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Archipiélago Fernando de Noronha, meca del buceo en Brasil

Archipiélago Fernando de Noronha, meca del buceo en Brasil

Publicado por PanamericanWorld el 02 de Octubre del 2015

El archipiélago Fernando de Noronha, ubicado en el nordeste de Brasil, es una de las reservas ecológicas más importantes de América Latina y una de las mecas para el buceo en la región. Con una extensión de 26 kilómetros cuadrados, este sitio especial está formado por 21 islas de origen volcánico, de las cuales solo la más grande está habitada por 3.600 personas.

Fernando de Noronha pertenece al estado de Pernambuco y presenta la impronta del Nordeste de Brasil en su música, gastronomía y pronunciación del portugués. Está apenas 4 grados debajo de la Línea del Ecuador y a 2.800 km del continente africano.


Este sitio especial está formado por 21 islas de origen volcánico. Foto: Infinity Travel

Para llegar allí primero hay que caminar por un sendero selvático. Luego se bajan dos escaleras metálicas, angostas y empinadas, ubicadas en la abertura de unas rocas enormes. Una vez que se sortearon esos inesperados obstáculos y con el equipo de snorkel intacto en el hombro, aparece un nuevo desafío para el estado físico: varias decenas de escalones de piedra, uno más alto que el otro. Finalmente, los pies se hunden en la arena de la Bahía de Sancho y uno comprueba que valió la pena el esfuerzo que demandaron los 50 metros de acantilados y que su fama no era exagerada... ¿Cómo no sospechar que estamos en una de las playas más hermosas del mundo?

Los peces de colores nadan hasta en la orilla, el mar es cálido y turquesa con olas mínimas, la vegetación es exuberante, el cerco de paredes rocosas forman piscinas naturales... Suena raro a la distancia –en tiempo y espacio–, pero durante algunas horas, toda nuestra atención estuvo enfocada en seguir con la mirada a una veloz tortuga marina, adivinar la silueta de algún delfín en el horizonte y esquivar un par de embarcaciones (la otra manera de acceder a esta playa). Nunca como entonces, las palabras del guía resultaron tan sabias y certeras. Porque como bien había advertido Márcio, “en Fernando de Noronha, el cuerpo se cansa pero la mente descansa”.

Este es un viaje que no puede ser librado a la improvisación. Sólo el hecho de estar en la isla significa que uno pertenece al selecto grupo de los 420 visitantes que son aceptados por día, para evitar la sobreexplotación turística.

Histórica y natural

“El paraíso es aquí”, dicen que afirmó Américo Vespucio al llegar por accidente en 1503 a Fernando de Noronha, algo tan incomprobable como creíble... ¿Qué otra cosa pudo haber dicho el navegante?

Aunque el nombre se lo debe a un noble portugués que jamás pisó la isla pero financió una serie de expediciones, su posición estratégica hizo que fuera escenario de invasiones de holandeses y franceses, antes de ser ocupada definitivamente por los portugueses. Para ponerle un freno a las invasiones extranjeras, en el siglo XVIII se construyeron diez fortificaciones –algunas pueden visitarse–, conformando el mayor sistema fortificado de Brasil de la época.

Desde 1737 hasta 1938, Noronha fue colonia correccional y, durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió como presidio político primero (de 1938 a 1942) y base militar después (de 1942 a 1945). A su vez, fue territorio federal hasta 1988, cuando pasó a ser Parque Nacional Marino dependiente del gobierno de Pernambuco y, por supuesto, fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO.

Absolutamente conscientes de vivir en un lugar especial, los isleños se esmeran en contar, una y otra vez, los orígenes y las características de Noronha. Por ejemplo, que el archipiélago surgió entre 12 y 8 millones de años atrás y que constituye la parte emergente de un volcán submarino extinto que tiene su base a 4.000 m. de profundidad y con 70 km de diámetro.

Desde los derrames de lava hasta las variaciones en el nivel del mar, sumados a las formaciones y sedimentos más recientes –como playas y arrecifes–, todo es explicado en la llamada “charla de introducción a la isla”. Patricia, del municipio de Noronha, sabe que ha brindado mucha información en pocos minutos y que uno irá asimilando los datos con el correr de los días. Pero también es importante entender dónde estamos, porque suele no valorarse lo que no se conoce ni se comprende.

“Preservar todas las formas de vida y aprender observando sus relaciones”. Así definen al ecoturismo al final de un didáctico power point, en las instalaciones del Proyecto Tamar. Un calendario enseña las actividades programadas e invita a observar el trabajo de captura y marcación de tortugas en las playas.

No culpes a la playa...

Las bahías y ensenadas de la isla encierran unas quince playas, todas distintas y encantadoras. El litoral noroeste está protegido de las corrientes y vientos, con playas de arena y mar verde esmeralda o turquesa. En cambio, el litoral sudeste se caracteriza por sus aguas azul oscuro.

La primera panorámica del viaje fue registrada en la Playa de Leão: desde lo alto de sus acantilados, ofrece una de las vistas más bellas de la playa donde desovan las tortugas marinas entre diciembre y julio. Nos cuentan que allí ponen unos 120 huevos por temporada, mientras que Baía do Sueste (Bahía Sueste) es su área de alimentación. Entonces se ven ¡dos tiburones limão! Y al preguntarle a Márcio (a esta altura, ya es Marcinho para todos) si uno los puede encontrar en el mar, sonríe: “Es un risco”. Sí, dijo riesgo.

Precisamente, nos dirigimos hacia Bahía Sueste para ver el único manglar de Sudamérica ubicado en una isla oceánica. Al andar por las calles de tierra, llenas de pozos gigantes, se entiende por qué el buggy es el medio de transporte más usado. Es que las medidas de protección ambiental no permiten mejorar los caminos.

La vegetación es alocada, caprichosa y agresiva, forma cuevas y esculturas verdes, tapiza morros. De ese caos vegetal –es imposible saber dónde comienza y termina cada planta–, surge un caballo blanco y, automáticamente, remite a las primeras y míticas temporadas de la serie Lost, cuando aparecía una vaca y anunciaba la presencia de “los otros”. Hasta ahora no vimos demasiados habitantes, pero es obvio que estamos menos solos de lo que parece.


Fernando de Noronha es un destino ecológico para sentir la naturaleza, para bucear entre peces y tortugas. Foto: Playas y Mar

“Es un destino ecológico, para sentir la naturaleza: buceamos entre peces y tortugas, vemos delfines y tiburones. Pero aquí también hay barro, mosquitos, piedras”, advierte Patricia, que vino de San Pablo en vacaciones y se quedó, hace 13 años. Y agrega: “El que no cree en Dios, aquí duda de la existencia”.

No se sabe si Bahía Sueste o Bahía de Sancho tiene las aguas más calmas, y algo similar ocurre con las playas de Atalaia y Bahía de los Porcos. Esta última es ideal para el snorkel porque tiene piscinas naturales cristalinas y se llega trepando rocas negras en las que se mimetizan los cangrejos.

Hay playas con acceso por tierra y por mar, buenas para la pesca o la práctica de surf entre diciembre y febrero. Es el caso de Cacimba do Padre, con olas fuertes azules, saladas y cálidas. Con los Dos Hermanos de frente, los chapuzones serán inolvidables.

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