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Las Cataratas de Iguazú, la gran maravilla natural

Las Cataratas de Iguazú, la gran maravilla natural

Publicado por PanamericanWorld el 02 de Agosto del 2017

Historia, tradiciones, paseos, platos típicos y una excursión embarcada  sugieren un entretenido circuito que completa la imperdible visita a las Cataratas de Iguazú.

Más allá de los dominios de las Cataratas, cuya fuerza arrasadora se abre paso en los escasos resquicios que ofrece la selva de Misiones, cualquier  posibilidad de delinear un recorrido medianamente interesante parece  diluirse. Pero es cuestión de tener paciencia: el manto vegetal se reabre a  20 kilómetros de la pieza mayor y asoman los numerosos atractivos de Puerto  Iguazú.

Cerca de las Tres Fronteras surcadas por los ríos Iguazú y Paraná, la  originaria cultura guaraní se fusiona con el bagaje de los inmigrantes  europeos y los sabores típicos se combinan con sitios históricos, tradiciones  prehispánicas, recreación y sitios dedicados a la preservación del entorno  natural. Aquí van diez sugerencias para tomarle el pulso a este lugar único,  envuelto en selva y tierra rojiza en la generosa geografía de la Mesopotamia.

Las Cataratas

En el corazón del Parque Nacional Iguazú, el bramido de las Cataratas atenúa  cualquier sonido, al punto de minimizarlo como tímido rumor. En este confín  de Misiones envuelto en selva y tierra rojiza, las aguas del río Iguazú se  acercan agitadas y se vuelcan desde 275 saltos. El conmovedor espectáculo,  que se torna estallido en la Garganta del Diablo, deja impávidos a los  turistas, sea cual fuere su origen. Les llena los ojos, los perturba y agita  todos sus sentidos. El latido del corazón empieza a acelerarse con la  aparición en escena del salto Dos Hermanas. Son tres caídas paralelas de 30  metros de altura, que van a parar a un piletón verdoso y agitan las bandadas  de urracas, zorzales, calandrias y carpinteros.

La selva se digna a descorrer su velo y la panorámica se empapa con el  torrente disparado por el salto San Martín, la atracción central del Circuito  Inferior. Las manchitas anaranjadas de los gomones que se animan a exponerse  al diluvio son borroneadas por el agua que arrecia también desde el salto  Escondido. Después del esfuerzo padecido por igual por los tripulantes y sus  pasajeros, unos y otros recuperan fuerzas despatarrados de cara al sol en la  playa de arena de la isla San Martín. Un oportuno arco iris, extendido desde  la costa brasileña hasta las empapadas barrancas del lado argentino, pinta el  crepúsculo con colores vivos. Bajo el predominio de los verdes de la selva,  bandadas de colibríes, tucanes y miles de mariposas aportan al festival  cromático, que se extiende al rojo chillón de los ceibos florecidos, el  amarillo de los perobá y el tono cobrizo que adoptan los cupay, Más tarde,  los paseos nocturnos a la luz de la luna llena exhiben este magnífico  resguardo de naturaleza a través de su profusión de sonidos y perfumes.

La Aripuca

El inquieto Otto Waidelich, miembro de la colonia de inmigrantes alemanes de  Andresito –un pueblo cercano a Iguazú rodeado por siete reservas naturales–,  no tuvo mejor idea que recrear a escala gigante la trampa de madera que  utilizaban los originarios pobladores guaraníes para cazar aves. Para ello,  se valió de treinta troncos tumbados en la selva, de 200 a 500 años de  antigüedad. En total, la obra de 17 metros de diámetro por 30 metros de  diámetro es sostenida por 500 toneladas de treinta de las doscientas  variedades de madera contabilizadas en la selva de Misiones.

​El recorrido por el parque que rodea la atracción mayor es guiado por Cunumí  Reró Candiyú, –”Pequeño brillo del sol”, rebautizado Fabiano Fernández en su  documento–, que vive en una de las seis aldeas mbyá guaraníes de la zona.  Cunumí es campeón provincial de competencias con arco y flecha, discípulo de  su abuelo cazador, que también solía utilizar aripucas para procurar  alimento. En el salón de productos típicos artesanías en madera, como arcos  de guatambú con dos flechas, cerbatanas de fibre de caña de bambú o güembé,  canastos, mates, réplicas de yaguareté y tucán, helados de yerba mate y  rosella y hasta dulces comestibles de madera yacaratiá.

