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Cleber, una empresa estadounidense que haría tractores para Cuba

Cleber, una empresa estadounidense que haría tractores para Cuba

Publicado por PanamericanWorld el 16 de Noviembre del 2015

Cleber es una pequeña empresa en Alabama que vende equipos agrícolas que busca convertirse en la primera compañía estadounidense que logra invertir en Cuba, en más de medio siglo. En esta entrevista, sus propietarios, Saúl Berenthal y Horace Clemmons, cuentan los planes que tienen para construir tractores en la isla que se destinen a la industria local de pequeñas explotaciones agrícolas.

Saúl, vamos a hablar acerca de su vínculo anterior con Cuba. Usted y su esposa han participado de forma activa en el intento de ayudar a reconstruir la comunidad judía en la isla.

-Correcto. Nací y crecí en Cuba. Mi esposa también. De hecho, ella vivía a una cuadra y media de mi casa cuando éramos niños. Como éramos una pequeña comunidad judía -en aquella época, alrededor de 15.000- solíamos pasar tiempo juntos, por así decirlo. Así que nos conocíamos desde la infancia. Salimos de Cuba más o menos al mismo tiempo, después de la revolución, a finales de 1960. Fuimos, por supuesto, a Miami, pero no nos quedamos mucho tiempo allí. Pensé que si se trataba de ser estadounidense, sería mejor dejar Miami.

Por lo tanto, ambos nos mudamos, su familia se mudó y yo me mudé para terminar la universidad en Nueva York. Después de graduarme, me casé. Luego, por supuesto, conocí a Horacio en IBM. Sin embargo, después de haber trabajado para IBM durante 18 años, decidimos crear nuestra propia empresa. Así lo hicimos, y tuvimos éxito. La vendimos y nos retiramos. Luego, alrededor de 2008, empezamos a ir con frecuencia a Cuba, sobre todo para ver los cambios que se produjeron en la isla después de que saliéramos de allí y, por supuesto, para restablecer de alguna manera algunas viejas relaciones con la comunidad judía local.

Vimos que había mucha necesidad. Encontramos que muchas personas estaban completamente distanciadas del mundo judío. Decidimos entonces que sería genial organizar grupos en los Estados Unidos para visitar Cuba, una especie de intercambio cultural y religioso, por así decirlo.

Me parece que varios de los viajes que han realizado en los últimos años tenían como objetivo llevar suministros a la gente de aquella comunidad que, en muchos casos, no podían permitirse el lujo de comprar.

-SB: Así es. Medicamentos y ropa y casi todo lo demás que usted puede imaginar. La comunidad es muy pequeña en la actualidad. Hay alrededor de 800 judíos en Cuba y tres sinagogas.

En la actualidad, los judíos de EE.UU., Canadá y Panamá van a Cuba para ayudar a muchos de ellos, en algunas de las necesidades que puedan tener. Falta, sin embargo, un rabino. No hay ningún rabino cubano.

Tampoco hay alimentos kosher en Cuba. Así que una de mis metas es llevar este tipo de comida a la isla. Esto, por supuesto, requerirá la presencia de un rabino que lleve a cabo los ritos y todo lo que se necesita para que la comida se sirva de forma correcta. Eso es algo en lo que todavía estamos trabajando. Sin embargo, en mis viajes he hecho muy buenos contactos y aprendí acerca de los cambios que tuvieron lugar en la isla en los últimos años.

Tuve la oportunidad de conocer a muchos profesores del Departamento de Economía de la Universidad de La Habana, porque también organizo intercambios académicos entre Cuba y la Universidad de Carolina del Norte con los profesores y estudiantes de ambos países. Gracias a esas relaciones que he construido, empecé a entender algunos de los cambios económicos que tienen lugar en el país. Horacio siempre dice: “Un día de estos vamos a tener la oportunidad de sacar ventaja de este conocimiento”.

Esto es algo que ambos están tratando de hacer en este momento. Horacio, tuvo la oportunidad de ir a Cuba un par de veces también. ¿Cuál fue su reacción ante lo que vio allí?

-Clemmons: Bueno, creo que todos sabemos lo que significó el embargo para Cuba, al menos por las cosas que leemos. Sin embargo, es diferente ir allí y ver los efectos del embargo, lo que es muy diferente de haber leído acerca de ello. Yo digo a todo el mundo que el tiempo que serví en Vietnam influyó en mi opinión sobre la política exterior. No estoy de acuerdo con mucho de lo que EE.UU. hace en su política exterior. Véase, por ejemplo, el tipo de comercio que tenemos con Vietnam y cómo hacemos negocios con los vietnamitas. Sin embargo, evitamos hacer negocios con Cuba.

Nada de esto tiene sentido para mí. Así que cuando Saúl dijo: “Vamos a hacer algo en Cuba”, nunca tuve dudas o temores acerca de hacer negocios con la isla. Creo que tenemos la obligación moral de tratar de ayudar a mejorar la vida en Cuba debido a la forma en que tratamos a su pueblo.

La isla de Cuba, por supuesto, es bien conocida por ser un país agrícola. Pero, ¿cómo tuvo la idea de abrir una empresa para la fabricación de tractores en la isla?

-Clemmons: Creo que esto se debe en parte a la experiencia que tenemos en el sector tecnológico. Vimos lo que IBM y las grandes empresas estaban tratando de hacer con sus clientes, estaban tratando de venderles lo que tenían y no escuchar lo que tenían que decir. Nuestro plan se basa, en gran parte, en lo que escuchamos a los cubanos decir que querían y lo que quería el gobierno cubano. En el acuerdo firmado por Raúl Castro y el presidente Obama, creo que estaba claro que la agricultura es uno de los puntos más importantes del documento.

