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Cada año aumenta la cantidad de latinoamericanos que vienen a Uruguay a "solucionar" sus vidas

Cada año aumenta la cantidad de latinoamericanos que vienen a Uruguay a "solucionar" sus vidas

Publicado por José Peralta el 24 de Noviembre del 2014

En su pieza de unos nueve metros cuadrados, Haydeé de León está sentada en una silla comiendo fideos de un tupper. A su derecha hay una cucheta. La cama de arriba funciona como su armario, con la valija y varias prendas al costado. A la izquierda hay otra cucheta que comparte con otra inmigrante.

Ella es dominicana, tiene 46 años y hace ocho meses que llegó a Uruguay en busca “de aventura”, según cuenta. Le dijeron que en el país “hay trabajo de calidad y buena vida”.

Un rincón contra la puerta sirve de repisa para colocar tres termos de colores, algunas cajas y revistas. El respaldo de la cama es su tendedero. No hay ventanas y el baño es compartido con otras 22 personas que hoy están en la Casa del Inmigrante César Vallejo en Ciudad Vieja. Ese es su nuevo hogar en Montevideo.

En Santo Domingo, a unos 6.000 kilómetros, la esperan sus dos hijas, Subgeri y Nicauri Encarnación, de 22 y 24 años. Allí Haydeé era vendedora ambulante y ganaba el equivalente a unos $ 4.000 al mes, que “no dan para más que sobrevivir”. Por eso pidió un préstamo, compró el pasaje y viajó a Uruguay. Aquí es bachera en un restaurante de Pocitos y gana $ 13.000 mensuales que le dan para pagar la cuota de $ 3.000 al banco, mandar algunos dólares a sus hijas y vivir.

Pero ya tiene decidido que volverá a República Dominicana. “Me dijeron que podía vivir bien, pero así no, la forma de vivir acá es muy difícil y cara, pero si hice el esfuerzo de venir voy a pagar mi préstamo y juntar para el pasaje”, dice agachada en su cama.

Igual que ella, desde 2011 llegan decenas de centroamericanos. En su mayoría para trabajar en servicios de limpieza, agencias de seguridad, supermercados, la pesca y la construcción. Tanto el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) como el sindicato de los servicios (Fuecys) tratan con ellos y coinciden en que en los últimos años los centroamericanos y sudamericanos, sobre todo peruanos y bolivianos, aumentaron su presencia en Uruguay.

En 2011 unos 77.003 extranjeros vivían en Uruguay, según reveló el censo. El 68% había llegado antes del 2000. Más de 27.000 estaban registrados en el Banco de Previsión Social en el 2013, considerando a quienes tienen cédula uruguaya como a los que no y a los que trabajan en zonas francas, embajadas y por traslados temporarios. De ellos, unos 15.500 inmigrantes de 130 países tienen documento uruguayo; otros 12.000 de 80 nacionalidades no lo tienen.

Ismael Fuentes, presidente de Fuecys, clasificó en tres las situaciones de llegada: “El que viene engañado creyendo que está en un país de primer mundo por su crecimiento económico y cree solucionar su vida (ahí hay mucho sudamericano); otra es el tráfico ilegal de mujeres con promesas de trabajo, pero que las colocan en la prostitución, y una tercera de pasada hacia Argentina, donde están los centroamericanos”.
El subsecretario de Trabajo, Nelson Loustaunau, usa otra identificación: la inmigración ordenada y la desordenada. En la primera se encuentran empresas que traen a sus trabajadores con documento y contratos firmados. En la segunda categoría están quienes ingresan con permiso de turista y se instalan en Uruguay. “Peruanos, bolivianos, dominicanos son los que están más desordenados, al punto que no queda claro si lo usan como puente para ir a Argentina o si quieren quedarse acá”, dijo el jerarca a Búsqueda.

