el último out del partido. Industriales superó a Mayabeque ocho carreras por cero. Mejor debut, imposible; pero Arturo muestra un optimismo reservado, porque sabe que la temporada es muy larga—se extenderá hasta abril, con dos interrupciones, por los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Veracruz y, más tarde, por la Serie del Caribe—y el reto del director Vargas será manejar un cuerpo de lanzadores conformado por jóvenes con escasa o nula experiencia en las Series.

Las luces del estadio se apagan lentamente. Arturo apresura el paso, para salir a tiempo del Coloso. La despedida es fugaz. Hace calor en La Habana y Arturo no parece tener apuro en llegar a su poblado hogar. Al menos esta noche dormirá con la tranquilidad—quizás la única—de saberse triunfador. Mañana será otro día y él regresará, como ha hecho durante tanto tiempo, al Gran Stadium del Cerro, al mismo lugar, arriba, en lo más alto de las gradas de tercera base, para desde allí volver a soñar despierto con el béisbol. Con el que es…y con el que fue.

Por M. Gómez (con información de Y.Masó). PanamericanWorld. La Habana

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