Síguenos:

Alemania gana el Mundial de Sudamérica

Alemania gana el Mundial de Sudamérica

Publicado por Juan Gavasa el 13 de Julio del 2014

Al Messi actual no le alcanzó para cobrar el protagonismo con el que soñaba su fraternal Argentina. A Leo la final le llegó tarde. Con Götze no pudo ser más puntual. Un tanto para la historia por su valor para romper con una barrera infranqueable desde 1930: por primera vez Europa pudo brindar en América. El mérito correspondió a un gran equipo, a una selección que siempre fue respetada porque amedrentaba. Ahora, Alemania, con su cuarto título, merece ser admirada. Nadie jugó mejor en el campeonato. Y con menos, nadie compitió mejor que esta encomiable Argentina. El partido engrandeció a los contendientes.

Fue una final honorífica para Maracaná, un partido que merecía Brasil, porque el cataclismo de su selección no puede dar carpetazo a su imborrable archivo del tesoro. Alemania y Argentina se tiraron el fútbol a la cara, el de cada cual, sin que nadie se reservara nada. No hubo fuegos de artificio, sino un encuentro cuerpo a cuerpo, con timbre en las dos áreas, con Romero y Neuer en alerta máxima, con los alemanes con el balón cosido al pie, trazo a trazo. Y con los argentinos con el turbo. Unos con el gobierno en los espacios reducidos, otros con el dominio a campo abierto.

Argentina se impuso por encima de su valía, al menos de la mostrada hasta su estupenda puesta en escena en el día grande. Apareció el equipo mancomunado de siempre, pero nunca aceptó la heroica del que se siente más débil. Acorde con su cromosoma, todos fueron argentinos hasta el tuétano, con lo mucho que eso supone: nada de intimidarse. A las órdenes de Mascherano, la Albiceleste se abrochó cerca de su portero, pero no titubeó en desplegarse en estampida. Messi citó en carrera a los zagueros alemanes, Lavezzi les sacaba de rueda e Higuaín estaba al acecho.

Alemania, glorificada de por vida tras arrasar a Brasil, se sentía amenazada, no estaba ante un adversario con taquicardia. Higuaín la hizo palidecer tras un grotesco error de Kroos, al que le dio una pájara y quiso ceder la pelota a su portero cuando en medio del tránsito estaba el Pipa. El ariete argentino enfiló en línea recta hacia Neuer y disparó torcido. A veces, con el gol tan a la vista, algunos se ciegan. Higuaín, por dos veces, tuvo el edén a sus botas. La realidad le desbordó. Acabó en el banquillo.

El equipo de Löw, didáctico y armónico con sus pases subordinados, remaba por el costado de Lahm y Müller, pero en la otra orilla tenía un boquete considerable. Özil, el de pecho frío de tantas ocasiones, no auxiliaba a Howedes, un central reconvertido a lateral, de carrocería pesada. El equipo de Sabella dio con el acertijo y sus descargas llegaron por esa ruta de evacuación. En una de ellas, Lavezzi, tras una excelente maniobra de Messi, cogió marcha y su centro al área lo embocó Higuaín. Esta vez, con un cuerpo fuera de juego. Del siguiente asalto se encargó su capitán. Messi hizo inmersión de las suyas por la izquierda de Neuer y entre Hummels y Boateng barrieron el balón cuando se avecinaba el gol.

Un hecho accidental corrigió a los germanos. Kramer, sustituto a última hora de Khedira, que se vio indispuesto en el calentamiento, sufrió un trompazo tremendo con Garay, que le noqueó, cabeza con cabeza. El chico quedó grogui y Löw dio carrete a Schürrle, que cubrió el vacío que dejaba Özil en la izquierda y el jugador del Arsenal se desplazó hacia el centro, donde tiene mejor panorámica y deberes menos engorrosos. Argentina ya no tuvo vía libre y Howedes le devolvió el susto de Higuaín con un cabezazo al poste cuando se apagaba el primer acto. Schürrle, además, produjo unos cuantos remates.

Sabella, o quien fuera, movió ficha al descanso y Messi cambió de socio: Agüero, que pasa tiempos de pesadumbre, por el activo Lavezzi. En nada mejoró el equipo sudamericano. Leo dio un paso atrás, con el Pipa —y luego Palacios, su relevo— y el Kun como referentes. Enfrente, Özil se desperezó y Alemania encontró otro recurso. No hubo quien conectara el gancho final, por más que el choque siempre tuvo ida y vuelta, fogonazos por un lado y otro. Estaba Messi, no el de otro planeta, pero estaba. Y eso es mucho. También andaba suelto Müller, ese depredador que caza goles como en un safari. El partido, sin paréntesis para el tedio, tenía curvas, nadie estaba a salvo. Percutía y percutía la exuberante Alemania, que no es de fogueo precisamente. No se arrugaba esta Argentina de corsarios: el reputado Schweinsteiger no deslumbraba a Biglia, ni Enzo Pérez se achicaba ante el acreditado Kroos. El duelo era sofocante, de alto tonelaje, sin tiempos de parpadeo. Con el pulso disparado, ya en la prórroga, cuando los acalambrados se apelotonan, de nuevo Argentina tuvo el cielo a sus pies. Palacio, con ese Goliat de Neuer en sus narices, elevó la pelota sobre el portero. El argentino la crujió con la tibia y el balón se fue en globo hacia la nada. Ahí se desvaneció Argentina, ya con Messi fuera de foco.

Con los penaltis a tiro, Schürrle se aventuró por la izquierda y su centro lo blindó Götze, que fundió a toda Argentina.

Quién sabe si también a Messi, el último gran genio, el niño de Rosario que hasta ayer cumplió con todos y cada uno de sus sueños. Para él no habrá consuelo Mundial. Alemania se lo impidió al ganar como nunca: por su buen fútbol y su imborrable huella en América. Y lo hizo en un Maracaná expresando su malestar a cada imagen de la presidenta Dilma Rousseff.

Artículo completo: 
Etiquetas: 

Facebook comments



Monthly newsletter featuring articles hand picked by our country managers from the best content across PanamericanWorld.



Monthly newsletter featuring articles hand picked by our country managers from the best content across the Caribbean Region on PanamericanWorld.

PANAMERICANWORLD PAISES