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Brasil rompe el sueño de Colombia

Brasil rompe el sueño de Colombia

Publicado por Juan Gavasa el 05 de Julio del 2014

Un halo fúnebre se extendió ayer por Fortaleza cuando Neymar abandonó el campo en camilla. Un par de horas después, los médicos de Brasil confirmaban la baja definitiva del genio, víctima de una fractura de vértebra tras el rodillazo de Zúñiga que acompaña a estas líneas. Se habían apagado las luces en el Castelao cuando se oscureció de repente el panorama para Brasil, hasta entonces aliviado por un triunfo de inconfundible halo pragmático ante una Colombia insistente, pero sin cuajo. Una de esas victorias que se recuerdan siempre por la desgracia que trajeron de la mano. [Narración y estadísticas]

Crece ahora la angustia para la Verdeamarelha, que sufrirá ante Alemania como ayer en el tramo final en Fortaleza, con un gol anulado a Yepes por evidente fuera de juego y el postrero penalti transformado por James. Se bregará ante Özil, Kroos o Müller como lo hizo ante Cuadrado, James o Teófilo Gutiérrez. Volverá a ser el Brasil del músculo, el que no duda en interrumpir el juego las veces que haga falta, frente a la suave tecnología de acero germana. Quizá no sea suficiente ya, debido a la estructural baja de Neymar y la sanción a Thiago Silva.

Pero volverán a competir, aún convencidos, como casi 200 millones de compatriotas, de que casi lo tiene al alcance de la mano. Nada le importará bordar un segundo tiempo como el de ayer, donde se limitó a echar el candado y esperar un milagro, como ese libre directo de David Luiz donde no alcanzaba Ospina. Lo repetirá las veces que haga falta Scolari, que hasta el martes puede relajar un poco el gesto, aunque sólo sea para contemplar su nombre en el libro de oro de la Copa del Mundo. Ya es el tercer técnico con más victorias del torneo, por delante de Mario Zagallo. Si finalmente toca el cielo el 13 de julio en Maracaná, habrá igualado a Helmut Schön.

Rebeldía colombiana

Quede constancia, que pese a ser inferior, Colombia fue rebelde contra su sino, con el hechizo de James o el tesón de Cuadrado, que nada más empezar ya pasó revista ante Julio César desde la frontal. A ratos pareció el conjunto de Pékerman capaz de mantener a raya a un rival verdaderamente apabullante en lo físico, competitivo hasta el extremo, por lo civil o por lo penal. Beneficiado, también, por un árbitro que no puso límite a su agresividad.

Valga el ejemplo de Fernandinho, autor de tres infracciones clamorosas ante James, dos antes del cuarto de hora. Al descanso sumaba ya cuatro y Velasco Carballo consideró que aquello podía pasarse sin tarjeta. Quede claro que Brasil no ganó por eso, pero la permisividad del madrileño dio aún más alas a su vigor. Lo mismo quedó escrito hace un año en la final de la Confederaciones. En esta ocasión, a la hora de fútbol en el Castelao ya sumaba 25 faltas Brasil y la primera amonestación, para Thiago Silva, fue por obstaculizar el saque a Ospina. La segunda, sobrepasado el ecuador del segundo tiempo, recayó sobre el desdichado James. Así fue la génesis del golazo de David Luiz. Así, de nuevo con el balón parado y la aparición de un central, sentenció Brasil el partido. Al fin y al cabo había sido superior a un adversario que le vino grande el envite.

Por demasiadas razones, empezando por la alineación. Con la renuncia a Jackson Martínez en beneficio de Ibarbo, volante por la izquierda para que Cuadrado se instalara frente a Marcelo y Teófilo Gutiérrez quedase como única referencia. Intimidado por el ambiente y por el lógico vértigo a unas alturas nunca exploradas, el equipo de Pékerman fue hasta el descanso bastante menos de lo esperado. Vaya en su descargo lo gigantesco del desafío y la grandeza del rival. El mejor Brasil del campeonato, sobre todo en un tramo inicial donde pudo romper la baraja gracias a la profundidad de Hulk y Marcelo por la izquierda. Ospina desactivó varias llegadas justo por allí. Aferrado a la profundidad de sus zurdos, amenazante en cada acción de estrategia, Brasil se fue adueñando de la situación metro a metro.

En nada varió su manera de engarzar peligro, con un robo de Fernandinho hacia la carrera larga de Neymar. Un balón parado, mismamente, siempre en botas del astro azulgrana. Ni se habían cumplido 10 minutos cuando la hizo flotar desde la esquina para que se reivindicara Thiago Silva, libre de marca en el segundo palo. En esa celebración ya estaba la génesis de todo. Del refrendo posterior de David Luiz, del pase de un anfitrión que no tiembla por jugar feo y ganar a cualquier precio.

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