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Colombia quiere tener su Silicon Valley

Colombia quiere tener su Silicon Valley

Publicado por Adrian Pelaez el 21 de Mayo del 2014

Cuando era niño, Antonio Díaz utilizaba las resmas de papel que su padre tenía almacenadas para vender aviones a sus compañeros de colegio a menos de 20 pesos. Les decía a sus compañeros del Gimnasio Moderno que él tenía el secreto para diseñarlos de tal forma que volaran más rápido. ¡Y se los compraban!

Hoy, casi 30 años después Antonio no vende aviones de papel, pero usa el mismo talento como innovador para tratar de 'vender' la idea de Opener, una suerte de Google financiero que conectaría a emprendedores, creativos e inversionistas en un solo buscador digital.

Esta vez no es cuestión de 20 pesos, sino de 10 millones de dólares que necesita para que su idea llegue a los principales hubs internacionales con un agresivo mercadeo que permita convertir su proyecto en un negocio redondo. ¿Lo logrará?

Es la misma pregunta que se hace Andrés Alfonso, experto en electrónica, que busca 25 millones de dólares para que su empresa de satélites Sequoia Space pueda desarrollar laboratorios, adquirir sensores, diseñar software y contratar expertos en ingeniera espacial para participar en la construcción y lanzamiento de los 1.200 satélites que irán al espacio en los próximos 10 años.

Son dos cifras considerables: 10 y 25 millones de dólares que difícilmente un inversionista colombiano podría desembolsar y que los ha llevado a pensar que su gran apuesta está en Silicon Valley -Valle de Silicio- el lugar donde las grandes ideas se convierten en multimillonarias marcas como Google, Facebook, Twitter, iPhone o WhatsApp.

Otros emprendedores colombianos, como Alex Torrenegra, con su empresa Voicebunny, y Hernán Jaramillo, con Tareasplus, ya lo hicieron y, hasta ahora, han encontrado más apoyo que si se hubiesen quedado en Colombia.

El secreto del éxito de Silicon Valley

Un reciente informe del Banco Mundial titulado 'La Economía Naranja' revela que frente a la innovación, el gran negocio de este comienzo del siglo XXI, los países tienen tres opciones: ser innovadores, adaptadores o quedar rezagados.

Parecería que Colombia podría estar en el segundo lugar: apropia tecnologías que firmas como Apple y Samsung desarrollan todos los años. Aunque esta apreciación no es aceptada del todo por representantes del Gobierno que insisten en que una de las cinco locomotoras de la prosperidad es, precisamente, la innovación.

Lo cierto es que el país no tiene hoy su propio Silicon Valley y hasta ahora se están haciendo los primeros esfuerzos para que un ecosistema de innovación pueda emerger en los próximos meses, para apoyar a los emprendedores.

Pero, ¿qué es Sillicon Valley? Más que un lugar es una cultura. Greg Horowitt, autor del libro ‘The Rainforest, The Secret to Building the next Silicon Valley’, asegura que los valores que deben predominar en un ecosistema innovador son: la colaboración, la confianza, el compartir y la responsabilidad.

Paul Bragiel, emprendedor y ahora inversionista lo explica aún más directo: "Tú puedes fracasar en Silicon Valley. Simplemente, lo que tienes que hacer es empezar de nuevo. Empezar una compañía acá es creer en una persona...es poner a trabajar gente sorprendente con inversionistas sorprendentes".

La vida de Bragiel es la mejor prueba de sus palabras: a los 21 años creó un videojuego que le reportó una ganancia de medio millón de dólares. Después quebró y volvió a empezar y hoy invierte en 103 compañías, aunque sabe que muchas de ellas no darán resultado. Confía en que dos o tres sí lo harán y salvarán esa inversión.

Ese tipo de inversionistas que creen en las personas y no le temen al fracaso son los que escasean en Colombia. "La innovación que queremos hacer es muy costosa y estamos buscando unas inversiones muy altas...en Colombia no hemos podido encontrar porque no existe el perfil de inversionista que se necesita", dice Andrés Alfonso, de Sequoia Space.

Buena parte del temor al riesgo se ha perdido en la cultura de Silicon Valley por la legislación. Greg Horowitt menciona que las leyes para declararse en bancarrota son amigables con los inversionistas que le apuestan a la innovación.

