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Café con aroma de Colombia

Café con aroma de Colombia

Publicado por PanamericanWorld el 20 de Enero del 2016

Colombia es conocida en el mundo por la extraordinaria calidad de su café. Después de años de producciones inconsistentes, en 2015 la cosecha de café en ese país alcanzó los 14,2 millones de sacos, una cifra que no se alcanzaba desde 1992.

“Es una buena noticia para un sector importante en la generación de empleo”, explica Luis Mejía, subdirector de la Dirección Nacional de Planeación (DNP), organismo encargado de las políticas de desarrollo económico, social y medioambiental en el país. “Pero el café no es un componente esencial ni de la canasta exportadora ni del PIB. Colombia ha cambiado”.

El café representa el 6% de las exportaciones totales y un 0,8% en el PIB, según datos de la DNP. Lejos quedan los años veinte en los que el grano copaba el 80% de las exportaciones y Colombia representaba el 10% de la producción mundial. Los porcentajes fueron aumentando con las décadas y el gremio se convirtió en el Dorado del país. “Hace 40 años construíamos carreteras, escuelas, acueductos o proyectos de electrificación rural”, recuerda Roberto Vélez Vallejo, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros. “Ahora nuestro objetivo es devolver la rentabilidad a la caficultura”.

Durante los últimos 10 años los ingresos de los cafeteros se han visto muy afectados por la devaluación del peso. “El negocio dejó de ser atractivo”, explica Vélez Vallejo, “mantenemos la incertidumbre de cómo evolucionará el tipo de cambio”. La Federación decidió llegar a un acuerdo en 2010 con el Gobierno para renovar el sector en cinco años. A través del Centro Nacional de Investigaciones de Café (Cenicafé) se produjeron nuevas semillas resistentes a las plagas. “Además, entre 80.000 y 90.000 hectáreas han cambiado café viejo por nuevo para conseguir una caficultura de una edad promedia que ha pasado de 11 a siete años. Cuanto más joven sea la mata, más cantidad produce”, dice el representante de los cafeteros.

El café y la paz

En el último congreso cafetero el sector ofreció al Gobierno de Juan Manuel Santos su ayuda como “ejecutores de recursos” para el posconflicto consciente de que al sobreponer el mapa de la violencia con el cafetero “se identifican áreas muy afectadas”. Las propuestas pasan por:

  • Crear áreas de reinserción de guerrilleros. “Las familias cafeteras están listas para trabajar con excombatientes, aunque puede que nos cueste otros 50 años aprender a perdonar”.
  • Plantación de café en nuevas regiones para “crear economías sostenibles en áreas donde lleguen desmovilizados”.

Estos futuros planes se unen a los que ya implementa la Federación desde 2012 con el programa Huellas de Paz, con ayuda de la cooperación española, que beneficia a más de 4.000 familias de zonas cafeteras en 22 municipios de cuatro departamentos de Colombia.

Estas medidas han mitigado los efectos de la crisis financiera internacional de 2009 que tumbó las exportaciones, las consecuencias de las inundaciones de la Niña que durante dos años ahogaron el café, y pretenden ser un paliativo para la sequía del Niño que durante el primer trimestre de 2016, según las previsiones del Gobierno, seguirá afectando a Colombia. Aunque por el momento se desconoce el posible impacto de la falta de agua. “Estamos monitoreándolo”, apunta a decir Mejía.

Al mismo tiempo, el pacto ha reorientado la filosofía del país de Juan Valdez. Con tres ministros y un director de planeación –con la misma categoría- sentados en la Federación Cafetera el consenso sobre hacia dónde debe dirigirse el sector pasa por el aumento de la productividad. “La política del gremio se ha basado en explotar la reputación del café, se concentraron en ese prestigio, mientras que el resto de países se movieron a cafés de menor calidad y una producción mayor”, relata el subdirector de la DNP. “La visión del Gobierno es económica, podemos tener distintas categorías y venderlas en el mercado de acuerdo a su calidad y con transparencia. Nos hemos retrasado en la producción y la nueva política quiere incentivar, por ejemplo, la variedad pasilla”. Es decir, un café elaborado a partir de granos de menor calidad por ser defectuosos, según la descripción de Cenicafé.

Esa demora en la producción que identifica el Gobierno provocó, entre otras razones, que Colombia desapareciera de las mezclas, en palabras de Vélez Vallejo. “Ya hemos recuperado esa posición a costa de precios competitivos”. Ambas partes aseguran que la marca sigue siendo apreciada en el mercado internacional y que la apuesta por los cafés especiales continuará para reforzar la calidad. “El volumen de la producción de Brasil, estará compensado por los aumentos en Vietnam, Colombia e Indonesia y otros países”, según la Organización Internacional del Café.

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