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Una casa insólita en Cuba que aspira al Récord Guinness

Una casa insólita en Cuba que aspira al Récord Guinness

Publicado por Miguel Ernesto el 25 de Septiembre del 2015

Domingo Alás Rosell es un arquitecto cubano que entiende desde una perspectiva original el arte de diseñar y construir. Su obra más reciente ha sido realmente muy llamativa: la Casa Insólita, edificación ubicada en la oriental provincia de Las Tunas, a unos 700 kilómetros al este de La Habana, que combina la arquitectura y una interpretación ingeniosa de las leyes de gravitación universal, con el propósito de crear en las personas ilusiones ópticas y físicas.

La institución cuenta con cinco cámaras o habitaciones, cada una de las cuales está dedicada a una figura prominente de las ciencias: Arquímedes, Pitágoras, Isaac Newton, Galileo Galilei, Leonardo da Vinci y Albert Einstein. Péndulos de relojes que descansa en un extremo, agua que da la sensación de correr hacia arriba, una silla en la que todos se pueden sentar con facilidad y luego prácticamente es imposible pararse, una mesa de billar inclinada en la que todas las bolas se mantienen estáticas; son algunos de los fenómenos que se pueden apreciar en el insólito recinto. Para conocer interioridades de este sui géneris proyecto conversamos con el arquitecto Alás Rosell.

¿Cómo surgió la idea?

“Un grupo de amigos franceses, que seguían mi labor con la construcción de relojes y calendarios solares, me presentaron una vez varios documentos en los que se hablaba de las llamadas “habitaciones antigravedad”. Aquel tema me llamó mucho la atención y me lanzaron el reto de diseñar una. Eso fue a principios de este siglo y enseguida comencé a realizar experimentos en mi casa y a documentarme sobre las características de estos edificios.

Contacté con personas que me enviaron información a mi correo electrónico y a partir de ese estudio empecé a perfilar el proyecto. Me parecía que lo más difícil iba a ser encontrar apoyo para construirlo; sin embargo el gobierno local se mostró muy entusiasmado y dio un seguimiento muy cercano a todo el proceso constructivo.”

La Casa Insólita demoró casi dos años en construirse ¿Por qué tanto tiempo?

“Lo primero fue que nos planteamos que no íbamos a edificar presionados por una fecha para la inauguración oficial. En Cuba no existían referencias de una obra similar. A pesar de que las brigadas de albañiles tenían experiencia en su oficio, ninguna había hecho algo semejante.

Aunque no se emplearon ni materiales ni herramientas de última tecnología hubo retrasos, a veces por la llegada tardía de recursos y otras veces porque el propio proceso constructivo lo exigía. Yo realizaba cálculos y experimentos sobre la marcha para comprobar los ángulos de inclinación y las longitudes. Se trata de una obra en la que hay poco espacio para la imprecisión.

Hubo momentos en los que los albañiles tuvieron que trabajar en posiciones muy incómodas, lo que hacía todo más lento. Luego vino el proceso de diseñar y construir todos los aparatos para mostrar los fenómenos ópticos y físicos. Todos fueron diseñados por mí. El más llamativo es el mueble Tragabolas, único de su tipo en el mundo.”

La Casa Insólita tuvo y tiene detractores. Algunos dicen que se trató de un proyecto muy costoso…

“Con esta institución lo que se quiere es que la gente reflexione, saque conclusiones y descubra lo que le podrían llamar “truco”, que es una ilusión que crea la forma de hacer la arquitectura. Mi propósito era que las personas allí dentro disfrutaran de todos esos efectos, concebidos para el esparcimiento sano y educativo. No es para confundir, sino para educar. Aunque está enclavada en un ambiente de magia no es magia lo que allí se va a hacer, más bien son experimentos físicos. Es bueno que existan personas incrédulas, así es mejor, eso le pone sal y pimienta al tema y después que vengan a ver.

El arquitecto debe saber que tiene la responsabilidad de hacer algo que va a trascender por su carácter artístico, pero también utilitario y ese es uno de los grandes retos. Cuando concibo un edificio trato siempre de ponerme en el lugar de las personas que lo van a utilizar y de aprovechar la tecnología para reciclar materiales.

Arquitecto Domingo Alás Rosell

¿Está satisfecho con la obra luego de inaugurada?

“Concebí la Casa Insólita como un proyecto en constante crecimiento. La gente puede sugerir otros experimentos y enriquecer las exposiciones. Además, a la idea original se añadieron otros espacios como una sala para la proyección de películas en tercera dimensión. Hay cosas que cambiaría, ahora que tengo un poco más de experiencia, pero de manera general estoy muy complacido, sobre todo porque la respuesta del público ha sido muy satisfactoria”.

Actualmente se preparan los documentos para que la Casa Insólita sea reconocida por el Libro Guinnes de los Records como la mayor de su tipo en el mundo. Domingo Alás Rosell esperará por esa noticia mientras emprende un nuevo plan, esta vez en el lejano Timor Leste, una pequeña isla del Océano Pacífico en la que espera construir otra vez un proyecto insólito.

Texto y fotos: José Armando Fernández Salazar / Panamericanworld. Cuba

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