Ese fue nuestro punto de partida. Y habiendo nacido en Alabama y caminado detrás de mulas con mi abuelo, sabía que el punto de partida para mejorar la agricultura cubana sería muy similar al punto de partida de la expansión agrícola en EE.UU. Vimos lo que pasó en Estados Unidos cuando el país pasó de la agricultura familiar a la agroindustria. Creo que Cuba comenzará desde el mismo punto, pero sería muy decepcionante si terminara en el mismo sitio.

Así que es muy simple. Sólo hay que dar a los agricultores cubanos la oportunidad de trabajar con un tractor en lugar de dejarlos seguir caminando detrás de un arado tirado por caballos, ¿verdad?

-Clemmons: Sí.

¿Cómo funciona ese proceso? Cuentan con la aprobación de Cuba para iniciar el negocio, por lo que tan sólo están esperando la aprobación de EE.UU, ¿no es así Saúl?

-SB: Cierto. El proceso que tenemos que seguir en EE.UU. requiere una licencia de la OFAC -Oficina de Control de Activos de Asuntos Exteriores- que es el brazo ejecutivo de la Secretaría de Hacienda a cargo del embargo. Ellos están regulando este tipo de actividad.

El 17 de diciembre, Obama decidió abrir dos industrias muy importantes para el comercio con Cuba, una de ellas es la agricultura; la otra, la construcción. Las opciones no eran mera coincidencia. Es muy importante entender que estas dos industrias están estrechamente relacionadas y sirven como garantía de la industria turística en Cuba, que es la fuente más importante de divisas en el país. Por lo tanto, la posibilidad de mejorar la producción agrícola permite que Cuba produzca alimentos para los turistas que visitan el país. La construcción permite que haya lugares para su hospedaje. Por lo tanto, estas industrias aparecen por primera vez en el acuerdo comercial celebrado por el gobierno de Estados Unidos con el fin de ayudar a Cuba a desarrollar su industria turística.

Lo que les gustaría hacer en Cuba sería un modelo un tanto diferente: no sólo proporcionar los tractores, sino también el equipamiento necesario si el tractor se rompe, ¿verdad?

-Clemmons: Saúl y yo queríamos asegurar a los cubanos la posibilidad de sentirse tranquilos acerca de su adquisición. Así que estamos siguiendo lo que llamamos modelo de fabricación de código abierto. Los tractores están construidos con componentes de código abierto, por lo que los cubanos no necesitan que nosotros lo reparemos. Todas las piezas están estandarizadas, por lo que nuestro negocio en Cuba depende de proporcionar de forma continua un servicio de calidad, no un componente específico.

De esta manera, van a entender que se necesita un esfuerzo para alcanzar la excelencia, por lo que podemos darles la más alta calidad al precio más bajo posible. Nuestra intención es utilizar este modelo no sólo para los tractores, sino en el futuro también para los equipos de construcción.

Estamos tratando de crear una arquitectura que, al expandirnos, intentaremos seguir: el modelo de código abierto, por lo que los compradores no estén vinculados a un fabricante específico.

En el momento en que obtengan la aprobación del gobierno de Estados Unidos, ¿en qué etapa estará el proceso? ¿Ya será posible construir la fábrica en Cuba?

-SB: Sí. Ahí es donde entran los aspectos técnicos de la obtención de una licencia aprobada por la OFAC. El reglamento exige, entre otras cosas, que tratemos directamente con el sector privado, no con el gobierno cubano.

Para construir nuestra fábrica en la Zona Especial de Desarrollo Mariel -ese es nuestro plan- vamos a tener que confiar en las personas que construyen este tipo de instalaciones en Cuba, que es un sector vinculado al gobierno.

Fuimos a Mariel. Hablamos con la gente de allí y le preguntamos, “¿Qué pasa si nos llevamos una empresa estadounidense para construir la planta en Mariel? Ustedes nos permitirían hacerlo directamente con una empresa americana para mostrar a la gente en EEUU que estamos tratando de hacer todo esto sin que se beneficie una institución gubernamental?” Ellos dijeron: “Sí. Nos gustaría que utilizara los recursos locales, pero si quieren usar una empresa estadounidense para construir su planta, está bien”. Esto demuestra que el gobierno de Cuba, las autoridades de Mariel están ayudando. Ellos quieren que hagamos lo que les estamos diciendo que nos gustaría hacer.

Ana Teresa Igarza, directora general de la Oficina de Desarrollo de la Zona Especial Mariel, en varias ocasiones, dijo a la prensa que el proyecto que están llevando a Cuba no sólo es atractivo, sino necesario. Por lo tanto, nos interesa mucho y estamos dispuestos a hacerlo. Por otra parte, esperamos que la parte estadounidense nos otorgue una licencia.

En cuanto las cosas se resuelvan, ¿qué número de tractores esperar producir en un año? ¿ya tienen una estimación?

-SB: Bueno, queríamos empezar con una producción de alrededor de al menos 150 para el mercado que creemos que existe. Sin embargo, es obvio que estamos en condiciones de producir un número mayor. Somos capaces de producir hasta 500, 600, 700 tractores. No es difícil hacerlo. Sin embargo, tenemos que medir el nivel de absorción del producto a medida que empecemos a fabricar en Cuba.

Esto, obviamente, sería importante para la economía cubana en general.

-Clemmons: El objetivo a largo plazo es exportar los tractores. Fabricarlos y exportarlos. Creo que desde el momento en que tengamos el modelo eléctrico, junto con la capacidad de exportación, este tractor se venderá en casi todas partes. En otros países donde el suministro eléctrico es deficiente, el cargador del panel solar se encargará de esta tarea. Además, según lo que estamos viendo en el negocio de distribución de petróleo y su disponibilidad, creemos que el modelo eléctrico ganará una gran importancia en el largo plazo.

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