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Cintas infantiles “made in Latinoamérica” siguen siendo pocas

Cintas infantiles “made in Latinoamérica” siguen siendo pocas

Publicado por PanamericanWorld el 11 de Abril del 2016

La realidad es incuestionable: en Latinoamérica se producen muy pocas cintas infantiles y las pocas que llegan a la gran pantalla son de animación. Precisamente por eso se puede agradecer más el filme chileno “Un caballo llamado Elefante”, una coproducción de Chile, México y Colombia, con actores de carne y hueso.

Esta película retoma la línea de lo que hace décadas fundaron Mario Moreno Cantinflas o Chespirito, pero que ha sido dejado de lado: un cine infantil y familiar, con humor blanco esencialmente latinoamericano.

“Es la razón de ser de este tipo de películas”, reflexiona el chileno Andrés Waissbluth, que dirigió este filme live-action que incluye animación y efectos especiales. “No puede ser que nuestros niños y jóvenes lo único que vean sea cine de Estados Unidos, por muy bueno que sea Pixar. El cine crea valores y referentes, moldea la cabeza, y todo eso está entregado a una mirada gringa y hollywoodense”. La productora ejecutiva, Macarena Cardone, señala que “Un caballo llamado Elefante” habla de la hermandad, del primer amor, de la aventura. “Sus temáticas son más cercanas y no busca llamar la atención a través de la agresividad”.

 

Todo comenzó hace años, cuando Waissbluth conversó con el folklorista chileno Eduardo Lalo Parra, hoy fallecido. Miembro de una de las familias más importantes de la cultura chilena, hermano del poeta Nicanor y de la cantautora Violeta, Lalo contó al cineasta una experiencia entrañable que vivió en su infancia. Junto a su hermano Roberto, tres años menor que él, se fueron de casa con un circo itinerante. Esa es la historia que inspiró Un caballo llamado Elefante, que fue rodada a comienzos de 2014 y que estuvo más de un año en postproducción. La cinta ha estado en los festivales de Guadalajara, Cartagena y Miami. En el segundo semestre del año llegará a Perú, Colombia y México.

La primera cinta chilena infantil no animada arranca en una familia del campo de Chile. Un abuelo al borde de la muerte pide a sus nietos, Lalo y Roberto, que liberen a su caballo Elefante antes de que lo vendan. Con la fuga de los niños, la película abandona lo local y se transforma en regional: el circo es un mundo de color y multicultural donde aparecen personajes de diferentes nacionalidades. “En términos más conceptuales, la película es latinoamericana porque tiene mucho de realismo mágico”, explica Waissbluth. “De partida, ¡habla sobre un caballo que se llama Elefante! ¿No es absolutamente mágico y absurdo? En el filme pareciera que todo es posible, como ocurre en América Latina: un lugar donde todo es posible”.

Un caballo que se come un reloj de oro, que simbólicamente representa el futuro y la vida, y la aparición de una culebra. La dificultad, sin embargo, no solo se explica por haber tenido que trabajar con animales. Waissbluth y Cardone, que nunca habían incursionado en el género infantil, señalan que fue bastante complicado conseguir a los actores adecuados. “Hicimos un casting fuera de Santiago para encontrar niños que estuvieran en contacto con la naturaleza y no le tuvieran miedo al caballo”, dice la productora. El director complementa: “Los niños de la ciudad no tenían la inocencia que buscábamos. Eran muy digitalizados y la película, por el contrario, es muy análoga. Un caballo llamado Elefante trae al presente una infancia pretelevisiva, más inocente”.

Los chilenos Tomás Arriagada y Joaquín Saldaña encarnan a Roberto y Lalo, respectivamente. La tercera protagonista infantil es la mexicana Ana Sofía Durand, que interpreta a Manuela y que junto a su banda LemonGrass está a cargo del tema de la película. La canción pertenece al mexicano Carlos Lara, que ha compuesto temas para Ricky Martin o grupos como Rebelde.

El filme está dirigido sobre todo a niños de seis a 12 años, pero ha gustado a más pequeños y mayores: “Los niños más chicos enganchan con la aventura y los más grandes con el primer beso”, cuenta Cardone. También apunta a los padres y abuelos, que en los festivales han reaccionado estupendamente. “Agradecen el rescate de ese tipo de infancia, que no muestra a los niños en el chat, pegados al Facebook o a la tableta”, señala el director.

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