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Conozcan un poco más a James Rodríguez

Conozcan un poco más a James Rodríguez

Publicado por Adrian Pelaez el 01 de Julio del 2014

El domingo 13 de diciembre de 2009 es, como el sábado 28 de junio de 2014, una de las fechas definitivas en la corta vida de James Rodríguez. Fuimos con colegas del diario Clarín al juego Boca-Banfield. “Vas a ver a James, la gran promesa del fútbol colombiano”, me advirtió Daniel Avellaneda, corresponsal de El Espectador que lo había seguido durante el torneo apertura porque se convirtió en el generador del fútbol en el que se apoyó el técnico Julio César Falcioni para llevarse el título ese día, a pesar de perder 0-2 en una Bombonera agresiva como siempre.

El marcador es una anécdota menor. La importante es cómo “ese pibe” calló a todos pidiendo el balón, distribuyéndolo, untándole la bola a los xeneizes y provocando que la famosa barra 12 cambiara los cánticos de “Dale Bo, dale Bo, dale Boooooooca”, y contra “los putos de River” —así no estuvieran jugando allí—, para corear “colombiano puto”.

Banfield recibió el trofeo, James lo exhibió a la tribuna y le gritaban “colombiano, la puta que te parió”. Él hizo una seña a sus compañeros para no dar la vuelta olímpica y se metieron al camerino. Entonces la barra brava se calmó. En el corazón de La Boca, James había enfrentado y vencido lo que el escritor mexicano Juan Villoro me describió como uno de los mayores “vértigos” que se puede vivir en un escenario deportivo.

Recuerdo a los jugadores de Banfield saltando, a Falcioni dándole crédito a la valentía del equipo y a la “madurez” del colombiano que le había recomendado el anterior DT, el campeón mundial en México-86 Jorge Burruchaga, quien transformó al cucuteño, hijo de Pilar y James, hijastro de Carlos, hecho jugador en la cancha del barrio El Jordán de Ibagué, figura del Pony Fútbol a los 13 y del Envigado a los 16, en el extranjero más joven en debutar en el fútbol profesional de Argentina.

Según nos contó James, eso fue a los 17 años de edad, después de una crisis porque tuvo que celebrar en la soledad su cumpleaños, el 12 de julio, en medio de las lágrimas. “Pensar que estuve a punto de salir corriendo para el aeropuerto y devolverme a Colombia”. Sin embargo, le dieron la oportunidad y “la rompió”, como dice ahora Maradona comparándolo con Messi y Neymar, se convirtió en el sucesor de la 10 colombiana, como anunció El Pibe Valderrama, y con su disciplina y talento puede ser el mejor de la historia nacional, como dice El Tino Asprilla. Allá dejó la tristeza. Estaba “orgulloso” por el título, porque le abriría las puertas de un club grande, le acercaba la posibilidad de jugar en Europa y porque —nos hizo reír con el comentario— ya tenía cédula de ciudadanía y debía demostrar que era mayor de edad tanto en su vida personal como en el fútbol.

Fui a hacer una crónica sobre la mítica cancha (“La Bombonera, estadio de infarto”) y me encontré con un jugadorazo al que muy pocos le prestaban atención. Escribí: “En la cancha hoy otro colombiano entra a la historia de este estadio. Se llama James Rodríguez, apenas es mayor de edad, en Banfield se adueñó del balón y puede decir que salió campeón en el templo de Boca. En el camerino, envuelto en una bandera de Colombia, me dice: ‘No lo puedo creer’. El técnico Falcioni le unta espuma de afeitar en la cabeza y queda bautizado. Se siente a la altura de Chicho Serna, Jorge Bermúdez, Óscar Córdoba, Fabián Vargas, Amaranto Perea”.

El abrazo del sábado pasado entre James y el técnico de la selección nacional, José Pékerman, en el túnel del Maracaná, revivió el que vimos entre Rodríguez y Falcioni. El exarquero de América de Cali nos dijo: “A este pibe lo queremos, pero hay que dejarlo ir. Va a ser grande”. Volteamos a mirar y el colombiano tímido, humilde, bien puesto, sonriente, de cachetes rosados por el calor, estaba en una esquina viendo lo que no acababa de creer, con la bandera colombiana amarrada al cuello como una capa. Lo volvieron a llamar al centro y todos quedaron bajo un baño de espuma. James volvió a abrir la boca para gritar: “Ahora vamos por la Libertadores. Podemos”. Todos repitieron al unísono: “¡Podemos!”.

Hoy, mientras lidera la histórica actuación de Colombia aquí en el Mundial de Brasil, sueña en silencio con jugar en el Real Madrid del que le habla mucho su amigo Cristiano Ronaldo. Aquella noche le pregunté si celebraría en algún lugar en especial. No iba de parranda como los otros sino para su apartamento en el sector de Palermo, a reunirse con su familia y darle gracias a Dios. Dijo: “La gloria es de él”.

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