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Ali vs. Stevenson, ¿hubiera sido la pelea del siglo?

Ali vs. Stevenson, ¿hubiera sido la pelea del siglo?

Publicado por PanamericanWorld el 23 de Marzo del 2016

En su discurso para el pueblo cubano, Barack Obama mencionó como uno de los sueños incumplidos en la relación entre Cuba y Estados Unidos la no realización del duelo entre los boxeadores Muhammad Alí y Teófilo Stevenson, que muchos consideraron hubiera sido la “pelea del siglo”.

El mundo del boxeo suspiró casi una década por este combate, un imán de sueños con maletines por delante, de promotores poderosos como Bob Arum y, sobre todo, Don King. Este último llegó a ofrecer en 1978 cinco millones de dólares de la época a la gloria cubana para que se midiera al boxeador más carismático de todos los tiempos. El hombre con una derecha como cañón contestó con una célebre frase: "Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos. No cambiaré mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer".

Si en Múnich '72, Stevenson había bailado a sus rivales antes de llegar a una final en la que su rival rumano no se presentó, en Montreal '76 se vio, para los analistas, a uno de los mejores grandes pesos de la historia, pura sangre de la más alta escuela cubana combinada con una derecha triturada de músculo, mitad relámpago mitad martillo. Tanto es así que el irrepetible Howard Cosell, que estaba comentando la pelea de la final de esos Juegos Olímpicos junto a George Foreman, dijo al aire: "Stevenson sería el próximo campeón mundial de los pesados si desertara y pasara al profesionalismo. ¡Menuda forma de boxear!" Lo decía en la más gloriosa época de la categoría con estandartes como Ali, Frazier, Foreman, Spinks...

Y no era el único. Por ejemplo, la misma opinión difundió la revista Sports Illustrated, que le había dedicado una portada un año antes con "Antes Rojo Que Rico" y un artículo totalmente convencido de sus posibilidades para ser campeón del mundo profesional, "aunque él asegure que nunca lo hará".

El caso es que hubo dos intentonas muy serias por parte de Don King, el Rey Midas del boxeo mundial, para un peculiar e histórico cara a cara entre las 16 cuerdas. En la primera ocasión, en 1976, King ya había pactado con la Federación Cubana de Boxeo, que le reclamó que la pelea necesitaba la aprobación de Fidel Castro. Según contó, tenía el permiso de Ali para convencer con dos millones de dólares a Stevenson y la total aprobación del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) para que en dicha pelea estuviera en juego el título mundial, tal y como el novato Pete Rademacher había hecho en 1957 al intentar destronar a Floyd Patterson en su primera pelea profesional.

Al parecer, Fidel Castro puso como condición que Stevenson siguiese como campeón del mundo amateur, pero la proposición de cinco mini-combates en tres asaltos en diferentes ciudades norteamericanas, en diferentes días y con un árbitro internacional no convenció ni a Don King ni al propio Consejo Mundial de Boxeo.

En mayo de 1978, el promotor de melena electrificada -decían que para esconder los cuernos del diablo- volvió a la carga, y con más millones- en una conversación con Stevenson tras un encuentro de boxeo internacional amateur en el Madison de Nueva York entre las selecciones de Cuba y Estados Unidos. El 'aficionado' Jimmy Young no le duró al músculo caribeño ni un pestañeo y Don King más que dobló el anzuelo monetario: ¡Cinco millones de dólares!, el mismo botín que ofreció en el célebre rugido de la Selva a Foreman y Ali. Se dice que Stevenson declino con su célebre negativa de "mi pedazo de Cuba... ni por todo el dinero del mundo".

En realidad, el hecho de ser obligado a pelear a 15 asaltos como en el boxeo de verdad y que la mayor parte del botín era más que dudoso que llegara al propio Teófilo, hacían de la pelea una utopía. Las intentonas posteriores del promotor Ben Thompson, este sí con el beneplácito de Cuba, de cinco combates a tres asaltos o tres combates de cinco rounds en una gira por varias ciudades americanas no fueron suficientes para el propio Ali por tres millones de dólares. "No tengo nada que ganar contra un no profesional".

Ali y Stevenson, un galán que engatusaba en inglés no sólo a decenas de mujeres, se hicieron muy buenos amigos. El cubano siempre ejerció de anfitrión en las visitas de Ali a La Habana y mantuvieron la incógnita de quién hubiese ganado entre tantas risas como respeto.

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