Algunos de ellos se instalaron. En 2013 la Dirección Nacional de Migraciones concedió 3.748 residencias, de las cuales 235 correspondieron a peruanos, 42 a cubanos y 29 a bolivianos. En los primeros cuatro meses de este año se otorgaron 1.520, entre las que hay 84 a peruanos, 34 a bolivianos, 31 a cubanos y nuevos inmigrantes de República Dominicana (siete), El Salvador (cinco) y Guatemala (tres).
Por otra parte, los plazos para tener cédula uruguaya se acortaron a partir de la entrada en vigencia en agosto de la ley Nº 19.254. Para que un nacional del Mercosur y sus estados asociados (toda América del Sur) obtenga la residencia permanente en Uruguay, solo debe presentar partida de nacimiento y antecedentes penales de los últimos cinco años.

Esos trámites los realiza Cancillería, con lo cual Migraciones (que antes se encargaba de todas las residencias) reduce su trabajo y agiliza otros trámites, entre ellos las solicitudes de cédula para extranjeros.

Esto explica, según Fuentes, la llegada de al menos un tercio de los centroamericanos. “Vienen a Uruguay como puente. Sacan la cédula y luego cruzan a Argentina, donde se les pedía visa, pero con el documento pueden ingresar”, dijo el dirigente.

Uruguay también exige visa a República Dominicana; sin embargo, no impide su llegada, ya que el objetivo de Cancillería, en acuerdo con su par dominicana, es asegurarse de que el inmigrante viaje por su voluntad.

La directora de Asuntos Consulares y Vinculación del Ministerio de Relaciones Exteriores, Lourdes Boné, explicó a Búsqueda que aunque “puede resultar una medida antipática”, la intención es “tener un punto de contacto de información y chequeo de que la persona lo hiciera voluntariamente y no pagara costos que no tiene por qué pagar para venir”.

Sueño uruguayo. Benito Blas era peruano y hace unos años decidió venir a Uruguay para reiniciar su vida. Salió desde Lima sin pasaje y con U$S 50 en el bolsillo. Hizo todo tipo de trabajo en los países que atravesó durante los 15 días de viaje hasta Montevideo. Al llegar no tenía empleo ni dinero para un hotel, por lo que se instaló en la Casa del Inmigrante “César Vallejo”, ubicada en Reconquista 471.

Allí lo recibió su compatriota Carlos Valderrama, director del centro por el cual, según contó a Búsqueda, desde su apertura en 2001 pasaron más de 3.200 inmigrantes. El 30% fueron peruanos, el país con mayor presencia, pero desde 2011 llegaron unos 1.800 centroamericanos.

“Algunos querían irse a Estados Unidos pero las posibilidades eran complicadas y optaron por venir al sur. Algunos se han quedado, otros después de sacar la cédula se fueron a Argentina, Brasil y Chile”, dijo.
Quienes llegan al centro son los menos regulados, ya que están sin trabajo, y hay algunos indocumentados. Llegan sin dinero para mantenerse y terminan viviendo allí “precariamente”, como dice Valderrama, “pero al menos con un techo”. Los inmigrantes que conoció son de dos tipos: la migración peruana que llega en busca de cualquier trabajo y la centroamericana que va a empresas de seguridad, agencias de limpieza y servicios domésticos.

En ambas situaciones, los ingresos “como mínimo triplican lo que ganaban en su país” pero “el costo de vida no es lo que esperaban”. “Pueden mandar U$S 200 a sus familias —con suerte era su sueldo allá—, pagan las deudas de pasajes y algo les queda para vivir acá, pero, aunque ganan más, les es muy difícil. Antes era ir tras el sueño americano, ahora les venden que acá es el sueño uruguayo”, afirmó.

La mayoría de los inmigrantes centroamericanos y sudamericanos que llegaron entre 2005 y 2011 lo hicieron en edades activas para el mercado laboral. Según el censo, 53,9% de los peruanos tienen entre 15 y 34 años y 32,1% entre 35 y 64 años. El 46,2% de los arribados desde otros países de Sudamérica tienen entre 15 y 34 años y el 33,6% entre 35 y 64 años. De los inmigrantes de Latinoamérica y el Caribe, el 38,3% tiene entre 15 y 34 años y el 30,5% entre 35 y 64 años.

