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Aperitivos brillan de nuevo en barras y hogares de Buenos Aires

Aperitivos brillan de nuevo en barras y hogares de Buenos Aires

Publicado por PanamericanWorld el 03 de Diciembre del 2015

En Argentina se había instaurado la costumbre de ofrecer una bebida de aperitivo antes de cualquier almuerzo o cena familiar o con amigos para “abrir el apetito”. En años más recientes, aunque algunas familias seguían manteniendo la tradición, dejó ser algo obligatorio en la cortesía culinaria; sin embargo, ahora los aperitivos vuelven a brillar de nuevo en las barras y hogares de Buenos Aires.

Para muchos, esta costumbre se asocia a los barcos que llegaban desde el continente europeo, aunque también tiene historia y raíces argentinas, como la Hesperidina, bebida creada en 1864 por el americano Melville Bagley, la primera patentada en Argentina y consumida por numerosas mujeres debido a sus “propiedades medicinales”.

De hecho, era suministrada a los soldados heridos en la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Después aparecieron el Amargo Obrero, creado en 1887 para contrarrestar los tragos dulces que solía tomar la burguesía local de la ciudad de Rosario, y el Fernet, una bebida digestiva cuya versión mezclada con cola, y extendida como aperitivo, se considera ya más de Argentina que de Italia, su país de procedencia. La única fábrica fuera de Europa está en la provincia argentina de Córdoba.

Javier Sosa, responsable de la barra del 878, bar de puertas cerradas en Buenos Aires que recuerda los speakeasy neoyorquinos en tiempos de la Ley Seca, explica que “se le dio una vuelta de tuerca a este tipo de bebidas en Argentina ante la falta de destilados de importación. En ciertos momentos, fue algo típico acompañar la picada con Cinzano o Fernet, hasta que hace uno o dos años el vermú reapareció, para quedarse, en las barras porteñas”.

Santiago Policastro, conocido como Pichin, el barman de Perón, hizo crecer la coctelería argentina en la década de los 50 y, si bien escribió que no debe confundirse “un cóctel con un simple aperitivo”, inmediatamente aclara que “aceptamos que hay una inmensa cantidad de combinados que por su fórmula se consideran también bebidas para el aperitivo”, como demuestra uno de los más solicitados en Buenos Aires: el Cynar Julep (cynar, gin, menta y gaseosa de pomelo), que puso de moda el arte de crear nuevas bebidas sin tanta graduación alcohólica. O el Negroni, con Campari y Martini, cuyas diversas variantes responden al toque personal de cada camarero porteño.

Matías Vulej, de Bar Duarte, coincide en que “el aperitivo debe ser de baja graduación alcohólica. El vermú es un vino que saboreas, y los aperitivos tienen el mismo proceso de elaboración, aunque no sea a partir de un vino. El Cynar es aperitivo; el Cinzano o el Martini son vermú. Pero todos son para mezclar con mucha soda, un zumo… el más clásico es el Americano”. Añade que el Gancia batido fue uno de los que marcó hace varios años el regreso a este tipo de tragos, hasta llegar a un “resurgimiento empujado por los bares, con apoyo de las marcas. Son sencillos de hacer, baratos y funcionan como apertura hacia otro tipo de coctelería”. Incluso en 2013 se creó el MAPA (Movimiento Aperitivo Argentino) que, impulsado a escala nacional por firmas como Campari o Martín Auzmendi, invita a unir la experiencia de tomarse un aperitivo reformulado con lo mejor de la gastronomía.

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