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Alejandro González Iñárritu, una leyenda mexicana en los Oscar

Alejandro González Iñárritu, una leyenda mexicana en los Oscar

Publicado por PanamericanWorld el 29 de Febrero del 2016

El mexicano Alejandro González Iñárritu obtuvo su segundo Oscar como mejor director por su película “El Renacido” y reafirmó su posición como uno de los creadores más importantes en el mundo del cine.

Poco importa que sus películas gusten o no a la crítica. Tampoco la saña de ciertos seguidores le hace excesiva mella. En su proceso creativo, Inárritu lucha a diario con un adversario aún más duro: el juez que habita en su interior. “Es un Torquemada”, explicaba Iñárritu durante la filmación de The Revenant, “un tipo al que presentas cualquier caso y te mandará al fuego, un terrorista con el que no hay negociación posible; esa voz interna es la que me lleva a encontrar el concepto primordial de las historias”.

Esa tensión se transmite a los rodajes. Verle filmar, medir los ángulos, trazar el vuelo de la cámara junto a su antiguo amigo Emmanuel Luzbeki (tercer Oscar consecutivo a la mejor fotografía) es asistir a un espectáculo torturado. A orillas del río Bow, en la gran planicie de Calgary (Canadá), durante la filmación de The Revenant, ambos formaban una pareja en constante ebullición. Sin descanso, bajo temperaturas extremas, medían con precisión cada plano, lo discutían, lo reinventaban. Y volvían a empezar. El director, en uno de los descansos, lo explicaba: "Soy muy duro, muy militante, muy exigente. No exijo nada de lo que no doy. Para mí hacer una película es una guerra de tres años y, como un perro, no la suelto. Por eso me da miedo entrar en una película, porque voy a meterme en un proceso en el que me pierdo…”.

Su cinematografía avanza haya o no oxígeno. En ocasiones la escalada puede resultar fatigosa, pero nunca deja de advertirse el tic-tac de su poderosa ambición. “Me gusta invertir emocionalmente en mis películas”, suele decir.

En The Revenant late esa pulsión. Y también la admiración por los grandes clásicos, como Andréi Tarkovsky y Akira Kurosawa. El director mexicano sigue sus huellas. De ahí, por ejemplo, que la odisea del trampero Hugh Glass en 1823 se transmute por momentos en la del explorador ruso Vladímir Arséniev, en Dersú Uzalá, la obra maestra de Kurosawa. Es un ejemplo de los juegos de intertextualidad que tanto gustan a Iñárritu. Hay más en la película y habrá quien los juzgue como imitación. Pero en la deconstrucción que practica el mexicano esto carece de importancia. La huella no se oculta. La pisada se presenta tal y como es, sin subterfugios. Esa transparencia se ha vuelto un rasgo distintivo del segundo Iñárritu.

Abandonados los abusos de sus primeras gramáticas, de 21 gramos (2003) o Babel (2006), el cineasta nada ahora por aguas diáfanas. En Birdman, esa sinceridad se plasmó en largos y arriesgados planos-secuencia, donde nada se podía ocultar; en The Revenant impera una narrativa de cristal. Infinitos paisajes nevados y una historia en línea recta. Con esos elementos, Leonardo DiCaprio, ganador del Oscar como mejor actor, atraviesa, en su lucha por la supervivencia, el corazón de un universo inaugural, de una nación aún por definir.

“Es una historia de crecimiento espiritual a través del dolor físico. Pero también se trata de una película de aventuras, de grandes silencios y espacios. Es una experimentación”, señala Iñárritu. Ese es el reto de The Revenant. Una obra donde el tiempo, al modo clásico, adopta la forma de una cuenta atrás. Contra una naturaleza hostil. Y también contra la muerte. Ese reloj que obsesiona a Iñárritu.

Chile obtuvo su primer Oscar

Spotlight se llevó el premio de mejor película de los Oscar 2016; El renacido puso antes al teatro Dolby en pie consiguiendo algunos de los principales galardones, incluidos el de mejor director para González Iñárritu y mejor actor para Leonardo DiCaprio, Mad Max: Furia en la carretera ganó por puntos, con seis galardones técnicos y Chile obtuvo su primer Oscar, con “Historia de un Oso”, mejor corto animado, dirigido por Gabriel Osorio Vargas y Pato Escala Pierart.

El renacido había llegado a los Oscar como la favorita, con 12 candidaturas, pero solo salió con tres estatuillas. El premio principal se lo quedó el filme de Thomas McCarthy que reconstruye la investigación de The Boston Globe, que destapó el escándalo de decenas de curas pederastas en Boston. Una labor periodística que obtuvo en su momento el Pulitzer y ahora se ve respaldada por el Oscar.

Eso sí, González Iñárritu, obtuvo el premio al mejor director, el segundo consecutivo, que le pone a la par con dos grandes como John Ford y Joseph L. Mankiewicz. Además de ser el tercer Oscar consecutivo para un mexicano (los dos suyos y el de Alfonso Cuarón, en 2013, por Gravity). Como dicen las redes, los Oscar no solo son muy blancos, también son muy hispanos.

Mad Max: Furia en la carretera se impuso en número, un dominio que empezó temprano llevándose uno tras otro todos los premios técnicos. Aspiraba a 10 y casi de una tacada se llevó seis. Ahí fue cuando el oso de El renacido se echó a temblar. Eso sí, el filme de González Iñárritu vivió un respiro más que esperado con la victoria de su amigo y compañero de batalla, el director de fotografía Emmanuel Lubezki. "Compadre. A tu pasión, Alejandro", le dedicó medio en español desde el escenario del teatro Dolby el primer director de fotografía que ha conseguido tres estatuillas seguidas.

Si la victoria de Alicia Vikander como mejor secundaria por La chica danesa, lo mismo que la de Brie Larson como mejor actriz con La habitación, estuvieron dentro de lo esperado, otra de las mayores sorpresas de esta montaña rusa llamada Oscar se la llevó Sylvester Stallone, cuando se quedó sin estatuilla en la que se esperaba que fuera su noche. En su lugar, el Oscar como mejor actor de reparto lo recogió un pletórico Mark Rylance por su trabajo en El puente de los espías. La sala no se puso en pie como se esperaba con Stallone pero Steven Spielberg saltó de su asiento nada más conocer la noticia. "Es un momento maravilloso para ser actor", subrayó Rylance todavía en shock.

Una noche de hispanos incluso en la animación, donde los chilenos Gabriel Osorio Vargas y Pato Escala Pierart, directores de Historia de un oso, consiguieron el Oscar como mejor cortometraje animado y Del revés lo hizo a mejor largometraje, filme de Pete Docter y producido por alguien con abuelo hispano. "De los que cruzó el río", apuntó el productor Jonas Rivera.

Ennio Morricone emuló a DiCaprio poniendo a todos en pie al conseguir el primer Oscar de su carrera por la banda sonora de Los odiosos ocho. Un premio totalmente esperado aunque la sorpresa fue que el maestro italiano nunca había ganado un Oscar con anterioridad. Menos esperada fue la victoria de Sam Smith con el tema de Spectre, cuando a Lady Gaga solo le faltaba haberse quedado en el escenario para recibir la estatuilla.  

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