Asimismo, el 66,9% de los llegados de países sudamericanos (menos Argentina y Brasil) se instaló en Montevideo, mientras que de los procedentes de Centroamérica, Caribe y México el 68,9% se radicó en la capital.

Seguirán llegando. El demógrafo Juan José Calvo sostiene que “los inmigrantes extranjeros son un volumen muy pequeño para suponer un impacto” y “no están desplazando uruguayos en el mercado de trabajo”.

“Lo que opera es una cuestión general en un mercado muy dinámico. Aumentaron las remuneraciones y esta información circula en distintas partes del mundo por redes de inmigrantes que vinieron y lo comunican a otros potenciales”, indicó a Búsqueda.

Para Calvo sus llegadas se explican por la migración intrarregional que vive América Latina como consecuencia de dos cosas: “Los mercados de trabajo a los cuales migraban los latinoamericanos, particularmente Europa y Estados Unidos, atraviesan problemas económicos y han endurecido los controles a los migrantes; y al mismo tiempo, la región lleva una década de crecimiento económico”.
Para el subsecretario de Trabajo “la inmigración se irá incrementando como consecuencia de los movimientos que generará el mercado laboral mundial”. La Organización Internacional de Trabajo estima que para 2030 se perderán 20 millones de puestos de trabajo, por lo que Loustaunau sostiene que habrá más personas buscando empleo.

Fuentes estima que “el proceso se va a profundizar en la medida que viene gente, se instala y lo transmite a sus familiares, que van a continuar llegando”.

El ejemplo. Una joven centroamericana llegó a Fuecys pidiendo ayuda. Quien la trajo a Uruguay le prometió trabajo pero al llegar quiso colocarla en locales de prostitución. Ella se contactó con el sindicato y logró tramitar la documentación para irse a Buenos Aires meses después.

“Lo lógico hubiera sido denunciar pero el miedo hace que afiliar a este tipo de trabajador sea complicado; más aún porque están poco tiempo y se van o están acostumbrados a no tener ámbito sindical en su país”, indica Fuentes.

En los últimos tres años Fuecys contactó 20 casos, aunque no todos se afiliaron sino que algunos solicitaron ayuda y abandonaron el trabajo o el país.

La construcción de proyectos de gran porte provocó que arribaran trabajadores calificados de distintas partes del mundo. Turcos, croatas, checos, polacos, bolivianos, alemanes, chilenos entre otros tantos participaron de la construcción de la planta de celulosa Botnia (hoy UPM) y de la de Montes del Plata. En ambos casos, el sindicato de la construcción (Sunca) logró afiliarlos y defendió sus derechos como trabajadores que se rigen por el sistema legal uruguayo.

Para Loustaunau “el ejemplo” es el Sunca porque “se adelantó y encontró la manera de relacionarse con los trabajadores extranjeros”. “El resto debería tomar en cuenta su experiencia si quiere captarlos, porque ya están llegando”, comentó.

El PIT-CNT tiene claro que este es el escenario a futuro y por ello en la última gira que realizó el presidente José Mujica por Estados Unidos, el representante sindical Milton Castellano firmó con la central norteamericana AFL-CIO un acuerdo de cooperación con asesoramiento para la relación con inmigrantes.

De aquí no me voy. Quienes deciden quedarse priorizan otras cosas además del salario. Milagros es una joven peruana que pisó Montevideo por primera vez el 10 de noviembre de 2013. Su madre lo había hecho años atrás y le facilitó su llegada. Por la tarde trabaja en una empresa de seguridad que brinda servicio en el Ministerio de Trabajo mientras que en la mañana va a la Facultad de Derecho, donde estudia la carrera de Relaciones Internacionales.

Le hubiese gustado hacerlo en Lima, donde tiene “las raíces”, pero según cuenta “era imposible” por los altos costos de las universidades privadas y los pocos cupos que dan las entidades públicas. Su carrera en Perú le costaría unos U$S 500 mensuales pero aquí lo hace gratis. “Por eso me arriesgué a venir”, dijo.

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