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Antonio Berni, uno de los secretos mejor guardados de la pintura argentina

Antonio Berni, uno de los secretos mejor guardados de la pintura argentina

Publicado por Juan Gavasa el 26 de Noviembre del 2014

Antonio Berni (1905-1981) es uno de los secretos mejor guardados de la pintura argentina. Su relevancia en el país es indiscutible, pero más allá de Argentina sigue siendo un ilustre desconocido. Y eso a pesar de que sus obras se han expuesto en los principales museos del mundo. El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), dirigido desde julio por el español Agustín Pérez Rubio, intenta revitalizar la figura de Berni mediante la mayor concentración de obras jamás vista sobre dos personajes de su invención en los que trabajó desde 1958 hasta su muerte: el niño de la villa miseria Juanito Laguna y la prostituta Ramona Montiel.

La muestra es un recorrido por los mundos de ambos, incluidas las esculturas de monstruos que aparecían en las pesadillas de Ramona, a lo largo de 150 piezas procedentes de Argentina, Estados Unidos, Bélgica y España. Están expuestas en el MALBA hasta el 23 de febrero de 2015.

Muchos argentinos conocen al dedillo la vida de Juanito, hijo de un peón de la industria metalúrgica, al que Berni describía como “un chico pobre pero no un pobre chico”, alguien que no está “vencido por las circunstancias” sino "lleno de vida y esperanza". A largo de tres décadas a Juanito se le ha visto celebrar la Navidad con su familia, irse de vacaciones, bañarse con su perro, llevarle la comida a su padre a la fábrica —impresionante ese cuadro, por cierto— o sufrir inundaciones en la villa de igual modo que la siguen sufriendo medio siglo después los niños que viven ahora en las villas-miseria de Buenos Aires. Berni escribió en los años setenta: “Si bien (Juanito) es un arquetipo del Gran Buenos Aires, podría también serlo de todos los niños, de todos los changos de las ciudades de Latinoamérica. Podría ser de Santiago de Chile, de Lima, de Río de Janeiro, de Caracas…”.

Los argentinos conocen también a la perfección a Ramona Montiel, la bella costurera del barrio porteño de Pompeya, que atraída por los oropeles del gran mundo se convirtió en prostituta y fue procurándose la protección de millonarios, militares, curas… Durante décadas la han podido observar también en decenas de cuadros y grabados. Por eso no es nada extraño que uno de los dos curadores de la exposición, Mari Carmen Ramírez, hable de Ramona como de un personaje literario o una persona real: “Ella utiliza su personalidad como un instrumento para llegar al poder. Ella es la que está en control, no es una víctima”. Ya en 1963, cuando Ramona daba sus primeros pasos en el mundo, el padre de la criatura aclaraba en una entrevista: “Ella es un personaje de arrabal, como surgido en una letra de tango (…). Pasa por los momentos más duros, pero por momentos tiene una vida fácil; pasa a ser de costurera a amante de varios individuos… toda una complicada trayectoria, propia del siglo XX”.

Para plasmar la inmundicia de la villa en la que se crió Juanito, Berni caminaba por los barrios más míseros de Buenos Aires y recogía plásticos, latas, chapas, alambres, trapos, maderas quemadas, cartones, diarios, bolsos y cartones. Después convertía esa basura en fábricas, melenas, casas y las atornillaba y pegaba en sus cuadros.

Berni fue un pintor de afiliación comunista —nada que ver con el peronismo—, que bebió los aires surrealistas del París de los años 20; fue autor de la primera muestra surrealista en Argentina (1932) y más tarde gran abanderado del movimiento Nuevo realismo, terminó que él mismo acuñó y al que situaba en clara sintonía con el muralismo mexicano. Es uno de los grandes patriarcas de la pintura argentina.

A lo largo de tres décadas, a Juanito y Ramona se les abrieron las puertas de los principales museos del mundo, pero sólo en Argentina golpearon la conciencia del público —o del pueblo— hasta saltar de los cuadros a la calle y convertirse en folclore. En el país se pintaron cientos de camiones con sus nombres, se compusieron canciones populares, baladas y tangos. Pero ahí quedó. “La especificidad argentina de Berni ha conspirado contra su proyección internacional”, glosaba el diario La Nación en la crónica sobre la muestra. “Cuando no se lo confundió con parte del pack del nuevo realismo francés, se lo consideró en relación con México como un sub-Rivera”.

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