Esto, en parte, ha permitido la aparición de figuras con cuatro esquemas de financiación. Primero están los familiares, amigos y locos, llamados las ‘3 F’ (family, friends and fools), que hacen los primeros aportes económicos al proyecto, en un rango que puede estar en los 100 mil y el millón de dólares.

El segundo esquema de financiación es el ‘Crowdfunding’ -recolección de fondos entre particulares-, contemplado en el ‘Jobs Act’, que firmó el presidente Barack Obama. Con esta legislación se han creado plataformas en las que los emprendedores pueden publicar un video en el que cuentan su idea con la esperanza de que un grupo de personas les done hasta un millón de dólares.

Si durante un periodo no logran recolectar la meta que se han propuesto o el proyecto no despega, se comprometen a retornar los recursos, afirma Robert Mitchell de Crowdfund Capital Advisors.

Y, finalmente, están los ángeles inversionistas y fondos de capital de riesgo (venture Capital), que apoyan en una segunda fase con un capital mucho más grueso: 10 millones de dólares o más, para darle al proyecto el impulso final. Bruce Taragin, de Blumberg Capital, advierte que solo uno de 10.000 emprendedores tiene la posibilidad de llegar a esta segunda fase.

A estas modalidades se suman los mentores, que, como explica Marcela Rueda de Connect Colombia, “son personas que apoyan los procesos de aceleración y fortalecimiento de los emprendedores”.

Nuestro Silicon Valley

Catalina Ortiz es la directora de Innpulsa, la institución que el Gobierno de Colombia creó en el 2012 para fomentar la innovación y el crecimiento. Ortiz es directa cuando se le pregunta qué tan lejos o tan cerca está Colombia de tener su Silicon Valley.

"¡No estamos en prekinder!", asegura con su inocultable acento de Cali, y luego enumera una serie de iniciativas, actores y proyectos que permitirán un ecosistema de innovación y emprendimiento en Colombia. "Hemos avanzado un montón y tenemos que avanzar mucho más".

Ortiz enumera que en el país ya hay "redes de mentores, redes de ángeles inversionistas, fondos de inversión privada, hay centros de emprendimiento...nos falta articular mejor. Hay que hacerlo a la colombiana. Es un tema de mentalidad y cultura".

Los datos que maneja Innpulsa indican que en la actualidad existen tres fondos de inversión y al final de este año serían cinco, con capacidad para invertir en 150 empresas metidas en el emprendimiento. Por supuesto, no será con el músculo financiero que se maneja en Estados Unidos.

El programa Connect, que cataliza la innovación tecnológica creando vínculos entre creadores y emprendedores, tiene información de que en Colombia ya existen nueve fondos: Fondo Inversor, Nazca, Velum Ventures, Austral, Capital, CEAF, Candeo, Promotora y Tekacap.

Solo falta trabajar en tres aspectos: el cultural para que emprendedores e inversionistas cambien su esquema de valores (confianza) y no le tengan miedo a invertir en proyectos locales y a tener que lidiar con varios fracasos que después generen un éxito.

Un segundo aspecto es el económico: se necesitan excedentes en los agentes claves del sistema para poder invertir, sin que nadie pierda su casa. Un Producto Interno Bruto del 4,3 por ciento parecería aún insuficiente y se necesitan varios años de más y mejores crecimientos y un presupuesto más holgado del Estado, que en la actualidad solo destina 2 billones de pesos a estos temas y repartidos en cuatro instituciones.

Y, finalmente, legislación. Son urgentes dos iniciativas para el manejo de bancarrota y recolección de fondos, como las que ya tienen en Estados Unidos. ¿En cuánto tiempo pasará todo esto? Es difícil responderlo.

Entre tanto, Antonio Díaz y Andrés Alfonso sienten que se les hace tarde y que otro puede tomarles la delantera. "Ya no podemos hacer más aquí. 10 millones de dólares es mucho plata en Colombia, pero en Estados Unidos no es nada", dice Díaz.

"Quisiéramos tener resultados (fondos) este año, porque la tecnología avanza muy rápido y ya hay varios sectores que han conseguido fondos y estamos quedando rezagados frente a otros", añade Alfonso.

Lo importante, dice Holguer Sandquist, CEO de Opener, es que Colombia logre ahora o en un par de meses su propio Silicon Valley, porque "de lo contrario, sería quedar otra vez por fuera del juego".

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ
Editor EL TIEMPO.COM

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