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Chile: El paraíso para el vino ecológico que se va al exterior

Chile: El paraíso para el vino ecológico que se va al exterior

Publicado por Jose Traboulsi el 23 de Marzo del 2015

Chile es el paraíso de la agricultura orgánica. Lo repiten viticultores, distribuidores y hasta certificadoras internacionales. Las condiciones climáticas de nuestro país y su aislamiento geográfico, que dificulta la entrada de plagas, favorecen el cultivo ecológico, pues “no hay que invertir tanto para tener un campo sano”, explicaLeonardo Severino de La Vinoteca.

En “viñedos es incluso más fácil”, detalla, “porque la parra es más aperrada. La podas, le pones agua y se maneja sola”; las otras frutas, en cambio, necesitan más cuidados.

¿CÓMO NACE UN VINO ORGÁNICO?

Hace 15 años IMO Control se instaló en Chile y hoy certifica al 80% de las viñas orgánicas nacionales; una etiqueta que sólo se consigue tras 36 meses sin usar fertilizantes, plaguicidas o pesticidas. “Hasta que sale el primer tinto orgánico pasan cuatro años”, señala el Gerente de la compañía en Chile, Henrich Neisskenwirth. Una de estas viñas certificadas es Miraflores, que cambió su forma de producir a finales de los 90. Un nuevo “estilo de vida” para conseguir vinos más sanos para el cuerpo humano y para el entorno.

El mayor costo es “el control de la maleza”, reconoce Neisskenwirth, “porque es un trabajo mecánico”. De hecho, Viña Cono Sur, certificada desde 1998 por la alemana BCS Oeko Garantie GMBH, asegura que “no fue difícil” el cambio. Admiten, eso sí, que “el trabajo es más demandante”, pero esperan que su producción orgánica alcance este año los dos dígitos.

TERRENOS ECOLÓGICOS EN CHILE

Generalmente, a las bodegas pequeñas les resulta más fácil la conversión, “porque al tener menos hectáreas pueden dedicarle más tiempo a vendimiar a mano y a preparar el compost natural”, explica Severino.

En términos generales, la agricultura orgánica ocupa, según datos de ODEPA de junio de 2014, 79.622 ha. De ellas, 3.571 ha corresponden a la vid, donde el Cabernet Sauvignon, el Carménère y el Syrah son las principales variedades cultivadas de manera ecológica.

Las exportaciones de vino orgánico representaron el 15,4% del total de productos ecológicos, y el 20,7% si nos fijamos en el valor monetario, llegando a los USD$41.499.800.

Pero si tenemos en cuenta que la extensión cultivada de vid en Chile es de 125.000 ha, las 3.571 ha orgánicas son solo el 2,85% del total. En volumen de exportaciones, los 10 millones de litros ecológicos solo son el 1,4% de los 700 millones de litros de vino normal que Chile vendió fuera.

“El mercado es aún inmaduro”, advierte Cristóbal Undurraga de Viña Koyle, donde se uso el método biodinámico para cultivar. “Pero la tendencia va para allá; es el futuro de los productos de calidad”.

EL MÉTODO BIODINÁMICO

Existen dos formas de producir un vino ecológico. Una de ellas nos lo muestran en la bodega de 1900 de viña Miraflores.

La otra es la biodinámica, que practican en las 80 ha de Viña Koyle desde el año 2008 y también en 1.000 ha de Viña Emiliana. Se trata de una agricultura que bebe de los principios del filósofo alemán Rudolf Steiner, quien en los años 20 definió ocho preparados homeopáticos para el tratamiento y el cuidado del viñedo.

“Se trata de tomar al ecosistema como un organismo viviente”, explica Cristóbal Undurraga, “para lograr un producto agrícola que recoja y exprese su origen”, la esencia del lugar donde nació. Es una manera de diferenciar el producto, “porque se producen uvas irrepetibles”.

Pero, ¿y el costo? Desde IMO Control aseguran que el precio es similar al de los vinos convencionales de su categoría, “de reserva para arriba”.

“El mayor costo es el aprendizaje”, asegura Undurraga, pues hay “mucho ensayo y error los primeros años”. Sin embargo, una vez alcanzado el manejo, hasta se ahorran la compra de productos artificiales.

DESTINO INTERNACIONAL

El 90% de los 400.000 litros producidos por viña Koyle se venden fuera. Y lo mismo ocurre con la mayoría de vinos orgánicos, como los de Miraflores, cuyas botellas tienen un 15% menos de vidrio.

El mercado europeo, nipón y norteamericano los valora. “En Suecia, el consumo de vinos orgánicos pasó del 3% de participación de mercado en 2013, al 20% en 2014”, cuenta Undurraga.

En Chile, “lo orgánico no se aprecia por un tema cultural” más que monetario, considera Leonardo Severino. Despertamos más tarde, pero la preocupación por lo ecológico comienza a florecer, impulsada, según Severino, por el aumento de los viajes hacia el exterior y las migraciones europeas y estadounidense, “lo que provoca un cambio cultural”.

El problema es que este cambio está surgiendo de manera individual. Cada viña decide darle un giro verde a su manera de producir. Unas, por una mera estrategia de marketing para aprovechar el nicho de los vinos orgánicos. Otras, atraídas por los beneficios de lo natural y la conciencia sostenible. Pero todas, sin ayudas nacionales o internacionales.

Pese a que en Francia, España o Italia cuesta más producir orgánicamente, “porque no tienen nuestras condiciones climáticas”, dice Severino, “existen algunos ejemplos de incentivos” en esos países. En Chile, “las ayudas llegarán a medida que el consumidor lo demande”, opinan desde viña Koyle.

Con apoyo o sin él, lo cierto es que la mayoría de las viñas que ya han apostado por lo ecológico seguirán produciendo de manera verde, pues los beneficios para la empresa, el producto y los trabajadores superan al esfuerzo.

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