El Jardín de los Picaflores

A pocos pasos del centro de Puerto Iguazú, Marilene “Mary” Moschen propone un  paseo por el ámbito más familiar posible: el jardín de su propia casa, donde  la empalagosa fragancia de 150 especies de plantas atrae a toda hora a más de  50 pájaros de siete variedades de añumby (picaflor). En invierno se acercan  muchos más pájaros característicos de la mata atlántica (que recubre Misiones  y parte de Paraguay y de Brasil) y la cifra y el sonido estridente se  cuadruplican.

El momento ideal para disfrutar de este magnífico espectáculo de trinos  agudos y vuelos rasantes es entre las 4 y las 6 de la tarde, cuando las aves  acuden masivamente a picotear bromelias, rosas chinas y farolitos. Leandro  Castillo, el hijo de la dueña de casa, no deja de sorprenderse por el interés  compartido por expertos ornitólogos con bebés y niños. Su madre trajo la idea  de su tierra original (la zona rural de Sao Miguel do Oeste, en el estado de  Santa Catarina, Brasil), donde una multitud de pájaros se posaba sobre sus  plantas nativas y bonsáis y ella los alimentaba con néctar de azúcar.

The Argentine Experience

En la avenida Brasil, a dos cuadras del muy concurrido cruce de calles Tres  Bocas, The Argentine Experience acaba de introducir una propuesta de alta  gama en medio de los estridentes sonidos disparados por las tiendas populares  y los comedores masivos del centro. La idea de los creadores de este  restaurante inusual, inaugurado a mediados de noviembre pasado, es compartir  una cena exclusiva en un salón con capacidad máxima de treinta personas,  mientras el menú combina la comida con una detallada explicación de usos y  costumbres muy arraigadas en la cultura argentina.

De principio a fin, los diálogos entre huéspedes y anfitriones transcurren en  idioma inglés. La cena empieza puntualmente a las 20, cada noche de lunes a  sábados. Los clientes son agasajados con vinos torrontés, malbec y un blend,  pero todo llega a su tiempo. El primer paso lo brinda el trago de bienvenida  malabeca (mezcla de pisco, malbec, lima y jugo de manzana) acompañado por  mandiocas fritas. Después, los comensales se colocan un delantal y gorro, ya  que también tienen que demostrar sus dotes de cocinero. En una atmósfera  amena y didáctica, se les sirve pacú con vino torrontés y se los alecciona  sobre el repulgue de la empanada. Cada uno prepara la suya con carne cortada  a cuchillo y surubí y luego –mientras desfilan una opulenta picada, lomo con  salsa de romero y postres–, los instructores-camareros se explayan sobre las  carnes “jugosas”, “muy jugosas”, “a punto” y “bien cocidas”, la mejor forma  de preparar el mate y los secretos del alfajor.

Hito de las Tres Fronteras

El renovado paseo costero de Puerto Iguazú acompaña el tramo final del curso  del río Iguazú hasta su desembocadura en el Paraná. Desde el Hito de las Tres  Fronteras, las orillas de Brasil, Paraguay y Argentina son tres cortes  calcados de una misma geografía. De entrada se nota el diseño renovado del  sector de tiendas de los artesanos, que ofrecen yerba, mates de laca, vidrio  líquido, calabaza, incienso y palo de yerba, suvenires de madera y joyas de  piedras semipreciosas de Wanda (a 48 km de Puerto Iguazú).

La clásica postal del obelisco celeste y blanco y los mástiles de los tres  países vecinos fue removido de su emplazamiento original y reubicado en el  punto inicial de una pasarela construida sobre la barranca, que ofrece nuevos  miradores para fotografiar el anfiteatro circular de la costa brasileña, las  mínimas instalaciones de Puerto Franco (en Paraguay), las borrosas siluetas  de los edificios de Ciudad del Este y un recorte del Puente de la Amistad, el  paso internacional que vincula Paraguay con Brasil. Una vez que el sol deja  de iluminar este paseo tradicional de Puerto Iguazú, se encienden cinco focos  y cuatro columnas de sonido y la plaza seca es empapada por las aguas  danzantes de una fuente. Durante ocho minutos, el espectáculo “Luz y sonido”  recrea el encuentro de las tres culturas fusionadas en esta región.

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