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Big Sur, una mítica senda en California

Big Sur, una mítica senda en California

Publicado por PanamericanWorld el 28 de Diciembre del 2015

Acantilados y playas salvajes impactan la vista en los 140 kilómetros de Big Sur, una mítica senda que comienza desde el río Carmel, en el condado de Monterrey, hasta San Luis Obispo, y aunque se puede recorrer en un día, se aconseja disfrutar de sus paisajes agrestes con diferentes paradas.

El visitante con querencia por la Generación Beat sabrá que está siguiendo los pasos de Jack Kerouac en el periplo personal a través de la Highway que dio pie a su desencantada novela Big Sur. Como el gurú literario, el trayecto ha de hacerse en sentido San Francisco-Los Ángeles, porque de ese modo, el arcén se halla pegado a la costa, que es la que procura las vistas más impactantes de este itinerario serpenteante salpicado de acantilados, playas salvajes, verdes praderas y dunas kilométricas.

‘La Isla del Tesoro’

En Big Sur la fuerza de las montañas se topa con la de los mares. A un lado de la calzada se encuentra la Sierra de Santa Lucía y al otro, el océano Pacífico. Los parques nacionales se suceden en la ruta, con posibilidad de hacer senderismo para avistar elefantes marinos, albatros, cóndores, mariposas monarca y el géiser delator que emerge de los espiráculos de las ballenas grises, azules y jorobadas. Quita el aliento asistir al espectáculo que ofrecen estos titánicos animales al emerger y golpear contra las aguas.

La flora también procura momentos deliciosos, tales como apreciar la lucha enconada de las ramas de los cipreses de Monterey contra el viento en la reserva marina de Point Lobos, admirar los endémicos abetos de Santa Lucía en la Ventana Wilderness y pasear entre inabarcables secuoyas en el Pfeiffer Big Sur State Park. Todas estas maravillas inspiraron a Robert Louis Stevenson su clásico La isla del tesoro.

Accidentes naturales y humanos

Entre los accidentes geográficos más evocadores se encuentra la cueva Partington, donde el mar adquiere un color azul aguamarina donde se transparentan los bosques de kelp, las algas más grandes del mundo, y la cascada McWay, que cae directa desde 24 metros de altura al mar o a la arena de la playa, en función de la marea.

La mano del hombre también ha procurado bellezas arquitectónicas, como el Bixby Creek Bridge, considerado uno de los puentes de un solo arco más altos, y el faro de Point Sur State Historic Park, que data de 1889.

El alcalde Eastwood

Hay visitas en este viaje que no tienen que ver con la estimulante naturaleza, sino con los hombres y mujeres que subyugados por el entorno se instalaron en sus inmediaciones a modo de retiro. Carmel-by-the-sea, por ejemplo, tuvo como alcalde entre 1986 y 1988 a Clint Eastwood, que mantiene un hotel de 31 habitaciones, Mission Ranch, en un rancho del siglo XIX de este recoleto pueblo donde no hay luces de neón, buzones, ni locales de fast food.

También merece la pena recalar en el restaurante Nepenthe, con una terraza con vistas a Los Padres National Forest. Este horizonte prendó a Rita Hayworth y Orson Welles, que en los años cuarenta se compraron una cabaña en los alrededores.

Por último, paren el carro y curioseen en el Henry Miller Memorial, una pintoresca biblioteca que rinde tributo al autor de Trópico de cáncer, quien se alojó en Big Sur entre 1944 y 1962. El lugar en sí es tranquilo, de aspecto alternativo, en primavera y verano hay una interesante oferta cultural que incluye proyección de cortos y conciertos acústicos en clave íntima. La programación guarda sorpresas inesperadas por la modestia del lugar, con recitales en el pasado de Red Hot Chilli Peppers, Band of Horses y Marianne Faithfull.

El rancho que inspiró a Orson Welles

Si hay un broche de oro para cerrar este viaje es Hearst Castle, el rancho del magnate de la prensa William Randolph Hearst que inspiró a Orson Welles la mansión Xanadú de la película ‘Ciudadano Kane’. La propiedad se extiende en 160 kilómetro cuadrados y cuenta con un suntuoso palacio de 56 habitaciones abigarradas de piezas de arte que los países europeos sacaron a subasta tras la Gran Guerra y el millonario adquirió y distribuyó sin orden ni concierto en su pantagruélico hogar. Cerámica griega, efigies egipcias, artesonado español, tapices flamencos, banderas de Siena, alfombras persas… Y no es todo, también hay piscinas, pistas de tenis, jardines, un aeródromo, un cine, 61 baños, 19 salones.

La desproporcionada casa era frecuentada por los más destacados actores de la época: Charles Chaplin, Clark Gable, Greta Garbo, Carole Lombard y Cary Grant, entre otros. Y en su zoo privado, el más grande del momento, con 300 especies, incluidas jirafas y osos polares, todavía se pueden ver algunas cebras correr por la colina. Un remate ‘kitsch’ a una travesía mítica.

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